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Opinión

El coronel de La Legión Enrique de Vivero denuncia que el Gobierno ha dictado sentencia: «Matamos a los ancianos y ahora los olvidamos»

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Enrique de Vivero, el día de su despedida como jefe del Tercio Gran Capitán I de La Legión, en Melilla, posa en el despacho que ocupó Franco siendo teniente coronel en dicha unidad.
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Enrique de Vivero Fernández*.-La sangría de ancianos muertos ha continuado desde que el día 2 de abril denunciara, en este medio, la situación de los ancianos sin asistencia sanitaria por el COVID, más correctamente llamada gripe china (igual que hubo una llamada gripe española en 1918), ya que cada vez son más los testimonios y los datos que nos llevan a la conclusión de que esta pandemia se originó en un laboratorio en China. Aunque hay muchas personas políticamente correctas que quieren obviar este asunto. [SIGUE MÁS ABAJO]

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En España existen unas 375000 plazas en residencias de mayores, repartidas entre las más de 5400 residencias de la tercera edad.

Trasladan a uno de los fallecidos en una residencia de ancianos.

Estas residencias en su mayoría son privadas, ya que ningún gobierno ha querido apoyar a nuestros mayores y proporcionar lugares dignos para estancia de aquellas personas que ya lo dieron todo en su infancia sufriendo una guerra, posteriormente la postguerra, apoyando la transición y en época de crisis ayudando a sus hijos con sus pobres pensiones, que ahora empiezan a atemorizarnos con ver peligrar el esfuerzo de toda una vida.

Pues a estas personas se les ha negado desde el principio, el derecho a ser atendidos debidamente por la sanidad que han estado pagando durante muchos años. A estas personas el Gobierno las declaró personas sin rentabilidad social y no se debía gastar en ellas ni tiempo ni dinero.

El mayor número de residencias con mayor número de plazas las encontramos en las dos regiones castellanas, con una plaza por cada 1300 personas en Castilla-La Mancha y una plaza por cada 1400 personas en Castilla y León.

La lista de fallecidos no ha reconocido diferencias entre residencias públicas y privadas. Algunas residencias privadas, con excelentes directores, han conseguido no tener fallecimientos, gracias a las normas estrictas implantadas por su dirección.

Son diversas las causas de los fallecimientos. El Gobierno se escuda en la avanzada edad de estas personas, en las patologías previas y en la falta de atención del personal de las residencias.

La verdad es que el personal de las residencias hizo lo mejor que pudo, con los medios a su alcance, en la mayoría de los casos.

Un camión del ejército y un vehículo del Samur a su llegada a una residencia de ancianos

A este personal no se le proporcionó el EPI ni otro tipo de equipamientos. Cuando se desencadenó la pandemia, el Gobierno debería haber prestado especial atención a este grupo de riesgo, proporcionando medios y realizando pruebas para detectar el alcance de la propagación de la epidemia.

 

El Gobierno Sánchez prohibió la venta de EPI,s a las residencias de ancianos, según dijo a La Vanguardia el señor de Miguel Jiménez, director de una cadena de centros de la tercera edad en Madrid , Barcelona y Tarragona.

El Gobierno ha requisado recientemente 2000 test comprados por una multinacional española que se iban a proporcionar a sus empleados.

Las pruebas en las residencias de ancianos debían haber empezado por el personal y cuidadores para separar del trabajo a aquellos que dieran positivo al COVID. Esto no se hizo, ni en las públicas ni en las privadas. Debido a esto, personal cuidador y sanitario, que eran portadores asintomáticos, se convirtieron en el vehículo transmisor dentro de estos centros, involuntariamente y sin posibilidad de saberlo, ya que el Gobierno no los catalogaba como grupo de riesgo.

Este Gobierno nos ha estado engañando y mintiendo desde el principio, cuando el doctor Fernando Simón decía que en España no pasaríamos de algunos casos. El día 7 de marzo, el mismo doctor Simón anunciaba que no era necesario cerrar los centros de día de los mayores y que no había que cambiar la vida social en estos lugares. Había que dar imagen de normalidad ya que el 8M estaba prevista la magna concentración feminista, de la que la vicepresidenta Carmen Calvo dijo que «les iba la vida». En esas fechas teníamos más de 200 fallecidos no reconocidos por el Gobierno, ya que no se habían hecho PCR y no se les autorizó a hacer la autopsia a los servicios forenses.

El Gobierno redactó un protocolo de medidas para trabajadores y personal de residencias. El problema es que en ese protocolo solo hablaba de lavado de manos, de disponer de carteles informativos y de actuar con transparencia, aconsejaba utilizar el EPI para tratar con los residentes contagiados o sospechosos, pero no proporcionaba estos equipos.

Ordenaba reducir al mínimo el número de trabajadores y sanitarios en contacto con los contagiados, es decir, empezar el abandono de los ancianos a su suerte.

En este protocolo a las residencias de mayores, no se hace ninguna observación sobre la realización de PCR,s o de tratamiento, solo el aislamiento en las habitaciones. Se acababa de dictar la sentencia de muerte de nuestros mayores por parte del Gobierno.

Desde mediados de abril el Gobierno no proporciona datos sobre los ancianos fallecidos, con la disculpa de que es distinta la forma de medición en las diferentes comunidades. Con esto el Gobierno está ocultando datos de las personas ancianas fallecidas. Juega con los muertos según sus intereses políticos.

Las cifras son crueles. Hasta el 28 de abril teníamos en España 16500 ancianos fallecidos por coronavirus. Esta cifra es una estimación de un seguimiento que realiza la cadena SER basado en datos de sus estudios. No creo que la cadena SER, que es muy complaciente con el Gobierno, nos esté mintiendo. Las cifras oficiales reconocidas por el Ministerio de Sanidad son de 24.275 fallecidos. El Gobierno no proporciona una cifra de ancianos fallecidos. La diferencia estriba en que el Gobierno solamente reconoce los muertos con COVID confirmado por PCR y no acepta los resultados de los test serológicos o test rápidos. La Comunidad de Madrid y la Generalidad Catalana sí los contabilizan.

Hay más de 55.000 ancianos contagiados de COVID en España, hay regiones de España como Castilla y León, Aragón, Galicia, Extremadura y Navarra, donde los ancianos fallecidos son la mitad del total de los fallecidos en esas regiones.

El problema de estas cifras es que al ser tan elevadas, como dijo el dictador y sanguinario gobernante comunista Stalin «son una estadística». Esta es la visión que tiene el Gobierno Sánchez de nuestros ancianos muertos: una simple estadística.

El Gobierno se comporta de una forma miserable. Todo vale con tal de beneficiar al Gobierno. No quieren que sepamos la cifra real de muertos, no se ha permitido hacer PCR para dictaminar la enfermedad en las residencias y así ocultar el número de fallecidos, no se ha permitido realizar autopsias para conocer el origen del óbito. Todo ello con la única finalidad de ocultar el numero verdadero de muertos, que nadie conoce.

Este Gobierno se ha comportado de una forma rastrera cuando a mediados de abril envió, a través de la dirección del PSOE, una comunicación a los ayuntamientos en los que gobierna para que no se dieran muestras de duelo por las personas fallecidas. El alcalde de Vila Real(Castellón) José Benlloch ha reconocido esta orden y se ha negado a cumplirla.

