Opinión
Deplorable labor parlamentaria en el Partido Popular
El domingo 29 de mayo de 2016 de 2016, arrogándose ilegales atribuciones, la entonces concejala presidenta del distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid, Esther Gómez Morante, del partido Ahora Madrid, actualmente Más Madrid, ideológicamente afín a Unidas Podemos, “prohibió” la procesión del Corpus Christi de mi parroquia castrense madrileña.
Desde entonces estoy intentando que el Partido Popular cumpla la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, a cuyo fin he dirigido numerosos escritos a dirigentes del PP solicitando su intervención para que los organismos y entidades concernidos en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, respeten la misma en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, recibiendo por toda respuesta un incivil silencio.
A pesar de mis avisos en contra, la citada Ley Orgánica 9/1983, desde el 29 de mayo de 2016 viene siendo contumazmente vulnerada por los organismos y entidades concernidos en la misma, entre ellos las delegaciones y subdelegaciones del gobierno – dependientes del Ministerio del Interior – y los ayuntamientos del PP y del PSOE.
Intentando encontrar algún miembro del PP que atendiese mi solicitud de acatar la citada Ley Orgánica 9/1983, el pasado 25 de octubre de 2023 me he dirigido a José Antonio Bermúdez de Castro Fernández, vicepresidente segundo del Congreso de los Diputados, con el que he hablado por teléfono y mantenido contacto por vía telemática a través de su secretaria pues parece que el aludido teme el contacto con el ciudadano por las citadas vías por si pudiera contagiarle alguna dolencia.
Desde el pasado 25 de octubre de 2023, el individuo en cuestión está intentando por todos los medios desmarcarse del asunto y cortar toda relación conmigo, además de ciscarse en el Artículo 66.2 de nuestra Constitución que establece “Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución” negándose a controlar la acción del Gobierno demostrando con ello que el PP es la marca blanca del PSOE por renunciar a las pertinentes acciones para controlar la acción del Gobierno.
Por otra parte, este sujeto infringe el Artículo 21.1 de nuestra Ley de leyes que determina “Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa” lo que está en total discordancia con la ejecutoria al respecto que exige a la población católica solicitar autorización previa al respectivo ayuntamiento para celebrar actos religiosos en la vía pública.
Igualmente, el susodicho individuo vulnera el Artículo 14 de nuestra Carta Magna que proclama “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. La ejecutoria actual por parte de organismos y entidades, entre ellos los ayuntamientos del PP cuya ejecutoria al efecto es idéntica a la de la citada concejala de extrema izquierda Esther Gómez Morante, discrimina a la población católica respecto a cualquier otro colectivo que solamente “comunica” el acto que va a celebrar a la respectiva delegación o subdelegación del Gobierno.
El proceder del sujeto en cuestión revela que es un perjuro por incumplir el juramento o promesa de guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado al tomar posesión del cargo que demuestra detentar.
No pretendo tener más derecho al respeto y al diálogo con el infrascrito que un prófugo secesionista con el que Feijóo ha dialogado indirectamente y al que ha mostrado su respeto, pero, cuando menos, reivindico mi derecho de ser escuchado sobre todo cuando trato de defender la ley sin que se oponga a ello ningún antropomorfo.
Cuanto antecede es el resultado lógico de la máxima profética de Napoleón Bonaparte “En la política, la estupidez no es una discapacidad”.
El proceder de este ejemplar, al que España le importa menos que una clase de física cuántica a un mosquito y que solamente provoca lástima, le descalifica para continuar en el puesto que detenta para que en España se respete la ley y sea un Estado de Derecho, no de desecho, con las negativas consecuencias que de ello se derivan tanto en el interior como en el exterior.
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
