Sociedad
Carlos Dariel y Ariadna, primeros bebés nacidos en este 2020
Carlos Dariel, madrileño, y Ariadna, valenciana, son los primeros bebés del año 2020; él nacido en el Hospital Infanta Leonor del distrito de Vallecas, y ella, en el Hospital de Elda (Alicante), ambos a los dos minutos del comienzo del nuevo año y de la entrada en vigor de la ampliación del permiso de paternidad a 12 semanas.
Carlos Dariel, de madre ecuatoriana y padre dominicano, ha pesado al nacer 3 kilos y 400 gramos y mide 49 centímetros, según ha informado la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, mientras que Ariadna ha pesado 3,100 kilogramos, según la Generalitat Valenciana.
Aleix es el nombre del primer bebé catalán del año, que ha nacido en el Hospital Universitario Mútua de Terrassa (Barcelona) cuando pasaban cuatro minutos de la medianoche con un peso de 3,870 kilogramos, según ha informado la Consellería de Sanidad.
Adil, nacido seis minutos después de la medianoche en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, es el primer andaluz del 2020, ha informado la Consejería de Salud y Familias de Andalucía, que ha detallado que el bebé ha pesado 4,025 kilogramos y ha medido 51 centímetros.
Un tinerfeño nacido a las 00:15 horas en el Hospital Universitario ha sido el primer canario del 2020, y ha pesado tres kilos y 310 gramos, según la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias.
A esa misma hora nació en el orensano hospital de Valdeorras el primer gallego del año: se llama Iago y ha pesado 2,84 kilogramos, según fuentes médicas.
Un bebé llamado Oliver, cuyos padres residen en Logroño, ha protagonizado el primer nacimiento de 2020 en La Rioja, según datos facilitados por el Gobierno regional. Nacido a las 00:30 horas en el Hospital San Pedro de la capital riojana, ha pesado 3,250 kilogramos y ha medido 49,5 centímetros.
Por su parte, Óscar, que ha pesado 2.950 gramos, se ha convertido en el primer bebé nacido este año en Asturias tras su alumbramiento en el Hospital de Cabueñes de Gijón, a las 00:35 horas, según la información facilitada por la Consejería de Salud del Principado.
El primer murciano del año es Israel que, con tres kilos y 780 gramos de peso, ha nacido en el hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia a las 00:43 horas, según datos de la comunidad autónoma.
Zamorano es el primer castellanoleonés. Guillermo se llama, ha pesado 3,3 kilos y ha nacido a las 00:47 horas. Dos minutos más tarde llegaba al mundo Martín en Valladolid. Hasta el mediodía, en Ávila, León, Palencia y Soria no había nacido ningún niño.
Los primeros bebés del año en Euskadi son dos gemelos, Oier y Naia, nacidos el niño antes de la una de la madrugada y la niña un poco después, en el vizcaíno hospital de Cruces, han informado fuentes de este centro hospitalario.
En Cantabria, el primer nacido es un niño que se llama Ángel y ha visto la luz en el Hospital de Valdecilla de Santander cuando pasaban diez minutos de la una de la madrugada, con un peso de 4,570 kilos.
El castellanomanchego primero en venir al mundo ha sido Gonzalo, que nacía a la 1:25 horas en el Hospital General Mancha Centro de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) con 2,224 kilogramos y 45 centímetros.
También en Castilla-La Mancha, Matías, un bebé de apenas tres días, es el nuevo miembro de los Muñoz-Moya, una familia de Cuenca que se ha convertido en una de las pocas de España en alcanzar los diez hijos.
El primer nacimiento del año 2020 en los centros del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea ha tenido lugar en el Hospital Reina Sofía de Tudela, donde a las 1.39 horas ha llegado Marcos, un niño de padres domiciliados en Cintruénigo (Navarra) con un peso de 3,920 kilos y una altura de 51 centímetros, ha informado el Gobierno de Navarra.
Paula es el nombre elegido para la primera bebé que ha nacido en Aragón, y lo ha hecho a las 1:46 horas en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Ha pesado 3,050 kilogramos y es la primera hija de una pareja que vive en la localidad zaragozana de Fuentes de Ebro, han informado desde el Gobierno de Aragón.
Una joven de Tetuán (Marruecos) con familia en Ceuta y que estaba en la ciudad ha dado a luz a Marya a las 02.05 horas, según ha informado el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), organismo que gestiona la sanidad en Ceuta y en Melilla, mientras que a las 3:35 horas ha venido al mundo Arlet, que nacía en el Hospital Universitario Son Espases de Palma. La niña ha pesado 2,3 kilogramos.
Otra niña, Vega, de Badajoz, ha sido la primera bebe nacida en Extremadura, aunque se ha hecho esperar, ya que no ha venido al mundo hasta las 06:10 horas en el Materno Infantil de la capital pacense con un peso de 3,570 kilos, según el Servicio Extremeño de Salud (SES).
Según calcula Unicef, este 1 de enero nacerán en España 1.035 niños, una cifra que ascenderá a 392.000 en todo el mundo y, previsiblemente, el primero de ellos lo habrá hecho en Fiji, en el Pacífico, y el último en EEUU, según sus estimaciones.
Según el decreto ley sobre igualdad laboral que aprobó el Gobierno el pasado mes de marzo, los papás de estos niños pueden disfrutar de doce semanas de permiso de paternidad en vez de las ocho semanas de las que disponían los segundos progenitores hasta este martes, 31 de diciembre.
Desde hoy, en caso de nacimiento la madre dispondrá de 16 semanas de permiso, mientras que el otro progenitor tendrá doce semanas, cuatro de las cuales deberá tomar de forma ininterrumpida tras el parto.
Las ocho semanas restantes podrán disfrutarse a lo largo del primer año de vida del bebé y la madre podrá ceder hasta dos semanas de su permiso al padre.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