A los familiares de los fallecidos se les niega hasta lo más elemental, como es poder honrar a sus muertos. Todo sirve para que este Gobierno oculte la realidad. Al no haber muestras de duelo, se ignora a los fallecidos, no existen. Esta es una práctica habitual en los gobiernos de las dictaduras: se censura una noticia, no se da publicidad y eso no existe, en caso de que algo escape a estas indicaciones. Para eso tenemos a NEWTRAL y Maldita, con Ana Pastor y Ferreras como perros guardianes para prestar servicio por el pago de 15 millones de euros que han recibido.

En España hay un total de 18.625.700 de hogares censados en 2019. Sánchez habría hecho un favor a los españoles y a España repartiendo esos 15 millones entre los hogares españoles.

Uno de los últimos engaños y mentiras, a las que nos tiene acostumbrado el Gobierno en este estado de excepción, que no de alarma, es lo de Iván Redondo, el jefe de Gabinete del presidente Sánchez. Este hombre se ha convertido en el Rasputín de la política española.

Iván Redondo proporcionó a la OCDE los datos sobre los test realizados, pero con una particularidad. Como se habían realizado pocas pruebas PCR, incluyó los denominados test rápidos o serológicos . Esos test, que ellos no contabilizan a la hora de identificar a los fallecidos por COVID, en este caso sí convenía tenerlos en cuenta y así aumentar el número de pruebas realizadas, con lo que España quedaba en un honroso octavo puesto en la realización de pruebas . Pero como dice el refranero castellano, «se coge antes a un mentiroso que a un cojo». El diario El Mundo destapó la noticia y el Gobierno del Rasputín Iván tuvo que desdecirse y corregir la cifra, con lo que España quedaba relegada al puesto 17 en la realización de PCR.

Residencia Monte Hermoso (Madrid), donde murieron 19 ancianos por coronavirus

 

 

 

El Gobierno ha anunciado a bombo y platillo que va realizar 60000 PCR para saber el alcance de la pandemia y el grado de contagio. La realidad es que ya llevamos una semana desde la declaración y en Galicia, por ejemplo, los resultados son desalentadores. La cifra de contagiados no llegaría en esa región al 10%, con lo que el rebrote de la pandemia en el otoño o antes, puede ser brutal en el 90% de la población no contagiada, ya que lo que se denomina inmunidad de rebaño no existiría.

Otra posibilidad considerada por el Servicio Gallego de Salud es que los test que se están realizando no tengan la fiabilidad que se dice, ya que se están empleando los test rápidos.

El Gobierno utiliza la crisis en función de sus intereses. Es decir, si los ancianos fallecen en residencias públicas o privadas, si conviene contabilizar los test rápidos o no, si contabilizamos los ancianos muertos en residencia o en hospital. En una palabra todo sirve para minimizar la mala imagen de la gestión del Gobierno en el COVID, aunque de eso ya se está encargando la Guardia Civil. Gracias a su jefe de Estado Mayor nos hemos enterado, pero el general ya ha sido apartado de la imagen pública y no tardará mucho en que sea relevado de su puesto. Nos recuerda lo pronunciado por el cónsul Escipión: «Roma no paga a los traidores», en este caso el Gobierno tampoco a aquellos que le han perjudicado.

El Ejecutivo, en su afán de perseguir bulos y de amenazar con la intervención de la Fiscalía en caso de declaraciones que considere susceptibles de ser un delito, se olvida que además de los millones de españoles que ponen en tela de juicio su actuación, deplorable en todos los aspectos, hace oídos sordos a las opiniones que se plasman en la prensa internacional, prensa por cierto que no es de derechas. No pueden por tanto escudarse en los medios de comunicación ultraderechistas, como vienen haciendo.

El New York Times tituló: «El sistema sanitario español deja morir a los ancianos» y subrayaba la «tragedia en las residencias de una nación que se enorgullece de los cuidados a sus ancianos».

El diario alemán Die Welt ha criticado la acción del Gobierno español por su ineptitud.

Portada digital de «The New York Times» sobre la crisis del coronavirus en España     

        El británico The Guardian señala los errores cometido por el Gobierno Sánchez durante las gestión del COVID.

Tendríamos que preguntarnos por qué el Gobierno recurre tanto a las compras en el exterior, en China en concreto, y no aprovecha las posibilidades de opciones de otros organismos o empresas españolas.

Un ejemplo es la Universidad de Málaga, que ha dado a conocer la posibilidad de realizar, con los equipos de PCR y los test disponibles que tiene, de diez mil a quince mil test diarios; otro ejemplo es el ofrecimiento al Ministerio de Sanidad por parte del Departamento de Biología Molecular de las Facultades de Ciencias del CSIC. No sólo no se han aceptado estas propuestas, sino que se le han confiscado los test.

Estamos a la cabeza mundial en número de fallecidos por millón de habitantes. El Gobierno ha gestionado peor que Portugal y Hungría, dos países teóricamente más atrasados que nosotros.  Se ha sembrado el odio contra los sanitarios, muchos de ellos amenazados por sus vecinos pidiendo el abandono de los domicilios ante la posibilidad de contagio. Esta es la solidaridad que tenemos con nuestros sanitarios, aunque eso sí, por la noche les aplaudimos. Somos un pueblo sin principios, los socio-comunistas nos han atemorizado, han conseguido asustarnos con la propagación de la pandemia.

Somos un pueblo desprovisto de moral y de valores, la doctrina del hedonismo ha calado tan profundamente en nosotros que estamos esperando que el estado nos lo arregle todo, incluso los problemas que ha creado el mismo gobierno que ha logrado convencernos de que nosotros somos los culpables. El caso más claro lo tuvimos el pasado domingo, cuando se liberalizó el paseo de niños sin ningún control policial. Ahora el Gobierno descarga las culpas de los posibles contagios en los insensatos padres que paseaban por la calle.

Este Gobierno es un artista de la manipulación, un buen discípulo de Maquiavelo. Se han apedreado ambulancias y autobuses en las que eran trasladados ancianos de una residencia a otra, desde Alcalá del Valle hasta La Línea, en la provincia de Cádiz. Se han levantado barricadas y contenedores para impedir estos desplazamientos.

Todo este odio entre vecinos contra los mayores, contra nuestros ancianos, contra los abuelos que ya no pueden defenderse porque se les considera material obsoleto y sin rentabilidad, es lo que ha sembrado el Gobierno con su gestión de la crisis.

Después de más de dos meses de atemorizarnos, el Gobierno nos anuncia que, gracias a su maravillosa gestión de la crisis, va a empezar la desescalada, cuando aún son inciertos los parámetros que deben cumplir las provincias.

De lo que se trata ahora es de darnos un caramelo que nos endulce y nos haga olvidar los más de 35.000 muertos en España de los cuales casi 16.000 son ancianos internados en residencias.

La desescalada es un elemento más de propaganda del Gobierno para que nos olvidemos de todas las tropelías cometidas contra nuestros derechos fundamentales, de declarar el estado de excepción bajo la apariencia del estado de alarma, de dar poder absoluto al ministro de Sanidad, medidas todas ellas propias de una dictadura.

Desconocemos el alcance de la pandemia, no sabemos ni de cerca el número de contagiados, el Gobierno ignora el número de fallecidos, no estamos preparados para un rebrote de la pandemia, se ha empezado a despedir personal sanitario contratado con motivo de la crisis, se han desmantelado hospitales que instaló el Ejército…

Estamos ante una muestra de imprevisión y de insensatez de un Gobierno que anda como pollo sin cabeza, para sacar rédito político, ante los sondeos que le anuncian una caída de popularidad.

