España
¿Buscan estos rojos otra guerra civil? El ministro Alberto Garzón acusa al Rey Felipe VI de «maniobrar contra el Gobierno»
El ministro de Consumo y líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, ha acusado este viernes al rey Felipe VI de «maniobrar contra el Gobierno» tras la polémica por su ausencia en el acto oficial de entrega de despachos a los nuevos jueces, que se ha celebrado hoy en Barcelona sin la presencia del monarca, cuyo desplazamiento vetó el Ejecutivo.
Las palabras de Garzón llegan tras conocerse que Felipe VI ha llamado este mismo viernes al presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, para transmitirle que le «hubiera gustado» estar presente en el acto, sin más detalles.
Esta información ha sido utilizada de forma inmediata por los partidos de izquierda para hacer ver una intromisión del Rey en la vida política del país. Cabe destacar que la presencia de Felipe VI en este acto se repite cada año, y que su ausencia en Barcelona se ha decidido este año en plena negociación de los Presupuestos con los grupos independentistas del Congreso. «Es una decisión muy bien tomada», se limitó a valorar esta semana la vicepresidenta Carmen Calvo.
«La posición de una monarquía hereditaria que maniobra contra el Gobierno democráticamente elegido, incumpliendo de ese modo la Constitución que impone su neutralidad, mientras es aplaudida por la extrema derecha es sencillamente insostenible», ha escrito el ministro de Consumo, que como el resto de miembros del Ejecutivo juró lealtad al Rey en su toma de posesión de la cartera.
El acto de este viernes se ha celebrado entre importantes reproches del CGPJ a la actitud del Ejecutivo. El propio Carlos Lesmes ha transmitido el «enorme pesar» del mundo judicial por la ausencia del Rey provocada por Moncloa. El acto, de hecho, ha terminado con un grito de «viva el Rey» que ha provocado el enfado del ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, cuya queja ha sido captada por un micrófono abierto: «Se han pasado tres vueltas».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
