Sociedad
Cantó critica el positivo de Irene Montero tras ir al 8M: «hermana yo sí te contagio»
El portavoz de Ciudadanos en les Corts Valencianes, Toni Cantó, ha criticado este jueves que la ministra de igualdad, Irene Montero, haya dado positivo en coronavirus tras manifestarse el 8 de marzo, y se ha referido a ella como «manifestante ilustre: hermana, yo sí te contagio».
Durante su intervención en el pleno de Les Corts celebrado para hablar específicamente de la pandemia de coronavirus, Cantó ha calificado al Gobierno de España de «amoral», porque «prefirió alimentar los fastos del 8 de marzo antes que proteger nuestras vidas».
Los reyes se han sometido este jueves al test del coronavirus tras anunciarse el caso de Irene Montero en el Gobierno
Según Cantó, el Gobierno sabía que el problema del coronavirus era «suficientemente grave» como para parar las manifestaciones del Día de la Mujer, pero «no quiso perder su juguete propagandístico», igual que en la Comunidad Valenciana, donde las autoridades «llamaron a llenar las calles en un claro ejercicio de irresponsabilidad».
«No se les puede decir a los a valencianos llenen ustedes las calles, y a las pocas horas salgan ustedes de las calles, no se puede tratar así al personal», ha afirmado Cantó, quien ha acusado al Gobierno valenciano de ser «incompetentes» y de mentir, y ha preguntado si «echarán» al Ejército cuando vengan a montar hospitales de campaña.
El president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, le ha replicado que no está para «discutir» de estas cosas, pues cree que la sociedad «se merece otra cosa».
El portavoz socialista, Manolo Mata, ha lamentado «el cuñadismo político, la insoportable actitud de algunos, el querer hacer política» del coronavirus con discursos «miserables» que dañan muchísimo» al pueblo.
«Churchill decía que el problema de la política y de nuestra época es que hay mucha gente que no quiere ser útil, quiere ser importante; y aquí hay gente que ni es útil ni nunca será importante», ha aseverado Mata.
En su opinión, oír a hablar a Cantó en el pleno era como «oír a un loco, a una persona que no está en sus cabales» y ha calificado de «miseria moral» que el portavoz de Ciudadanos diga que se está engañando.
El portavoz de Compromís, Fran Ferri, ha criticado la «hipocresía» y la «doble vara de medir» de Ciudadanos, que en Castellón participó en el día de la Mujer y ha acusado a Cantó de tener el discurso de la extrema derecha.
La portavoz de Unides Podem, Naira Davó, ha replicado a Cantó que es «de una bajeza terrible que los que quieren obtener réditos políticos de un momento como este utilicen amenazas para traer crispación».
En su siguiente intervención, el síndic de Ciudadanos ha pedido disculpas porque se le ha «interpretado mal», pues, según ha dicho, ha nombrado a Irene Montero «para defenderla».
«La señora Irene Montero no fue consciente de que había un problema de sanidad grave, que debería haber impedido que se llamara de forma activa a manifestarse en las calles el domingo, porque se sabía ya y se era consciente de que se iba a crear un problema de sanidad pública, y eso lo mantengo», ha dicho Cantó.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