No tenemos que aplaudir a nuestros sanitarios, tenemos que exigir al Gobierno que les proporcione los EPI,s y los medios necesarios para combatir con seguridad esta peste del siglo XXI.

Tenemos que exigir a este Gobierno que deje de engañarnos. Con el anuncio del plan de desescalada ya estamos pensando en salir a la calle, en ir a los bares, en hacer ejercicio. ¡Qué pronto nos olvidamos de nuestros abuelos fallecidos!

Es hora de exigir al Gobierno que diga la verdad acerca de las cifras de fallecidos, que diga la verdad acerca de la compra del material sanitario, que diga la verdad acerca del ilegal estado de alarma decretado.

Hace falta una Comisión de la Verdad, no esa patraña que ha aceptado el partido Popular, dando una vez más muestra de su debilidad moral.

Pero lo más importante, conservemos la memoria para las próximas elecciones, recordemos el gran daño que nos ha ocasionado este Gobierno socio-comunista. Nos ha privado de los derechos fundamentales proclamados en nuestra Constitución en el artículo 18, de libertad religiosa y de culto, de libertad de expresión, ha impuesto la censura en las redes sociales, ha proclamado un estado de excepción fraudulento a todas luces, que ya ha sido llevado ante los tribunales.

No tuvieron previsión de lo que debían hacer. Mintieron y engañaron en cuanto al alcance y gravedad de la pandemia, mintieron y siguen mintiendo en las cifras de contagiados y fallecidos.

Han sido unos ineptos en la gestión de la compra del material en el mejor de los casos, si es que no se averigua en el futuro los acuerdos secretos con el broker chino Hangzhou Ruining Trading al que han vuelto a encargar otra compra por valor de de 31 millones de euros, para tres millones de EPI,s.

Este intermediario fue el que proporcionó los test que no tenían la suficiente fiabilidad. Premiamos su falta de fiabilidad con esta compra y con otras que alcanzan hasta 115 millones de euros facturados. Habrá que pensar que hay algo oculto y que tampoco nos quieren decir. Estas compras las efectúa la plataforma de contratación del Ministerio de Hacienda a través del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), y se han realizado por el procedimiento de urgencia.

Como dijo Marco Tulio Cicerón: «Quién olvida su historia está condenado a repetirla».

* Enrique de Vivero Fernández fue coronel jefe del Tercio Gran Capitán I de La Legión, con base en Melilla.


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Opinión

La Cruz de Aguilar de la Frontera (Córdoba). Por el General de División Juan Chicharro

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En junio del año 2018 escribí un artículo titulado “ la Cruz” . Los sucesos acaecidos ayer en Aguilar de la Frontera me han llevado a releer el citado artículo. Hoy, reedito aquellas líneas sin más modificación que la relacionada con este último ultraje.

LA CRUZ

 Hace 17 años la milicia ultraortodoxa islámica afgana talibán destruyó dos colosales esculturas de Buda esculpidas en roca, entre los siglos III y IV, en la provincia central de Bamiyán. Una barbaridad desde todos los puntos de vista.

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En occidente contemplamos entonces aquella “proeza” con el mismo  estupor con el que observábamos, también, sus crueles asesinatos y torturas  a quienes no profesaban sus ideas radicales. La verdad es que no sé porque aquí nos extrañamos tanto pues en España hace 80 años sucedió algo parecido cuando la caza de religiosos y seglares católicos fue el deporte preferido de comunistas, socialistas y anarquistas  en la España roja. Miles de españoles, seglares y religiosos fueron simplemente asesinados por sus creencias.

Han pasado 17 años de aquella salvajada de los talibanes y, hoy,  asisto atónito, y con gran dolor,  a un continuo espectáculo en el que estamos viendo como una tras otra se derriban cruces en los pueblos de España. Son, o mejor dicho eran, cruces en las que figuran o figuraban los nombres de hombres y mujeres asesinados en la contienda civil española de hace 80 años. Y en muchos casos, todo hay que decirlo, la tropelía la  propician descendientes de quienes les asesinaron. En los pequeños pueblos se sabe todo. Las cruces se derriban con un odio desatado cuando no inexplicable; y además al amparo de una Ley de Memoria Histórica en la que por cierto no se dice nada de derribar o destruir cruces. La citada Ley sólo habla de la retirada de insignias, placas, escudos y otros objetos que ensalcen la sublevación militar de 1936. ¿ Desde cuando los nombres de unas personas asesinadas y una Cruz ensalzan sublevación alguna ? Curiosa manera la de algunos jueces de interpretar las leyes.

Lo vimos en el pueblo castellonense de Vall d,Uxo, en Callosa de Segura y ayer en Aguilar de la Frontera. Da igual el hecho de que incluso se hayan retirados los nombres de los asesinados. Sí, da igual. Lo que de verdad pretenden es ir directamente contra la Cruz, símbolo cristiano por excelencia. La Cruz es el símbolo del misterio cristiano redentor, pues en la Cruz quiso libremente morir Jesús.

Observar como una máquina  tritura con saña una Cruz o como se descuelga otra como si fuera un ahorcado produce esperpento y sorpresa, hecho llevado a cabo, además, ante el regocijo de unos miserables que aplaudían entusiasmados la gloriosa acción ; protegidos además por Fuerzas de seguridad del Estado. Me pregunto que sentirían estos guardias y policías que supuestamente rezan a la Virgen del Pilar o al Sto Angel Custodio protegiendo a estos miserables mientras se profana lo más sagrado de la religión cristiana ante sus narices.

La situación desde luego es esperpéntica.

Nos encontramos ante unos hechos de destrucción que constituyen otros tantos gestos de autoafirmación, en los que previamente se ha proyectado sobre el ‘otro’ todas las frustraciones sociales, económicas e individuales. Tocamos así el fondo del integrismo marxista. Hechos que no son otra cosa que la obra de regímenes que, como en este caso, compensan con la vocación punitiva su propia debilidad política. La violencia desplegada frente al credo cristiano, o contra el adversario interior, es vista como un recurso imprescindible para alcanzar la vocación hegemónica de la teoría marxista  que es la que está detrás de todos estos actos. Algo nada difícil de alcanzar en una España desestructurada moralmente que asiste impávida ante estas barbaridades como si la cosa no fuera con ella. Aquí cabe preguntarse donde está la opinión de la propia Iglesia católica española representada por la propia Conferencia Episcopal, que calla, o la de una parte de la propia jerarquía eclesiástica, que se cuelga lazos amarillos, pero que ante la destrucción de las cruces mira para otra lado. Va a ser verdad lo que le oí decir recientemente a Elvira Roca Barea de que la Iglesia católica española está en proceso de autodestrucción.

Y cuando hablo de talibanes hispánicos – es lo que son – el lector podría pensar que me refiero a grupos radicales minoritarios, más no es esa la realidad, toda vez que el partido impulsor de estos desmanes no es otro que el PSOE,  propiciador de la LMH en el 2007, y hoy con su proyecto de ley de Memoria Democrática ahondando  en su ataque directo contra las cruces ante la que se acogen por su simbolismo quienes cayeron en su día por Dios y por España.  Si no lo ven así, lean lo que exponen : “La Iglesia Católica será requerida para la retirada de simbología de exaltación de la Guerra Civil Española en templos y cementerios, cruces de los caídos, o cualquier otro lugar de propiedad eclesiástica. En el caso de que la Iglesia no cumpliera el requerimiento que se le haga en el plazo de seis meses desde su notificación será obligación del Ayuntamiento la retirada de dicha simbología, a costa de aquélla”.

