España
Buxadé afirma que «VOX ya es la alternativa al régimen» y acusa al Gobierno de querer acabar con la Monarquía y la democracia
El jefe de la delegación de VOX en el parlamento europeo y vicepresidente de Acción Política, Jorge Buxadé, ha asegurado hoy en la rueda de prensa posterior al CAP, que VOX “es ya la alternativa al régimen” porque, ha lamentado, el Gobierno está “en el cambio de régimen: acabar con la Monarquía, con la democracia de partidos, con los derechos y libertades”.
El vicepresidente de VOX ha denunciado la “prueba evidente del asalto del Gobierno a nuestra democracia” con “su pacto expreso y público, reforzado a lo largo del pasado fin de semana” y ha explicado que, para ello, “han usado a los medios de comunicación públicos y privados”.
Buxadé también ha advertido de que este pacto para aprobar los Presupuestos Generales del Estado se hace con “los herederos de ETA, de los asesinos, de los que extorsionaron, y que determinó que cientos de miles de españoles nacidos o residentes en las vascongadas tuvieran que exiliarse a otras partes del territorio nacional”.
El político catalán ha recordado que, desde el inicio de la legislatura, VOX advirtió del blanqueamiento de ETA por parte del Gobierno de Sánchez, que, ha dicho, “parece que preside Iglesias”. “Cuando lo dijimos nosotros, se nos acusó de todo”, ha denunciado.
Además, el jefe de la delegación de VOX en el parlamento europeo ha aclarado la posición de condena de su formación respecto de los actos terroristas. “¿De qué somos herederos nosotros?”, ha preguntado. Y ha afirmado: “Nosotros somos herederos de los que no tenían voz en los parlamentos autonómicos, en el Senado, en los ayuntamientos”.
Finalmente Buxadé ha lamentado que el “ministro de la oposición, Pablo Casado”, votara no a la moción de censura. Porque, ha explicado, ha votado con el Gobierno. “Ahora se debe estar arrepintiendo”, ha concluido.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
