Sociedad
Madrid ordena el cierre de bares y restaurantes por el brote de coronavirus y no se descarta el cierre de la ciudad
Horas después de que a primera hora de este viernes el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, haya anunciado que desde hoy el Consistorio suspende las licencias municipales de terrazas y veladores de la capital española, ha trascendido que también se ha decretado el cierre de bares, restaurantes y discotecas de toda la región.
La medida entrará en vigor a partir de este sábado, con la intención de frenar el brote de coronavirus que se está cebando especialmente con la región madrileña, donde ya se han registrado alrededor de 2.000 casos, aproximadamente la mitad de los confirmados en el país, y 40 muertes.
No se descarta el cierre de la ciudad
En Madrid, además de los centros lectivos, ya se han cerrado todas las instalaciones municipales, como los museos o los centros culturales o deportivos. En las últimas horas se ha sumado también la clausura de las zonas infantiles de los parques de la capital. Sin embargo, por el momento no se ha decidido el cierre del Retiro, el mayor pulmón verde del centro de la capital, aunque no se permitirá que haya «demasiadas personas reunidas en un foco concreto», ha dicho el alcalde de la urbe.
Todavía no se ha descartado el cierre de la ciudad de Madrid, puesto que se contemplan todos los escenarios, según Martínez-Almeida. «No podemos decir que se vaya a aplicar de forma inmediata, ni descartar que se vaya a aplicar», ha explicado el regidor. Además, ha reiterado el llamamiento a la población a evitar salir de sus domicilios si no es imprescindible: «Quédense en casa, es la mejor forma que tenemos de poder prever el contagio y que efectivamente sean tres semanas y no sea más tiempo», ha recomendado.
En el último cómputo trasladado por el Ministerio de Sanidad este jueves se informó de que había ya 2.965 casos confirmados en el país, de los que 190 se encontraban en unidades de cuidados intensivos. Además, ya se han registrado 84 muertos de personas que se habían contagiado de coronavirus.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
