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‘Buenos Días España’ propone a un alto mando militar al frente del Gobierno de emergencia nacional que defiende VOX

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El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha exigido este martes la creación de un «Gobierno de emergencia nacional» que pueda hacer frente a las crisis sanitaria, económica y política y convoque elecciones una vez superada la pandemia.

El programa «Buenos días España» de Radio Cadena Española ha secundado la propuesta del líder del partido verde y defendido que un alto mando militar esté al frente de ese hipotético gobierno de emergencia. Armando Robles, director de AD y colaborador del espacio que dirige y conduce Santiago Fontenla, lo explicó así: «Está claro que a este gobierno la situación se la ha ido de las manos y que ya es incapaz de hacerle frente. Abascal defiende que este Gobierno de emergencia nacional esté formado por el PSOE, el PP y Vox. Ese Gobierno necesitaría alguien al frente, y no se me ocurre nadie mejor que a un alto mando de nuestro Ejército. La situación que vivimos exige de líderes y no de políticos, de hombres de acción y no de ideologías, de dirigentes con capacidad de gestión y no de gualtrapas que no saben hacer la ‘o’ con un canuto. Sería además imperativo que esa persona estuviese liberada de ataduras ideológicas y que pensase exclusivamente en los intereses de la patria y no en los de algún partido. Sinceramente, no se me ocurre nadie mejor para esa responsabilidad que un alto mando militar, cuyas virtudes y altura patriótica de miras no alcanzará a tener nunca ningún político profesional».

Por otra parte, el programa de Radio Cadena Española comparó la mala gestión de la crisis por parte del Gobierno a la que se lleva a cabo en comunidades como Andalucía y Galicia, con un número de víctimas muy por debajo de Madrid, Cataluña y País Vasco. Atribuyeron ese dato a la buena gestión llevada a cabo por Juanma Moreno y Núñez Feijóo. «Algunas autonomías están respondiendo mucho mejor a la pandemia que el Gobierno central», subrayó Robles.

Puso el ejemplo de la Junta de Andalucía, que desechó, dos días antes de que saltara a los medios de comunicación su poca efectividad, comprar los mismos test rápidos defectuosos procedentes de China que sí adquirió el Gobierno central y que ha tenido que devolver.

El Gobierno andaluz decidió el 24 de marzo en su gabinete de crisis adquirir material sanitario, incluidos 60.000 test rápidos, por lo que, dentro de los presupuestos que los proveedores chinos habían enviado a la Junta, en los que incluían una muestra, analizaron estos test.

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Un estudio de microbiólogos del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla y del Reina Sofía de Córdoba determinó que esos test rápidos no eran «de confianza», a lo que se añadió el día siguiente un informe científico que establecía que este tipo de pruebas sólo se podían llevar a cabo en pacientes con síntomas. Ante estas indicaciones, la Junta «ralentizó» el proceso y no siguió adelante.

El 26 de marzo se conoció que el Gobierno central tenía que devolver por defectuosos los test rápidos que había adquirido en China y que eran «los mismos» que se habían desechado en Andalucía. El Ejecutivo andaluz no había cerrado ningún contrato de compra con esta empresa, se probó la muestra y se desechó.

A raíz de esta situación, la Junta decidió dirigirse a otro fabricante y formalizar la compra de 30.000 test, de los que se espera su próxima llegada.

Al hilo de esta cuestión, Santiago Fontenla pidió que se investigara a los intermediarios de la compra fraudulenta del Gobierno y sus posibles comisiones.

«Estremece pensar que la gestión de la crisis del coronavirus en Andalucía hubiese estado en manos de los que saqueaban el dinero de los parados para gastárselo en putas, cocaína y picaderos», sentenció Robles.

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«Buenos días España» también analizó las medidas económicas del Gobierno y su repercusión en el futuro económico de la nación.

En definitiva, un programa diferente, crítico y alternativo, que puede usted escuchar pinchando abajo:

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

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Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

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Por Diego Fusaro

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