España
Carrero Blanco fue víctima de una conjura de la CIA y de la «derechita cobarde» en la persona de Arias Navarro. La «herramienta» fue ETA. Documento de la CIA desvelado
Un documento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que ha desvelado Diario16 y que fue clasificado como de Alto Secreto en su momento porque afectaba a la seguridad nacional de los Estados Unidos, alude a que Carrero Blanco era un obstáculo para el cambio de régimen político que estaba por venir tras la muerte de Franco.
El documento en cuestión está fechado en noviembre de 1972 y reza lo siguiente: «El cambiante entorno nacional e internacional de España, junto con las actitudes alteradas de las fuerzas políticas en España, dificultará que los sucesores de Franco resistan las presiones para la liberalización del sistema político. Al mismo tiempo, treinta años de gobierno autoritario y el temor generalizado de los peligros de restaurar la democracia parlamentaria al estilo occidental, los españoles creen firmemente que la liberalización se logrará, no acabando el sistema político establecido por Franco, pero modificándolo. Los militares continuarán ocupando una posición clave, pero, sobre todo después de que se haya eliminado la poderosa influencia de la personalidad de Franco, incluso los militares pueden considerar más prudente ceder a las presiones más liberales que resistirse contra ellas, juzgando que tomar el rumbo posterior bien podría provocar otra convulsión política general en España.
Debido a los cuidadosos preparativos ya hechos por el general Franco, es probable que el proceso inmediato de sucesión sea ordenado. Juan Carlos se convertirá en Jefe de Estado y los poderes de Franco se dividirán entre él y el presidente designado del Gobierno (Primer Ministro). Almirante Carrero Blanco. En el pasado, el Príncipe Juan Carlos ha sido considerado un peso ligero político, pero ahora se le toma más en serio en los círculos de liderazgo en España. Ha dejado claro más de una vez que está a favor del cambio político liberal, pero siente que no existe suficiente margen de maniobra para tal cambio en el actual sistema político español. El Almirante Carrero Blanco parece tener opiniones políticas extremadamente conservadoras y cree que no deben hacerse concesiones a la izquierda política. Él parece ser el responsable de las severas medidas represivas tomadas este año contra las universidades y de incrementar los poderes de la policía secreta en contra los opositores. Queda por ver que seguiría siendo conservador sin Franco allí para apoyarlo».
PULSE SOBRE LAS IMÁGENES
En una nota a pie de página se señala a Carrero Blanco como objetivo porque la CIA lo considera un verdadero obstáculo para la democratización de España, tanto es así que la mano derecha de Franco se había convertido en una piedra a sortear en los intereses de Estados Unidos.
Cabe recordar que el 20 de diciembre de 1973 Carrero Blanco fue asesinado en la calle Claudio Coello de Madrid, a menos de 200 metros de la Embajada de los Estados Unidos. Solo 24 horas antes había visitado España el secretario de Estado, Henry Kissinger.
El juez Luis de la Torre Arredondo comprobó en su momento que una explosión de esa magnitud no pudo haber sido provocada por la dinamita que ETA dijo que había utilizado, e incluso llegó a decir a Interviú que «iba teniendo la convicción cada vez más sólida de que la CIA supo que iban a matar a Carrero, que la CIA estaba detrás».
Tal y como hemos visto en otras ocasiones, el explosivo utilizado fue C4, de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. A todo esto hay que añadir que el propio Kissinger afirmó a un representante del Ministerio de Exteriores español que «no quiero que suene brutal, pero, un estorbo menos para la apertura de España y, por deplorable que sea un asesinato, lo cierto es que ETA os ha hecho un gran favor».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.



