España
Albert Rivera: «A Sánchez se le ha ido de las manos el monstruo de Frankenstein que construyó con Rufián, Iglesias, Torra y Bildu»
“El monstruo de Frankenstein que Sánchez construyó con la moción de censura y con el apoyo de Rufián, Iglesias, Torra, Puigdemont y Bildu se le ha ido absolutamente de las manos”, ha denunciado el presidente de Ciudadanos (Cs), Albert Rivera, que ha asegurado que lo ocurrido ayer en el Congreso “no fue solo una escena sino un símbolo de lo que está sucediendo en la política española”. Rivera ha denunciado que los socios del Gobierno “están intentando liquidar la confianza en la Cámara y deslegitimar las instituciones”. “Lo que pasó ayer es responsabilidad directa de quienes lo hicieron, pero también indirecta de quienes han construido el ‘sanchismo’ y este ‘Frankenstein’”, ha subrayado el líder de la formación liberal.
En este sentido, Rivera ha denunciado que Sánchez “es capaz incluso de soportar que se humille al pueblo español, que no se lo merece, por su obsesión de seguir en Moncloa”, por lo que le ha exigido que “rompa con el nacionalismo y convoque elecciones si le queda un poquito de dignidad”. “Si Sánchez es el problema, habrá que derrotarle en las urnas”, ha espetado.
Rivera ha asegurado que “todos los días se ve un nuevo capítulo de esa humillación, como ha ocurrido ahora con la purga de los abogados del Estado, que merece explicaciones cuando sólo son servidores públicos que hacían su trabajo y además bien”, en referencia a las últimas decisiones de la ministra de Justicia, Dolores Delgado. Así, Rivera ha insistido en la necesidad de convocar elecciones “porque el Gobierno ya tiene tantas manchas en la solapa como el de Rajoy”, citando la situación de la ministra de Economía, Nadia Calviño, cuya comparecencia ha exigido Cs, y la reprobación de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, también pedida por Ciudadanos, por el ‘plantón’ que dio ayer al Congreso. “No podemos tener tantas manchas ni estar en manos de Frankenstein”, ha subrayado Rivera.
Por todo esto, el presidente de Ciudadanos ha vuelto a proponer la aprobación de un umbral mínimo del 3% de los votos a nivel nacional para tener representación en el Parlamento. Con esta reforma, ni ERC, ni el PDeCat ni el PNV ni Bildu obtendrían representación en el Parlamento.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