¿Cabe mayor odio o sectarismo totalitario?

Y si hablamos de cruces, en el fondo nos encontramos con la monumental Cruz que domina el valle de Cuelgamuros y que es objetivo final de toda esta tropelía porque, ¿qué diferencia a esta en su simbolismo de las más humildes de Callosa, de Agular de la Frontera o de Vall d,Uxo? Nada. Ambas son la expresión máxima del amor fraterno. Diferentes tamaños pero en el fondo es lo mismo. Y bien lo sabemos si leemos a Carrillo, Anasagasti, Rufián , Sinde y un  sinfín más de abyectos personajes llenos de odio y sectarismo cuando han dicho claro que era necesario dinamitar el Valle.

La España que se forjó en la lucha contra el Islam y que conquistó y colonizó un nuevo mundo con la Cruz en una mano se encuentra enferma y a merced de doctrinas totalitarias que dominan los medios y se ha adueñado de la calle.

Sí, una calle dominada por talibanes salvajes que es lo que son y punto.

¿ Habrá alguien en España que empiece a darse cuenta de la ofensiva marxista en todo su esplendor que pretende destrozar las esencias de nuestra Patria?

¿ Habrá alguien en España que empiece a darse cuenta de que nos encontramos ante una ofensiva contra nuestra libertad de pensamiento y creencias cuando vemos derribarse cruces con la saña con que lo vemos?

Me temo con pesar que pocos son los que ven este peligro y simplemente sucede que como dicen los jóvenes en su argot particular: una gran mayoría de la sociedad española pasa de todo. Simplemente les da igual .


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Ante la amenaza a la libertad. Por Santiago ABASCAL, Presidente de VOX

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En las últimas semanas se ha puesto de manifiesto lo que venimos denunciando de manera reiterada en la tribuna del Congreso de los Diputados, en el Parlamento Europeo y en todos aquellos espacios públicos en los que hemos tenido oportunidad. Aún así, nos ha sorprendido la prepotencia e impunidad con la que las grandes corporaciones tecnológicas han censurado al presidente de Estados Unidos. Han llegado a eliminar un vídeo en el que Donald Trump condenaba la violencia y hacía un llamamiento a la paz y a la convivencia. Este hecho supone una grave vulneración de la libertad de expresión, un ataque inaudito a los derechos fundamentales y al concepto de libertad de las democracias occidentales.

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No podemos permitir que las corporaciones se crean que están por encima de nuestra soberanía o de nuestra legislación

Si el presidente de la primera potencia del mundo es censurado por Twitter, Facebook, Amazon, YouTube, Google o Apple, ¿qué no le harán a un español de a pie o a cualquier ciudadano de otra nación? La situación es tan grave, que incluso Angela Merkel, que no ha simpatizado nunca con Trump, transmitió su preocupación por un acto que atenta contra la propia soberanía de las naciones. Pero no ha sido la única. También ha sido críticos con la red social Thierry Breton, comisario europeo de Mercado Interior, y Bruno Le Maire, ministro de Economía de la República Francesa, quien ha llegado a afirmar que la regulación de las corporaciones digitales “no puede ser realizada por la propia oligarquía digital”.

Y no le falta razón a ninguno en sus denuncias, porque lo que está en juego trasciende los colores políticos o las ideologías. No podemos permitir que las corporaciones se crean que están por encima de nuestra soberanía o de nuestra legislación. Menos aún que actúen como empresas editoras, porque no lo son ni querrían nunca regirse por la fiscalidad que padecen las editoras. Porque sobre este tema, la fiscalidad de este tipo de multinacionales, habrá que hablar en profundidad en otro momento. Su principal capital son los datos de sus usuarios, de la información que obtienen de ellos y con la que comercian. Deben entender que esos usuarios son ciudadanos con derechos y libertades, y que tienen gobiernos que tienen la obligación de defender esos derechos y esas libertades. Debemos afrontar sin demora la protección de la soberanía personal de los datos y de la soberanía nacional de los datos. Los gobiernos y los organismos internacionales democráticos tienen el deber ineludible de velar por los derechos fundamentales de las personas. Y entre ellas la libertad de expresión.

Esta censura es (…) más escandalosa cuando se permiten las directrices y soflamas de tiranos y partidos totalitarios condenados

Debemos, por tanto, exigir a las grandes corporaciones digitales la absoluta neutralidad tecnológica. Hacer lo contrario es como poner en manos de las empresas armamentísticas la potestad de declarar las guerras. No podemos permitir que se comporten como censores globales pisoteando la soberanía de nuestras naciones. Internet, que nació como un nuevo ámbito de libertad y una alternativa a los medios tradicionales, no puede convertirse en un espacio uniforme donde no tiene cabida la discrepancia ni el derecho a disentir. Esta censura es más grave aún cuando se aplica a gobernantes elegidos democráticamente, y más escandalosa cuando se permiten las directrices y soflamas de tiranos y partidos totalitarios condenados en innumerables ocasiones por la comunidad internacional como es el caso de los líderes o gobiernos de Irán, China, Venezuela o Cuba.

VOX planteará (…) iniciativas para revertir los abusos del oligopolio tecnológico

Nuestras constituciones, nuestros derechos y nuestros jueces no pueden someterse al dictado de media docena de multimillonarios a los que nadie ha elegido. ¿Para qué somos convocados a las urnas si hay unas corporaciones que actúan como legisladoras de nuestras vidas y de nuestro pensamiento? Nos jugamos la libertad y la democracia. Nos jugamos nuestra soberanía. Las naciones que han construido con éxito estados de derecho, que amparan los derechos y libertades de los ciudadanos, deben actuar con urgencia y contundencia ante esta nueva amenaza. VOX planteará en todos los organismos donde los ciudadanos le han dado representación iniciativas para revertir los abusos del oligopolio tecnológico.


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El adoctrinamiento de la juventud. Por el Teniente Coronel Enrique Area Sacristán

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Doctrina es… «lo que se enseña y, por generalización, lo que se afirma es verdadero en materia teológica, filosófica o científica». El DRAE indica que, entre doctrina, doctrinar y adoctrinar sólo existe la diferencia circunstancial de la conversión de un sustantivo a verbo; es decir, el compendio de conocimientos en la acción de trasmitir o enseñar esos conocimientos.

Si lingüísticamente el DRAE nos proporciona unas definiciones claras de los tres conceptos, esta claridad no se da en el ámbito sicológico y sociológico por las connotaciones negativas que ha adquirido la palabra «adoctrinamiento» cuyo significado popular dista mucho de estas definiciones. Se asocia, en estas disciplinas, dicho vocablo, con las acciones tendentes a influir en los pensamientos socio-políticos y religiosos de las gentes, convirtiéndose en una técnica de modificación de las ideas y opiniones opuesta al librepensamiento y a la formación integral de las personas.

