Opinión
Carta a Alberto Núñez Feijóo, dudoso presidente del Partido Popular. Por Efrén Díaz Casal, Coronel de Infantería.
Alberto Núñez Feijóo, dudoso presidente del Partido Popular:
Empleo el término “dudoso” porque con tu proceder demuestras que lo de “presidente” es un término que no ejercitas como evidencian los siguientes hechos.
Estas líneas están motivadas por la prohibición, al amparo de ilegales atribuciones, de la procesión del Corpus Christi de mi parroquia castrense de Madrid, el domingo 29 de mayo de 2016 de 2016, por la entonces concejala presidenta del distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid, Esther Gómez Morante, del partido Ahora Madrid actualmente Más Madrid ideológicamente afín a Unidas Podemos.
Al igual que con tus predecesores, desde tu desembarco en Génova 13 te he dirigido numerosas misivas solicitándote que requieras a los militantes del PP que gobiernen organismos públicos que respeten la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública.
Tu respuesta hasta la fecha, afín a la de la concejala prohibitoria, ha sido un glacial silencio que revela un incivil agravio a mi dignidad que no te permito y te devuelvo con creces.
Te comunico que, en mi patria chica castellana, los que disponemos de partida de nacimiento legalizada y legitimada, atendemos cortésmente a nuestros conciudadanos y respetamos la ley.
En numerosas misivas te he comunicado que Concepción Dancausa Treviño, exdelegada del Gobierno en Madrid y actual consejera de Familia, Juventud y Política Social, y Luis Martínez-Sicluna exsubdelegado del Gobierno en Madrid y actualmente Viceconsejero de Familia, Juventud y Política Social, abdicando de sus propias competencias en favor de los ayuntamientos, vulneraron reiteradamente la Ley Orgánica 9/1983, de15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación legal de actos religiosos en la vía pública, a pesar de mis requerimientos en contra.
Igualmente, te he comunicado reiteradamente que José Luís Martínez Almeida, todavía alcalde de la capital de España, está vulnerando la misma Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación legal de actos religiosos en la vía pública, a pesar de mis requerimientos en contra.
Es decir que, según el diccionario de la Real Academia Española, se llama delincuente al que delinque, delinquir a cometer delito, y delito al quebrantamiento de la ley, o sea que tienes un gobierno en la Comunidad de Madrid con 2 delincuentes y un alcalde de la capital de España que igualmente está quebrantando la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública.
Tus colaboradores tienen la obligación legal de darte cuenta del presente correo so pena de compartir tus mismas culpas por vulnerar y consentir que los militantes del PP que gobiernen ayuntamientos y Comunidades Autónomas vulneren la citada Ley Orgánica 9/1983.
¿Así es como piensas gobernar si llegas a La Moncloa por errónea decisión del electorado? ¿vulnerando la ley, protegiendo a los delincuentes y agraviando a quienes intentan defenderla? ¿discriminando a la población católica que, a diferencia de cualquier otro colectivo, lleva a cabo sus actos en la vía pública respetando la mencionada Ley Orgánica 9/1983, es decir, comunicándolos a la delegación o subdelegación correspondiente del Gobierno?.
O recuperas la dignidad perdida respetando y haciendo respetar en el Partido Popular la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, al contrario que la extrema izquierda, o continuas faltando a tu propio juramento/promesa en la toma de posesión de tu auto mermado cargo de senador.
Por otra parte, quedo a tu entera disposición para cuanto se te ofrezca en relación a los hechos expuestos.
En espera de tu respuesta si tu civismo lo permite, atentamente,
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
