España
Casado denuncia el «cinismo» de Sánchez por poner el foco en Franco mientras va a Cuba a “visitar a un dictador vivo»
El líder del PP, Pablo Casado, ha recalcado que el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, visita este jueves «a un dictador» en su viaje a Cuba mientras que Francisco Franco, está «muerto». Por eso, ha denunciado el «cinismo» del Gobierno socialista por poner el foco en Franco, que lleva «enterrado medio siglo», y no decir «nada» de otros dictadores, como el de Cuba, que está vivo y coleando, y sigue matando gente y sigue encarcelando gente. A mí este cinismo del Gobierno socialista de que ahora vamos a criticar a Franco que lleva enterrado medio siglo y no diga nada de Maduro, ni de Ortega ni de Canel».
En una entrevista en la Cadena Ser, Casado ha justificado la abstención de su partido en la moción que aprobó el Senado condenando el franquismo y cualquier acto de exaltación del mismo, ya que, según ha dicho, lo que se buscara era «volver a polarizar el debate». La iniciativa, que se debatió a instancias del PSOE, contó con la abstención del PP y Cs.
«Lo que se pretendía no era condenar una cuestión a efectos de que lo que pasó fue lamentable. Eso ya lo hizo la Constitución y la Transición. Lo que ayer se pretendía, en plenas elecciones andaluzas, era polarizar el debate», ha afirmado, para añadir que igual que este año se cumplen 43 años de la muerte de Franco, al siguiente serán 44.
En cuanto a si el PP instaría la ilegalización del Partido Comunista de España, Casado ha recordado que en Alemania también está prohibido que haya rechazo a organizaciones que alientan dictaduras y ha dicho que no cree que el Partido Comunista de España «esté ahora mismo reivindicando el estalinismo».
En este sentido, ha señalado que la propia Ley de Partidos insta a la ilegalización de cualquier organización política «que pueda alentar la violencia o justificarla». Preguntado si ahí se incluiría la exaltación del franquismo y si ésta debería estar prohibida, ha indicado que «si es violenta debe estar prohibida porque la ley así lo dice» y ha destacado que esos actos de violencia y «kale borroka» con «ataques a domicilios» se están produciendo ahora en Cataluña con Arran y las CUP.
Presentará una Ley de Concordia en diciembre
El líder de los ‘populares’ ha resaltado que la exhumación de Franco no puede «ser una cortina de humo» para «tapar» lo que está pasando en España porque «hay gente que alienta la violencia en Cataluña» y «no es hace cincuenta años sino hoy».
«Lo que no vamos a hacer es seguir mordiendo los señuelos y los anzuelos que tanto Zapatero como Sánchez ponen para no hablar de lo que pasa en 2018», ha afirmado, para recalcar que no hay que abrir «heridas ni trincheras» porque quedó «resuelto» con la Transición.
En este punto, el líder del PP ha anunciado que a primeros de diciembre el Partido Popular presentará una Ley de Concordia en la que se cuantifican las ayudas que ha habido en España desde el año 1975 a las familias represaliadas por el franquismo.
«Son ayudas que superan los 10.000 millones de euros, en pensiones, en derechos adquiridos por los militares republicanos… España es un gran país que lo ha hecho», ha dicho, para recalcar que en España se está aportando «dinero y ayudas públicas desde que murió el dictador».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