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Según Brown, en relación con el proceso y objeto psicológico de «adoctrinamiento», la gente es mucho más variable de lo que se acostumbraba a suponer, los límites de la personalidad están mucho más vagamente definidos, y puede incluso suceder que ciertos procesos patológicos como una enfermedad orgánica del cerebro o la demencia de la esquizofrenia provoquen la casi total desintegración de la personalidad, de la misma manera que el radio se transforma paulatinamente en plomo.

Sin embargo, Shikry Gama afirma que, el arma del fonetista de la libertad es la doctrina y el arma del fonetista de la opresión es el adoctrinamiento. La guerra física entre los seres humanos fue siempre consecuencia de la pugna entre los idearios del bien común propio de los Ejércitos Nacionales y las seducciones idealistas del mal opresor.

     El triunfo por las armas, continua este autor, somete, pero no libera de adversidades al vencedor ni al vencido. Las complejas repercusiones económicas y sociales hacen cada vez más difícil la solución de los conflictos. Por eso la palabra y las ideas son manipuladas -por los vencedores y vencidos- como una espada de doble filo que obnubila el entendimiento y sojuzga a los pueblos incruentamente. En la sociedad del presente, el adoctrinamiento ha sustituido a la espada del opresor.

La sintaxis nos revela cómo se han conformado las palabras y los conceptos, y nos permite especialmente descubrir las reglas gramaticales que han permitido introducir distorsiones conceptuales para confundir el discernimiento ideológico sobre lo que es cierto y falso en el acervo que hemos heredado de ese oscurantismo espiritual y cultural de nuestro pasado.

Es evidente que los fonetistas, continua, para diferenciar lo que era cierto de lo que era falso, tuvieron que hacer uso de otro vocablo que indicara lo contrario de lo que era cierto; es decir, lo que era falso.

En español el «a» de «a doctrinar», deriva de «ad», que en el latín como en el español es una preposición que denota el complemento de la acción del verbo. Es posible que la conformación del vocablo «ad doctrinar» tuviera por finalidad señalar la acción de «doctrinar», puesto que ésta indicaba la acción de transmitir el conocimiento de una doctrina; sin embargo, en la sicología ésta se entiende como una consecuencia complementaria del conocimiento que tenían de alienus y alienare, que significaba que una persona que tenía una idea equivocada de una verdad, era «ajena» a la verdad misma, y a su vez que esa idea ajena a la verdad, podía ser transmitida y por ofuscamiento, admitida como cierta por otros. La transmisión consciente de ideas ajenas a la verdad con la finalidad de obtener un beneficio sociopolítico o sectario es lo que en los Países totalitarios, especialmente comunistas, y grupos fanáticos e intransigentes se ha denominado «adoctrinar».

El sentido común del vocablo «adoctrinar», indica precisamente el proceso de transmitir, de prefabricar la ofuscación del intelecto, sea a través de sofismas filosóficos y políticos, o por los medios de comunicación informativos y educativos, artísticos o comerciales. En la lucha por la independencia de los pueblos el opresor influirá, predominará y seducirá a los vencidos comercial y culturalmente; es decir, «adoctrinadoramente».

La certidumbre y conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma el entendimiento se constituyen en una doctrina, y ciertamente es admirable que los antiguos supieran distinguir con certeza las contradicciones del entendimiento, calificándolos y clasificándolos como ciertos y falsos. Es aquí donde doctrinar adquiere un sentido rector y concordante con la metafísica de la fonética.

El adoctrinamiento se originó en el orden religioso pero, la denuncia airada y repulsiva de la conciencia liberadora, se manifiesta más en el campo socioeconómico y político, porque éstas conforman en su conjunto, la identidad cívica de los pueblos.

Creemos que el vocablo «adoctrinar» expresa con más claridad que ninguna otra, el fenómeno del ofuscamiento intelectual. Evitemos el concepto de alienación, porque su uso se revierte como arma de doble filo en los recursos artificiosos del poder ideológico y en un instrumento de mayor adoctrinamiento, si va acompañada de su corrupta homóloga: concientización.

Todo conocimiento se obtiene con el uso de nuestros sentidos e inteligencia y con el análisis y la síntesis que valoramos entre el sujeto y el objeto de nuestro interés. El conocimiento es la suma del saber, más la experimentación de aquello que se propone como verdadero.

El sujeto, espíritu humano, considerado en oposición al mundo externo, en cualquiera de las relaciones de sensibilidad o de conocimiento, en el ámbito de su patrón psicológico y cultura, observará siempre el mundo externo «del color de su lente ideológico».

Hay ciertamente dos clases de conocimientos:  el intuido por el espíritu (generalmente en materias teológicas, en sus abstracciones místicas o subjetivas), y el conocido y reconocido por la relación analítica sujeto-objeto: el racional.

Es cierto, asimismo, que aún en el conocimiento adquirido entre el sujeto y el objeto, cabe plantear la cuestión de saber si es verdadero, pues esta imposibilidad de dudar puede ser condicionada por su estado mental y por el lenguaje usual que no distingue lo razonable de lo que parece real, sin serlo realmente. Estas contradicciones del conocimiento determinaron -a través de los tiempos- que los valores del conocimiento se derivasen en objetivos y subjetivos; en concretos y abstractos; en reales e ideales, y en relativos y absolutos.

No es fácil distinguir el significado del vocablo verdad. A través de los tiempos se han concebido diferentes distinciones de verdad. Para los griegos, verdad era no solamente la realidad, en oposición a la irrealidad, sino también propiedad; es decir, la verdad como propiedad. «Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero» dijo Aristóteles (Met.,7, 1011 b 26-8), precisando lo que ya había dicho Platón (Crat.,385 B; Soph, 240 D-241 A, 263). La concepción semántica de la verdad determina que un enunciado es verdadero si hay correspondencia entre lo que se dice y aquello sobre lo cual se habla.

La verdad (emunah) de los hebreos, se relaciona con la seguridad, mejor dicho, con la confianza. Para el hebreo, lo verdadero es, pues, lo que es fiel, lo que cumple o cumplirá su promesa. Por eso, para los hebreos y cristianos, Dios es lo único verdadero.

Mientras para los hebreos la verdad es la voluntad fiel a la promesa, para los griegos la verdad es el descubrimiento de lo que la cosa es. No cabe dudas de que el único que nos da confianza de que cumplirá su promesa es Dios, pero, creer y tener fe en que es verdad que Dios cumplirá sus promesas no nos hace depositarios de la verdad.

El problema que confrontamos quienes tenemos que discernir sobre la verdad, no se relaciona con los atributos de Dios, sino con la incertidumbre de saber si podemos o no podemos confiar en las promesas del ser humano. Ciertamente, si Dios es lo único verdadero; es decir, si Dios es el único que cumplirá sus promesas, es insensato confiar en las promesas del ser humano.

En virtud del entendimiento humano, la verdad es la certidumbre de un suceso comprobado. En la esencia de la naturaleza, no hay nada que no coexista como verdad. La verdad más fácil de comprobar es el engaño de nuestras facultades sensoriales y la distorsión y confusión del contexto de lo real con lo ilusorio de la virtualidad. La única verdad absoluta es la suma de la diversidad de verdades relativas.

Inclusive, cabe dudar de lo que parece razonable a un grupo de individuos, especialmente si tienen el mismo patrón mental y cultural. Lógicamente, hay también evidencias que se constituyen en universales porque son efectivamente aceptadas como tales por sujetos de mentalidad totalmente opuestas y de pluralidad de criterios.

