Opinión
‘Buenos días España’: «Las amenazas de Pablo Iglesias a la derecha recuerdan el asesinato de Calvo Sotelo a manos de sicarios del PSOE»
«Si este fuese un país decente, Pablo Iglesias estaría mendigando monedas en la puerta de un supermercado y no de vicepresidente del Gobierno conduciendo a España a un régimen comunista».
El director de AN, Armando Robles, respondía de esta forma en «Buenos días España» al vicepresidente segundo del Gobierno luego de amenazar con acabar con la derecha por representar la «inmundicia», en un intento de evitar responder sobre su responsabilidad en la gestión de las residencias de mayores, donde han fallecido unos 15.000 ancianos. [SIGUE MÁS ABAJO]
Iglesias evitó hablar de sus responsabilidad y se limitó a afirmar que esta crisis ha «puesto al descubierto la realidad de las residencias de ancianos», que, según sus palabras, «me produce vergüenza que estén en manos de corruptos y fondos buitres», acusando a Vox de ser «antipatriota» de representar a «gente con mucho apellido y poca vergüenza. No son fascistas, son simplemente, parásitos». [SIGUE MÁS ABAJO]
«Cómo puede acusar a otros de parásitos un tipo que nunca le ha dado un palo al agua, que siempre ha vivido del dinero público», remachó Robles en el espacio de Radio Cadena Española conducido y dirigido por Santiago Fontenla.
Respecto a las afirmaciones de Iglesias asegurando que el pueblo español acabaría con la «inmundicia» como hizo en el pasado siglo, Robles fue rotundo: «No, jorobado, no. El pueblo español sí que acabó con la inmundicia ideológica que usted representa. Y le doy una fecha: 1939, cuando los de su calaña huían hasta Francia para eludir la acción de la justicia por sus crímenes».
Robles pidió al PP que no apoye la ampliación del estado de excepción la próxima semana. «Pablo ‘cagapoquito’ Casado aún no se ha enterado que estos no son sus rivales, sino sus enemigos. Si pudieran, le darían matarile, como a José Calvo. De hecho, las amenazas de Pablo Iglesias a la derecha recuerdan el asesinato de Calvo Sotelo a manos de sicarios del PSOE».
Tambien se abordó ampliamente la responsabilidad penal adquirida por el Gobierno por la gestión de la crisis del coronavirus y que ha provocado ya la cifra de cincuenta mil muertos. Todos los detalles, en Radio Cadena Española.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
