España
‘Buenos días España’: «No hay respiradores para enfermos pero sí 7.000 euros al mes para mantener a cada mena que hay en España»
El apartado «La ratonera» del programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española, ha vuelto hoy a criticar el apoyo de la oposición a la negligente gestión del coronavirus por parte del Gobierno.
Ha sido un apartado denso en el que Santiago Fontenla, conductor y director del espacio, y Armando Robles, colaborador, han puesto el acento en la actitud del PP con el coronavirus en comparación con la que mantuvo la izquierda con ocasión del ébola. «Si el tonto de Casado cree que que Sánchez le va a agradecer los servicios prestados al Gobierno, se equivoca. Cuando esto pase, si es que pasa alguna vez, el PSOE seguirá pactando con Podemos y con los separatistas, y ya se encargará la mafia mediática de instalar en la opinión pública el relato de que la crisis del coronavirus es culpa de la derecha», dijo Robles.
El director de AD propuso a los españoles que desde sus balcones exterioricen el próximo viernes, a las 20 horas, su rechazo a la gestión del ébola por parte del Gobierno clamando por la dimisión de Pedro Sánchez.
También se abordó la situación de indefensión económica en la que quedan millones de trabajadores españoles y se denunció el silencio de los representantes sindicales y la falta de medidas para aminorar los devastadores efectos de la crisis. «A estos canallas les preocupa más blanquear al Gobierno que defender los intereses de los trabajadores», señaló Robles.
Se alertó en ese sentido de la amenaza que pesa sobre la supervivencia del 99,8 % del tejido empresarial español -las pequeñas y medianas empresas (pymes)-, bien porque se han visto obligadas a echar el cierre o porque la naturaleza de su actividad les impide implantar el teletrabajo.
En total, 2,8 millones de empresas de 0 a 249 empleados, que dan trabajo a más de 10,5 millones de personas y hasta un total 3,28 millones de trabajadores por cuenta ajena podrían verse afectadas por los efectos de la pandemia.
De todos los sectores, la hostelería es uno de los más afectados. El cierre de los 315.000 establecimientos con los que cuenta nuestro país pone en riesgo un 6,2 % del Producto Interior Bruto (PIB) nacional y 1,7 millones de empleos.
«Buenos días España» también denunció que España carezca de recursos para atender a los miles de contagiados, en contraste con las ayudas que los distintos gobiernos han dado a ONG y asociaciones buenistas. «El buenismo hay que erradicarlo o ejercerlo primero con los de casa. Durante años hemos estado ayudando a todo el mundo; durante años, centenares de ONGs han vivido del dinero público; durante años hemos tolerado la entrada de miles de ilegales, que han recibido todo tipo de ayudas sociales y sanitarias, y hoy el Estado carece de medios para proveer de mascarillas a todos los españoles», subrayó Robles.
Se denunció asimismo que países como Marruecos y Colombia estén expulsando a ciudadanos españoles. «Mientras España ha acogido durante años a millones de marroquíes a los que su país no podía garantizarle una existencia mínimamente digna, ahora nos lo pagan expulsando a los nuestros. Que al menos el coronavirus nos sirva para saber lo que tenemos que hacer en el futuro con esta gentuza», añadió.
«No hay respiradores para enfermos pero sí 7.000 euros al mes para mantener a cada mena que hay en España», repuso Santiago Fontenla.
Sin duda, un programa repleto de alicientes que merece la pena escuchar.
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
