Sociedad
Casado afirma que «abortar no es un derecho» y se compromete a volver a la Ley del Aborto de 1985
El presidente del PP, Pablo Casado, ha asegurado este domingo que su «compromiso» es volver a la Ley del Aborto de 1985 porque, según ha recalcado, abortar no es un «derecho» y la norma que impulsó el Gobierno de Felipe González contaba «con el acuerdo de los dos grandes partidos» y la «aceptación» de la «mayoría de la sociedad».
En una entrevista en La Sexta, Casado ha indicado que la Ley interrupción voluntaria del embarazo que aprobó en 2010 el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero «reconoce el aborto como un derecho» y ha recalcado que también está el «derecho a vivir del no nacido».
Es más, el líder del PP ha calificado de «excesiva» la opción de poder abortar hasta la semana 22 de gestación -la ley vigente dice que si existe «grave riesgo para la vida o salud de la embarazada»– y ha recalcado que sería «bueno» que puedan disponer de «información» y «recursos» para apoyar a las mujeres que tienen que tomar una decisión de ese calibre.
Casado ha recordado que ya anunció en la campaña de primarias del PP que era partidario de volver a la Ley de 1985, que despenalizaba el aborto en tres supuestos (grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la madre; en caso de violación; y si el feto va a nacer con taras o malformaciones) y que en España había tenido «gran aceptación por parte de la mayoría de la sociedad».
El presidente del PP ha señalado que desde 1985 se han practicado unos dos millones de abortos que «han costado unos mil millones de euros». «¿Por qué no empleamos recursos para apoyar la maternidad?», ha exclamado, para señalar que la ley de supuestos se «asemeja mucho» a la que hay en otros países del entorno europeo.
«Mirada al futuro y no a Franco»
También ha criticado que el Gobierno de PSOE haya apostado por la exhumación del dictador Francisco Franco, un asunto que «no era relevante ni urgente». A su entender, es una «pérdida de tiempo» y hay que mirar al futuro en vez de «levantar heridas». Así, ha indicado que él dejaría a Franco en el Valle de los Caídos y «no gastaría un euro en desenterrarlo ni en volver a enterrarlo».
Al ser preguntado si se considera feminista, ha afirmado que es liberal y confía en la persona «tenga la orientación, procedencia o género que tenga», dado que no le gustan las «etiquetas». «Si feminista es defender la igualdad entre hombres y mujeres, claro que sí», ha proclamado, si bien ha dicho que no tiene «muy claro que «a veces se proyecte así» sino con «reivindicaciones» que ya están conseguidas en España.
Casado ha rechazado que haya un giro a la derecha en el PP sino que van a defender sus «principios y valores». «No hemos radicalizado ningún discurso», ha enfatizado el presidente de los ‘populares’, para agregar que el centro «no es moverse de sitio» sino «ampliar espectro electoral». Además, ha indicado que las encuestas dan «mejor» al PP que hace unos meses.
En cuanto a si considera a Vox un partido de extrema-derecha, Casado ha señalado que él no define al resto de partidos y ha añadido que hay puntos que comparte con ellos como la unidad de España y otros que no, como querer suprimir las autonomías. «A mi me gusta el Estado Autonómico», ha resaltado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
