Opinión
Cada cerdo con su puntual San Martín. Por Jesús Salamanca Alonso
«Esta vez el felón no va a callar la calle porque a la calle no hay quién la calle».
No se descarta que la semana próxima Puigdemont pueda perder la inmunidad del Parlamento Europeo, como estaba previsto, lo que complicará más aún las rastreras y mafiosas negociaciones que solo pretenden encumbrar a Sánchez para seguir dirigiendo la mafia sanchista, que ya dirige con palo y zanahoria, a pesar de los insultos que crecen por días y aumentan de nivel cada vez que busca el provecho personal en detrimento de la democracia y la convivencia ciudadana. ¿Alguien duda de que España ya está despierta? Sánchez aún no percibe que, en la democracia española y tras años de corruptelas de sus Gobiernos, ya empieza a amanecer.
Si alguien piensa que va a hacer desistir a García Castellón de acusar de terrorismo a Rovira y a Puigdemont, va de cráneo o, mejor dicho: va de culo y cuesta arriba. No hay más que recordar que este juez vallisoletano, serio y riguroso donde los haya, es quien ha acusado de terrorista al nada honorable Puigdemont; sentó en el banquillo al exministro Fernández Díaz; cercó a Pinochet por crímenes contra la humanidad; infatigable investigador y activista jurídico contra la banda asesina ETA, etc. Por cierto, la siniestra ideológica más reaccionaria y el independentismo lo temen como a los nublados en agosto.
Hoy por la mañana he empleado una media hora en ver un canal sectario, impresentable, procomunista y desinformador. No era TVEspantosa. En ese canal vendido al poder y que no deja de recibir prebendas para azuzar a la oposición y defender lo indefendible se oyen afirmaciones cavernarias, con fuerte olor a antigualla y hedor a naftalina. Tristemente un sector de la desinformación pasa por el aro con tal de recibir mamandurria. No lo citaré porque no lo merece; es más, no deberían existir canales desinformadores con ese pelaje. En cuanto a las afirmaciones sobre las manifestaciones de Ferraz llegan a conclusiones absurdas: a los desinformadores de esa cadena les cuesta entender las afirmaciones que hacen algunos líderes políticos. Ante la claridad evidente, sacan punta con un tenedor. No dejan de ser avisperos de odio y frustración para quien busca información veraz. Cada San Martín llega sin avisar, pero llega.
En fin, ni siquiera tenían razón respecto a los azuzadores de las «manifas» de Ferraz. Cargan tintas siempre en el mismo sitio y captan imágenes interesadas, sectarias y faltas de rigor. Los primeros incitadores fueron el propio felón al intentar vender la Constitución a un huido de la Justicia, así como el ministro de Interior que permitió la carga brutal de la Policía pertrechada hasta los dientes y que parecía ansiosa por gasear al pacífico manifestante, generalmente mayor en edad como la persona a la que detuvieron. No hay duda de que España ha despertado. Esta vez el felón no va a callar la calle porque a la calle no hay quién la calle.
Escuchar al maléfico ministro Grande Marlasca decir que «la carga de la Policía fue proporcional» me hace pensar en cómo «vendió» a los «piolines» contra los antisistema de Barcelona y los terroristas llegados de parte de Europa: sospecho que en Madrid había que actuar con contundencia contra los manifestantes porque gobierna la derecha, pero en Barcelona la Policía estuvo vendida y asediada en todo momento. Solo les faltó rezar Avemarías ante quienes lanzaban bordillos y bengalas hirientes.
Nadie contó a Marlasca y al delegado del Gobierno en Madrid que el armamento que portaban los manifestantes el lunes en Madrid era el reloj de pulsera, las gafas, y los clínex y el abrigo frente a la brutalidad policial donde se ve cómo un miembro de los CC y FF. de Seguridad del Estado soltó una valla a una persona mayor (imágenes de TVEspantosa). Otra cuestión es la reacción belicosa de los grupúsculos de la extrema izquierda y algún elemento desorientado de la extrema derecha el martes contra la Policía Nacional.
Miedo me da la llegada de grupúsculos de la ultraizquierda antisistema y comunista desde distintos puntos de Europa. Entre antisistema y ultras envenenados de la siniestra española, Madrid se convertirá en un polvorín hasta el domingo. Quisiera equivocarme, pero la festividad de la Almudena da para mucho belicismo urbano. Confío en que no lleguen a imitar el estilo tupamaro (acabaron fomentando la guerrilla urbana de extrema izquierda). Me recuerda aquel terrorismo y ataque organizado con la Policía Nacional practicado por grupúsculos como el de Isa Serra, por el que fue condenada, con el odio por bandera, los insultos a las mujeres-policía y el arrojo de enseres contundentes.
Por cierto, Puigdemont ha pedido que el PSOE cambie de negociadores: no seguirán negociando con Cerdán, ni con el ignorante y malicioso, Félix Bolaños.
A Feijóo le dieron 35 días, ¿cuántos ha consumido ya el felón? ¿Nos va a tener esperando a Puigdemont hasta que lleguen «los cartagineses y las cartaginesas»? Con esa grandiosa estupidez del lenguaje inclusivo lo dicen los libros de texto del colegio.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
