España
La Asociación Española de la Guardia Civil (AEGC) acusa a Marlaska tras el salto masivo en Ceuta
La Asociación Española de la Guardia Civil (AEGC) ha denunciado este viernes la falta de personal y material antidisturbios para poder disuadir a los inmigrantes que crucen las fronteras con Marruecos,como ha pasado este viernes en Ceuta, donde han entrado 153 inmigrantes saltando la doble valla, y han responsabilizado al ministro de Interior en funciones, Fernando Grande Marlaska de lo sucedido.
“Entran con total impunidad porque saben que al otro lado de la valla van a encontrar a un puñado de guardias civiles sin ningún tipo de material antidisturbios que poco podían hacer frente a la marabunta que se les venía encima”, ha explicado AECG a través de un comunicado en el que han resaltado que lleva “años” reclamando más dotación personal de los agentes que se encuentra prestando servicio en la frontera.
La AECG ha responsabilizado Marlaska que “se comprometió con dar una solución” al problema fronterizo “desde el principio” después de llevar años sufriendo “asaltos masivos”. “¿Cómo espera que una docena de agentes desarmados, porque no esperarán que usen sus armas reglamentarias contra ellos, hagan frente a 250 inmigrantes que tiene un arma invencible, el deseo de verse ya al otro lado fronterizo donde espera tener un futuro mejor?”, han preguntado al ministro de Interior.
Además, ha criticado que para la Cumbre del G7, el Gobierno “blindó” el paso con la ciudad francesa de Biarritz a la que movilizaron a “todos los agentes necesarios” de la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Ertzaintza para controlar “a posibles manifestantes” cuando en Ceuta sólo había una docena de agentes para “prevenir asaltos masivos en los que participan cerca de tres decenas de inmigrantes cada día”, dejando a su paso “más guardias civiles heridos”.
“Hoy son seis los compañeros con lesiones de diversa consideración que aún siguen recibiendo atención médica. Agentes que pueden causar baja para el servicio dejando aún más tocada la mermada plantilla de la Guardia Civil”, ha especificado la asociación en relación con el asalto de los 153 migrantes este viernes en Ceuta que no comprende “por qué esta diferencia”.
Por eso, desde la AECG han insistido en la “gravedad” de la situación y han instado a Marlaska a que “se remangue el mono de trabajo y ponga solución” a la frontera donde son necesarios “más de 100 agentes” en la plantilla, pero “no los que vienen unos meses y vuelven a marcharse”, sino en una plantilla permanente. “Esta frontera de Europa necesita ese refuerzo permanente y no temporal”, ha puntualizado el comunicado.
Para finalizar, la asociación ha asegurado que si España “no está dispuesta a reforzar” la frontera y no se equipara a los agentes con el material antidisturbios necesario, que además sirve como “elemento disuasorio” para el que está al otro lado, la próxima vez, los agentes de la Guardia Civil recibirán “con confeti” a los inmigrantes.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