En consecuencia, un conocimiento es evidente cuando concuerda con las observaciones opuestas y contradictorias de la naturaleza mental del ser humano. La dualidad de los valores determina -asimismo- que la apreciación del intelecto se polarice con suma facilidad, con sutiles y subrepticios artificios pensantes, derivando en empatías y antipatías, concordantes y compatibles con la mentalidad del observador.

Es posible que las diferencias constitutivas y funcionales del ser humano (factores psicológicos, genes y fenotipos hereditarios, culturales y medio ambientales) presionaran sobre el intelecto y sobre los valores, como reflejo incuestionable de la dualidad oponente de la naturaleza creadora, derivando en una paralela y contradictoria volición mental.

La volición por el conocimiento y la libertad surge en el humano por el deseo de conocer la naturaleza misma de las diferencias de los valores y de los seres; y la volición por el anhelo de igualdad de derechos, por el deseo de superar las aparentes injusticias de la existencia. La igualdad sólo es posible entre personas con los mismos conocimientos, capacidades, aptitudes, virtudes y talentos.

Por las características complejas e intrincadas de la mentalidad del ser humano, toda concepción doctrinal abarcó en uno u otro grado, tanto el orden teológico como político, y, consecuentemente, movido por el interés de liberar a los suyos, al mismo tiempo que someter y oprimir a sus adversarios.

Esta actitud inevitablemente derivó en una pugna proselitista, que toda estructura socio ideológica exige y necesita para la realización de sus metas; pretendiendo en su exaltación misional universalizarse, incluso ignorando el condicionamiento limitativo de la acción benefactora que la dualidad y pluralidad  establece, porque para beneficiar a unos hay -siempre- que perjudicar a otros, desviándose y dimanando en el atropello del derecho ideológico opuesto, por la natural proclividad de los intereses y pasiones.

Este proceso inevitable fue el que Hegel quiso expresar cuando dijo «La naturaleza y todo lo comprendido en el espacio-tiempo es tan sólo exteriorización y auto-alienación de la idea, y este proceso cósmico ideal se realiza con necesidad dialéctica que obedece a la astucia de la idea», derivando en el tan funesto uso explicativo del fenómeno con el vocablo alienación.

La credulidad y el conformismo de las personas y de los pueblos son permanentemente avasallados por el adoctrinamiento de las demagogias de turno. La libertad sólo será posible cuando las personas y los pueblos aprendan a discernir y dudar de la seducción de las demagogias y tiranías del mundo.

Los partidos políticos pugnan por llegar al poder y obtener la máxima autonomía en el parlamento para detentar el poder y prefabricar el sistema educativo que habrá de transformar en sonámbulos intelectuales a las infantiles e ingenuas generaciones.

La alfabetización, sin la conformación de valores morales y éticos (Conformética) y sin el complemento de una instrucción racionalista capaz de hacer comprender -con claridad, concisión y sencillez- las consecuencias que ocasionará cada proposición ideo-política y cada maquinación de los partidarios en pugna por el poder, es una alfabetización e instrucción incompleta que sólo servirá para incrementar un mayor número de ciudadanos que serán fácil víctimas del demagógico adoctrinamiento.

Los padres de familia enceguecidos por la acomodaticia gratuidad de la enseñanza, muchas veces, sin más alegría que el goce disoluto que podrán  experimentar por la economía del presupuesto escolar de sus hijos, entregan la vida, la conciencia y el futuro de los suyos al sistema educativo imperante, sin comprender que esa gratuidad es manipulada con fines proselitistas, y por lo tanto no es más que una artimaña para programar el adoctrinamiento de sus hijos, que más tarde sólo servirán como mercenarios de los intereses partidistas.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos recomienda: «Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concordante a la educación elemental y fundamental. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento de los derechos humanos y a la libertad fundamental» y «Los padres tendrán el derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos». Por lo tanto, el Estado puede y debe supervisar el cumplimiento de los programas educativos de la Educación Pública. Pero la Declaración Universal nunca recomendó que el Estado detentara el control de los fines educativos; por el contrario, enfatizó que «Los padres tendrán el derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos».

Las contribuciones tributarias de los ciudadanos financian, sostienen y mantienen al Estado y a los partidos y partidarios políticos; por lo tanto, la ciudadanía, constituida por los padres de la familia nacional, los contribuyentes, tienen el derecho de exigir e imponer a sus servidores públicos, desde el presidente a sus ministros, de Directores Regionales a docentes, el tipo de obligaciones que crean necesarios para asegurar la calidad de la instrucción y la libertad ideológica de sus hijos.

El Estado y los gobiernos tienen la obligación de otorgar las partidas presupuestales que la educación de la ciudadanía requiere. No por una generosidad del Estado, sino por el deber de corresponder a la contribución tributaria del Estado Pueblo. El cumplimiento de este deber no conlleva la enajenación de la libertad ideológica porque éste es un derecho inalienable de la ciudadanía. Los padres de familia deben ser los únicos que tienen el derecho indiscutible de decidir el tipo de educación que desean para sus hijos.

Es imprescindible que se comprenda que sólo los gobiernos tiránicos, antidemocráticos, recurren al adoctrinamiento para ocultar o distorsionar el cumplimiento de los derechos fundamentales del ser humano. Sólo cuando los padres de familia fiscalicen que «La educación tenga por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento de los derechos humanos y de la libertad fundamental», sólo entonces, nuestra sociedad podrá liberarse del espectro de las demagogias adoctrinadoras, de la opresión y de todas las formas de corrupción.

Para lograr esta libertad fundamental, la ciudadanía y los dirigentes probos, deben poner diligencia, atención y recelo para que la educación no esté bajo el control de la política de los gobiernos de turno, salvo en aquellas actividades, concedidas por el pueblo por plebiscitos, sobre materias, ciencias o tecnologías que sean necesarias para el fortalecimiento de la conciencia cívica, para el incremento de la productividad de todos los ciudadanos, sin distingos de credos ni de razas, para fortalecer las diligencias conducentes al logro de las aspiraciones del pueblo.

No es concediendo el derecho de ciudadanía a los analfabetas lo que liberará de la esclavitud, de la pobreza y del subdesarrollo de nuestros pueblos. Si la alfabetización no capacita para saber leer y escribir con discernimiento -distinguiendo y diferenciando lo cierto de lo falso; la realidad de la irrealidad de las ideas y nociones que se proponen; lo que son los idearios, discordando y repudiando los funestos idealismos- lo único que se habrá logrado es convertir a los analfabetas en alfabetas, que fácilmente han venido siendo adoctrinados, porque letrear  palabras sin comprender ni entender el significado de las mismas, no es más que una astucia demagógica de las tiranías de turno.

La disciplina del conocimiento filosófico se inicia -precisamente- en la duda. Quien no duda de una apreciación que se proponga, nunca podrá discernir y desentrañar la verdad dual y oponente que conlleva absolutamente todo cuanto existe en la relatividad de los valores cognitivos. Es decir, las doctrinas filosóficas en oposición a las religiosas y políticas -que se sustentan en el dogmatismo de sus principios sin aceptar la realidad dual ni la crítica- se estructuraron sobre bases que constantemente fueron y son sometidas a la crítica, y que sólo en muy contadas veces concluyen en valores absolutos, porque justamente se comprueba la relatividad y diversidad de todos los principios y conocimientos.

