España
Carmen Calvo: «El Open Arms nunca ha pedido venir a puerto español»
La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, ha subrayado este jueves que el Open Arms «nunca, en ningún momento», pidió ir a un puerto español a pesar de que en otras tres operaciones de rescate sí que optó por el de Barcelona o Algeciras (Cádiz) pese a no ser los más cercanos.
Calvo, que comparece esta tarde en un pleno extraordinario del Congreso a instancias de Unidas Podemos, ERC y Compromís, ha apuntado además que hasta el pasado 16 de agosto, cuando ya habían pasado 16 días desde el primero de los tres rescates que efectuó en esta misión, la ONG «no explicita la situación interna que hay» a bordo.
La última de ellas, ha recordado, salvando la vida a 39 inmigrantes el 12 de agosto cuando sabía que Malta e Italia le habían negado un puerto. «Ese mismo día, en el Estrecho Salvamento Marítimo atendía a 187. Si todas las vidas son iguales, son iguales también todas las vidas de los inmigrantes, no tenemos ninguna diferencia que hacer», ha asegurado.
Fue entonces cuando España se puso en contacto con Italia «para pedir ayuda y colaboración», ha dicho.
Ante la falta de respuesta, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ofreció a la organización el puerto de Algeciras, que es el que cuenta con «los instrumentos más rápidos» para recibirlo adecuadamente, ha añadido.
No obstante, el barco humanitario declinó emprender una travesía de cinco días hasta el puerto gaditano por considerarla «inviable» en sus condiciones, lo que propició una segunda oferta por parte del Ejecutivo de los puertos de Baleares por ser los más cercanos a la nave y que Proactiva Open Arms también la rechazó.
Sin embargo, ha recordado la vicepresidenta, la ONG sí que aceptó ir a Algeciras en dos ocasiones en 2018, -una en agosto con 87 inmigrantes y otra en diciembre con más de 300-, y en una tercera al de Barcelona con 60 ante el cierre de los puerto de Malta e Italia el año pasado, no siendo ninguno el «más cercano» y, por tanto, no el más seguro.
«En este momento no ha pedido venir a puerto español, nunca, en ningún momento», sino que ha sido el Gobierno español el que le ofreció sus puertos «cuando ha pedido ayuda para que pudiera venir», ha zanjado Calvo.
Mientras los días seguían pasando y las autoridades italianas «no conseguían convencer a su ministro» del Interior, Matteo Salvini, de que les autorizara el desembarco, Sánchez dio la orden de fletar el Audaz para que fuese «hacia el barco y trajese todos los inmigrantes que quedaban, y así ocurrió», ha subrayado.
Sin embargo, se topó con el «giro» que dio a los acontecimientos el fiscal de Agrigento (Sicilia) cuando ordenó, una vez que el buque militar había zarpado de Rota (Cádiz), el desembarco urgente en la isla italiana de Lampedusa de los 83 inmigrantes que quedaban a bordo del Open Arms de los 163 que llegó a auxiliar y que serán repartidos entre España, Francia, Alemania, Portugal y Luxemburgo.
Los 15 que corresponden a España llegarán este viernes alrededor de las 8.00 a San Roque, según ha dicho Calvo, que ha apuntado que la Comisión Europea que fijó el reparto «consideró que tenían una situación preferencial en reconocimiento al esfuerzo del Gobierno español».
Con todo, la vicepresidenta ha sacado pecho de la política migratoria desarrollada por el Ejecutivo en los últimos 14 meses recalcando que «es un asunto que no se puede abordar con simpleza ni en términos absolutamente polarizados». «El fenómeno migratorio es eterno y recurrente», ha advertido para instar a que se convierta en un «asunto de estado sin paliativos», ha subrayado.
Calvo ha añadido que quiere que la inmigración sea «ordenada y regular» y que no haga de ella un elemento de «manipulación y demagogia» que hace salir «de donde nunca debe salir el racismo, la xenofobia y los delitos de odio».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
