España
Pablo Casado (PP) cada día más progre: ya no es la «derechita cobarde», ahora el Partido Popular es la «Derechita cobarde y traidora a España» ¡BRAVO!
La última ocurrencia de Casado para restar legitimidad a la moción de censura de VOX.
El líder del PP, Pablo Casado, ha recordado este lunes que las mociones de censura en España son «propositivas», es decir, se plantean para formar gobierno y no para convocar elecciones porque eso, ha avisado, sería un «fraude de ley».
Así se ha pronunciado Casado en una rueda de prensa en el Congreso al ser preguntado sobre la moción de censura contra Pedro Sánchez que va a impulsar Vox y que se encargará de defender su diputado y candidato a la Generalitat de Cataluña, Ignacio Garriga.
«Ya lo he dicho muchas veces, los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía«, ha incidido Casado, reiterando que, para que tuviera éxito la moción de Vox, tendría que recabar el apoyo de los independentistas de «Junts, la CUP o Bildu» porque exige mayoría absoluta.
Y a continuación ha remarcado que en un «país serio» como España las mociones de censura «nombran gobiernos» y no los «quitan» por «mucho que Sánchez la usara para sacar de La Moncloa» a Mariano Rajoy.
APELA A LA UNIDAD DE LA DERECHA PARA GANAR
«Nuestra legislación en vigor hace que las mociones sean propositivas, se nombra un Gobierno, no se convocan elecciones después, eso es un fraude de ley en virtud del mecanismo parlamentario de la moción», ha dicho.
Por último, ha insistido en que el PP va a «ganar al Gobierno en las urnas» y, si es «posible» apelando a la unidad del espacio electoral que «otros han roto en los últimos años».
Con estas palabras, Pablo Casado se ha ganado su espacio en el pabellón de Figuras Destacadas, tales como Cayo Bruto, Sabino Arana, Belarmino Tomás, el Obispo Oppas y el mejor de todos ellos: Judas Iscariote: los más arrojados TRAIDORES de la Historia.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