Los pueblos subdesarrollados sienten la necesidad de compartir  con los pueblos más avanzados los mismos derechos, privilegios y oportunidades que la modernidad ofrece a los pueblos del presente. Sin embargo, hay en ese noble y sublime ideario, una infausta circunstancia que obstaculiza el logro de las aspiraciones sociales, y es que, para incorporarse a esos beneficios hay que estar en igualdad de condiciones y capacidades cognitivas.

No es posible conquistar una meta sin estar capacitados para el éxito. Nuestras aspiraciones sociales son justas, pero primero debemos prepararnos ampliamente en todo aquello que necesitamos conocer y practicar para poder intentar la realización de nuestras aspiraciones.

La capacitación para aspirar al éxito exige el ejercicio pleno de los derechos humanos. Es indispensable que todos los individuos participen por igual, como los derechos humanos lo exigen: ..»todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros»…»La Ley debe ser la misma para todos sea que proteja, sea que castigue, siendo todos los ciudadanos iguales a sus ojos son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad y sin otra distinción que la de sus virtudes y talentos..-«

Se ha adoctrinado a las gentes, haciéndoles creer que la Declaración de los Derechos Universales por sí misma, ha concedido de facto, la igualdad de los seres humanos, y esto, ha generado sentimientos de inconformismo de quienes no poseen las mismas capacidades virtudes y talentos. Este inconformismo ha desencadenado el resentimiento social, la usurpación y la violación de los derechos de quienes sí tienen las virtudes y talentos para ejercer la igualdad de tales derechos.

¿Has cumplido con tus deberes? Entonces tienes derechos, porque los derechos son hijos del deber cumplido. El que no demuestra con el ejemplo las virtudes y talentos que pregona no merece ni tiene los derechos de la igualdad que reclama. Todo derecho individual termina donde empieza el derecho del semejante.

La igualdad no es posible ejercitarla bajo el imperio del libertinaje y la corrupción de los deseos, porque el resentimiento y la venganza de los desfavorecidos siempre despertará la codicia y la usurpación del bien ajeno.

Todos nacemos con la igualdad de los instintos irracionales. El entendimiento y la capacidad de resolución hace que un ser sea diferente de sus congéneres. No todos tenemos el mismo entendimiento ni la misma capacidad de resolución. Sólo en la medida en que el ser aprenda a razonar se hará racional, es decir, se convertirá en el ser humano que todos aspiramos llegar a ser.

Sólo la capacidad de razonar con entendimiento nos permitirá poseer la igualdad de virtudes, talentos y aptitudes. No es lo mismo tener igualdad de los instintos, que la igualdad de las virtudes, talentos y aptitudes. La igualdad entre las gentes de bien es diferente que la igualdad entre las gentes de mal.

La ofuscación enajena el entendimiento de aquellos que creen que siendo gentes de malas costumbres pueden -por reclamar la igualdad de los derechos- ser iguales que las gentes de buenas costumbres. La carencia de entendimiento hace que las gentes de malas costumbres quieran gozar del logro de las gentes de buenas costumbres.

La negligencia y la pereza conducen a la pobreza, como la diligencia y la laboriosidad conducen a la riqueza. Seamos diligentes y laboriosos si no queremos ser pobres o, seamos negligentes y perezosos si no queremos riquezas. La desigualdad de los seres humanos deviene de ser diligentes y laboriosos para no ser negligentes y perezosos.

Ciertamente, existen gentes de mal que son diligentes y laboriosos en sus criminosas actividades, pero estas gentes, aún cuando tengan éxito en sus mal habidas riquezas, nunca serán iguales a las gentes de bien, porque mientras las gentes de bien tienen el derecho de la protección de la justicia y de las fuerzas del orden, las gentes de mal carecen del amparo de los derechos universales, porque sus actividades violan el orden y el derecho universal.

Es indispensable aprehender todo lo que es necesario conocer para discernir bien, porque la igualdad de los derechos nunca será consecuencia del azar o de la criminalidad, sino del esfuerzo, de las virtudes y talentos y de los méritos del estudio y del dominio y conocimiento del idioma que se utiliza para la interacción social.

Si nuestra humildad nos permitiese dudar de nuestro radicalismo técnico, y concediésemos aceptación al criterio de que efectivamente el verbo le fue dado al ser humano por Dios, y de que, ciertamente, nuestra expresión fonética es un desdoblamiento  permanente de los contraconceptos de la expresión fónica universal, ¿acaso no sería correcto aceptar y concebir que la Providencia Creadora nos ha legado en la fonética, las raíces duales que se constituyen en antinómicas que, con el correr del tiempo y la acumulación de conocimientos, pudiésemos usar esa arcana dualidad para fijar conceptos que nos permitiesen comprender la diversidad y la oponencia de la naturaleza, y la polarización de todos los valores pensantes del ser humano?

El adoctrinamiento ha venido haciendo uso perverso de la tecnología de la virtualidad, haciendo creer a las gentes candorosas que las ficciones que se producen para la televisión, el cine, los juegos de video y las video grabaciones son realidades auténticas. La realidad virtual es causa de enajenación de los sentidos y del entendimiento.

Sólo una evaluación des-alienada de los conocimientos, hábitos y costumbres de nuestras tradiciones religiosas, culturales y políticas podrá dilucidar la verdad de lo que es o no «ADOCTRINAR».

Existen dos grupos de valores bien definidos: uno, el de las realidades manifestadas continuamente; y otro, el de los ideales, que hipotéticamente permitiría la justicia, la libertad y la igualdad de los derechos y valores entre los humanos.

Si en el nivel religioso el dogma es el conocimiento no demostrado que lleva al adoctrinamiento; en las ideologías socio-políticas son las promesas de conquista de los ideales las que permiten el adoctrinamiento.

Por supuesto que siendo todo tan relativo, es temerario juzgar y determinar a priori cuándo se está adoctrinando y cuándo no. Mas si se tiene en cuenta que la mayoría de las doctrinas son combinaciones de ocurrencias y de idealismos. Queda a consideración de los interesados definir cuál es la doctrina que debe rechazarse y cuál la que debe aceptarse, pues existe multitud de ellas que expresan sus hipó tesis como tema de análisis obligatorio y de crítica constructiva que permite ser estudiada prudente y esclarecedoramente.

Una doctrina empieza a adoctrinar cuando cae en el proselitismo. Cuando se coacta el libre albedrío y la libertad del pensamiento. Cuando se atrae la militancia con subvenciones o con donativos. Cuando los prosélitos son atraídos con falsas promesas o a cambio de prebendas. Cuando se sorprende a personas sin discernimiento cultural que le permita evaluar con madurez dialéctica los ideales con que lo seducen. Cuando sin tener edad para razonar con sensatez, se conquista a los ingenuos de corazón, o, como cuando se presiona la militancia con amenaza de desgracias sin fin que tendrá que sufrir esa persona fuera de esa doctrina.

El Adoctrinamiento es el artificio con el que el gran estafador ha venido seduciendo a los ingenuos y candorosos de corazón. Ha llegado la era de la iluminación del entendimiento. Ha llegado el tiempo en que el discernimiento y el sentido común del razonamiento doctrinal, libere a los seres humanos de la ignorancia, de la ofuscación, de la opresión, de la miseria y del oscurantismo espiritual. La ignorancia es la madre de todas las formas de pobreza y esclavitud, y el conocimiento racional, la única forma de liberación universal.

  «El ejército Ingles define el adoctrinamiento, en el ámbito sicológico, como un intento de cambiar el punto de vista de un hombre regulando sus pensamientos y acciones, pero sin dejar que sea un individuo pensante. Su alcance es menor que el del efecto lavado de cerebro, que veremos posteriormente, producido por algunos acusados vistos en algunos tribunales comunistas, acusados que habían sido totalmente destrozados y que no se les podía llamar ya individuos pensantes.»

Una reflexión sobre esta definición militar del Ejército Ingles nos puede presentar un nuevo concepto del vocablo en cuestión pues establece una diferencia fundamental con el que hemos tratado hasta ahora: en el Ejército Ingles el receptor sigue siendo un «individuo pensante» con capacidad de discernir; es el adoctrinamiento en lo militar, no en lo político, aunque algunos Ejércitos hayan sido utilizados con esos fines.

Por otra parte, el Ejército Colombiano, ampliamente influido por la Doctrina Militar USA, define el mismo vocablo «como la acción de transmitir o inculcar ideas, por lo general religiosas o políticas que asumen un carácter dogmático. El adoctrinamiento coarta la formación de la personalidad en cuanto anula el espíritu independiente y crítico.»

Esto último es lo que quieren hacer con nuestros hijos en las Escuelas.


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Opinión

La profanación de la tumba de Franco no era más que el primer paso para todo lo que estamos viendo y está por venir. Por el General de División Juan Chicharro

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Lo hemos dicho muchas veces. La profanación de la tumba del Generalísimo Franco no era más que el primer paso para todo lo que estamos viendo y está por venir. Fue un acto de odio y de venganza.

Leo en estos días que, para el Gobierno socialista/comunista, la Ley, mal llamada “Democrática”, es una prioridad a la que atenderá el Congreso de los Diputados en el primer semestre de este año. Parece ser que España no tiene mayores problemas que atender. Ni la amenaza secesionista en Cataluña, ni el paro creciente que se manifiesta de manera triste en las llamadas colas del hambre, ni los efectos catastróficos de la pandemia producida por el Covid con más de 80000 muertos  – muchos de ellos debidos a la ineficacia de una administración nefasta – son problemas importantes al lado de la necesidad imperiosa de revertir nuestra historia reciente borrando todo vestigio de la figura de Franco y de lo que significó para nuestra nación. Francamente, no encuentro razón sensata ni lógica para comprender todo esto. Por supuesto que soy capaz de entender que a muchos españoles, por el mero hecho de haber perdido la guerra, no les gustara el régimen que supuso el resurgir de una España caduca y rota sacando a España de la pobreza e ignorancia y del que en gran medida procede una parte importante de la clase política actual, pero que pasados ya 80 años del final de la guerra y 45 del fallecimiento del Generalísimo sigan erre que erre ahondando en las mismas diferencias que nos llevaron a una triste guerra civil no tiene para mí explicación alguna. Y es más, pretendiendo borrar de la escena social y política a quienes no piensan como ellos. Vamos camino – si no lo estamos ya – de una dictadura del pensamiento único, el de una izquierda trasnochada que gobierna nuestra nación contra al menos la mitad de los españoles. El Sr. Sánchez y sus acólitos comunistas o el Sr Iglesias con sus acólitos socialistas gobiernan contra la mitad de su pueblo. En ningún caso para el conjunto de la nación. Entender la política es harto complicado para un militar como yo, y aún más, toda vez que estoy formado en valores bien lejanos de la podredumbre que rodea aquella. Al menos en esta España de hoy. Sí, ya sé que hay explicaciones políticas para todo ello; de hecho yo mismo he escrito mucho al respecto pero según observo la obcecación permanente de personas como el Sr. Sánchez, la Sra Calvo o el Sr Iglesias en “tenella y no enmendalla” comienzo a pensar que el intentar cualquier tipo de concordia o conciliación con esta gente es una tarea imposible que se escapa a mi humilde intelecto. Y así, buscando razones que arrojen alguna luz a esta coyuntura no encuentro otra que en las de la siquiatría o sicología cuando se analiza lo que es el odio.

Estamos ante una cultura de intolerancia, de exclusión y de búsqueda de venganza y así nos encontramos con el odio permanente contra quienes defienden posturas diferentes, a los que ellos conciben como enemigo.

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Desde un punto de vista científico, leo a un eminente especialista en siquiatría de Zaragoza, que el odio puede definirse como un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa o fenómeno, hasta el punto de desear destruir y hacer daño a la persona u objeto causante de dicha emoción. El odio es persistente, es decir, la persona que odia vive en el odio, desea venganza. Y cuando surge un liderazgo que logra dar voz y dirección al posible resentimiento social que nace del odio y se nutre de su energía contenida, nos encontramos que para bien o para mal, estos movimientos terminan conmoviendo y modificando el orden social existente. Y es aquí donde nos encontramos en estos momentos en España con este Gobierno que legisla y actúa guiado sólo por el odio profundo que siente contra los que como yo pensamos que Franco fue una bendición para España al librarla de la amenaza comunista que hoy nos acecha de nuevo.

Reconozco y creo honradamente que la reconciliación entre españoles, tras la guerra civil que libraron nuestros padres y abuelos, era algo ya conseguido. Me temo que estaba equivocado y buena prueba de ello es lo que vemos hoy. Lo que me pregunto es a donde nos llevan estas políticas sectarias y hasta cuando vamos a seguir así. Hay algo evidente y es que la reconciliación supone recobrar las relaciones e implica un acercamiento voluntario de las partes antes en conflicto, que buscan conectarse de nuevo, sin tener que obligatoriamente perdonar al otro. Decía el historiador Stanley G. Payne que el gran acuerdo de la transición política habida en España fue el que sin olvidar la historia no se utilizase esta como arma arrojadiza en la política.Todo lo contrario de lo que sucede hoy. Creo que es necesario que se gesten conductas proactivas y que se disminuyan las agresivas presentes. Los españoles necesitamos superar sentimientos como el resentimiento, el juicio negativo o la indiferencia hacia quienes nos han hecho daño, y que afloren sentimientos como la compasión y la generosidad. Nada de esto es lo que vemos en la política española donde el odio es el motor que mueve todas las acciones de gobierno.

Me temo que siendo todo esto así la única solución que vislumbro es la de la intervención de siquiatras y sicólogos. No esperen nada bueno de la política y menos aún de quienes están afectados de lleno por ese mal humano que es el odio y que lo único que persiguen es el exterminio siquiera sea social y moral de quienes como yo consideramos un derecho el contar a los españoles la historia de quien fue el Generalísimo Franco y lo que significó su capitanía para España.

Sí, este es un problema no ya político sino de siquiatría y buena prueba de ello es observar como les cambia el semblante a estos individuos cuando se vanagloriaban de la profanación de una tumba o hablan hoy de la presente Ley de Memoria Democrática. El odio les domina y corroe las entrañas.  No es mi caso ni el de los que me rodean pero es que la maldad no está en nuestra esencia de personas cristianas y eso que de desgracias heredadas de la guerra algunos tenemos diez veces más que todos ellos juntos. Ellos no saben nada de eso. Son simplemente personas malas pero que muy malas y ahí sólo la siquiatría podría tener cabida. Nada más .


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