España
Casado recalca que Sánchez «dejó muy claro» que quiere volver a pactar con Torra y Junqueras
El líder del PP y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pablo Casado, ha recalcado este martes que con su «silencio atronador» el jefe del Ejecutivo en funciones, Pedro Sánchez, «dejó muy claro» que quiere volver a pactar con los independentistas si tiene oportunidad tras las elecciones generales del 10 de noviembre. «Quien calla otorga», ha proclamado.
En un acto en Santander, junto a la presidenta del PP de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga, Casado ha abierto su discurso censurando las agresiones coincidiendo con los Premios Princesa de Gerona que se entregaron en Barcelona con la presencia del Rey y la princesa Leonor. «Es inaceptable que hubiera que realizar un bunker de seguridad a su majestad el Rey y la Familia Real», ha enfatizado.
Es más, ha expresado su «preocupación» ante la «agresión a puñetazos» al empresario Antonio Castañer o la agresión que también sufrió el portavoz del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, Josep Bou, quien, según ha dicho, «acabó llorando de impotencia». «Las lágrimas de Bou representan el desgarro de toda la sociedad española y el hartazgo por la incompetencia y la indiferencia del Gobierno del PSOE», ha enfatizado.
Exige aplicar la ley de seguridad social
En este punto, ha señalado que es «inaceptable» que Sánchez siga sin aplicar la Ley de Seguridad Nacional y que el presidente de la Generalitat «siga al frente de 16.000 efectivos armados» a los que, según ha dicho, «encima amenaza con purgar» por cumplir con su labor de garantizar el orden público en Cataluña.
Sin embargo, Casado ha señalado que las «razones» por las que Sánchez no actúa en Cataluña ya las vieron este lunes en el debate entre los cinco candidatos a la Presidencia del Gobierno que organizó la Academia de Televisión.
«Pedro Sánchez delante de millones de espectadores dejó muy claro que quiere volver a pactar con Torra y con Junqueras. Se lo pregunté cinco veces. Hay silencios atronadores y quien calla otorga», ha afirmado, para insistir en que el candidato socialista «contestó con su silencio que quiere volver a pactar si fuera necesario con JxCAT, ERC y no descarta la abstención necesaria de Bildu y los proetarras de Otegi».
Según el líder del PP, esa intención de pactar con los independentistas es «algo que le incapacitaría en cualquier país serio para seguir aspirando a la Presidencia del Gobierno». «No se puede pactar ni con independentistas ni con batasunos, señor Sánchez», ha resaltado.
Casado ha subrayado que Sánchez tampoco «no contestó cuántas naciones hay en España» pese a sus reiteradas preguntas, y le ha interpelado de nuevo sobre esta cuestión. «¿Cómo puede pretender presidir España alguien que dice que no existe y que es plurinacional?», ha exclamado, para añadir que no contestó porque «en el fondo sabe que depende de aquellos que niegan la nación española».
«Dejó entrever» que está dispuesto a otras elecciones
Casado ha asegurado que como persona «humilde» no iba a decir «quién ganó el debate» pero sí que ha opinado sobre qué candidato lo perdió. «Lo perdió estrepitosamente Pedro Sánchez, por su silencio, por su inseguridad y esa mirada hacia abajo todo el tiempo para no mirar a los ojos a sus adversarios ni tampoco a los españoles para explicarles qué quiere hacer con España», ha apostillado.
Es más, ha indicado que el jefe del Ejecutivo en funciones «dejó entrever que estaría dispuesto a llegar a unas terceras elecciones», como a su juicio ya pretendió en 2016, si no se le permite «gratis» que gobierne con las «alianzas ya reconocidas» del «populismo de izquierdas» y «si hace falta, complementarlo con el nacionalismo más radical» que «quiere reincidir» en la ruptura de España.
Por eso, ha afirmado que no hay «nada más patriótico en España que echar a Pedro Sánchez del Gobierno». A su entender, el jefe del Ejecutivo «no puede seguir ni un minuto más en la Moncloa» después que esté dispuesto a pactar con los independentistas y apuesta por una política económica que llevaría a España a la «ruina».
Aglutinar el centro-derecha en torno al PP
Una vez más, Casado ha alertado de las consecuencias de la fragmentación del voto de centro-derecha y ha apelado al voto «útil, necesario y urgente» en torno al PP en las generales de este domingo. «Hay que recuperar ese espíritu de España Suma», ha señalado, en alusión a la oferta de coalición que el PP planteó a Ciudadanos para concurrir juntos a las urnas.
De hecho, ha lamentado el rechazo del partido de Albert Rivera a esa propuesta y ha destacado que las encuestas recogen que el PP «cuadruplica» a Ciudadanos. «Es momento de unir esfuerzos en torno al único partido que puede ganar las elecciones», ha resaltado, para añadir que solo los candidatos de PSOE y PP tienen opciones de llegar a Moncloa.
Con Vox subiendo en las encuestas, Casado ha recordado lo que ya pasó en abril con la fragmentación del voto y ha avisado que «lo que no se una en torno al PP se unirá en torno al PSOE», de forma que acabará «sumando una investidura de Sánchez». En su opinión, están «a tiempo de evitarlo». «Vamos a ganar a Sánchez pero necesitamos que los españoles unan sus esfuerzos en el PP», ha concluido.
España
Europa se muere de «multiculturalismo». Matémoslo antes de que nos mate
Pierre Claire.- En 2001, el primer ministro neerlandés Wim Kok gobernaba un país que se enorgullecía de ser el laboratorio mundial del multiculturalismo. Un año después, Pim Fortuyn (sociólogo, antiguo marxista, figura de la ultra derecha neerlandesa que criticaba el multiculturalismo, la inmigración y el islam en los Países Bajos) fue asesinado por haber dicho que el modelo no funcionaba. El debate se cerró antes de empezar, estaba imposible discutir en el paraiso multicultural de Europa…
Ese es el problema central del multiculturalismo como ideología, porque ha vuelto imposible su propia evaluación. Criticar el modelo es estar contra la diversidad según los progresistas. Cuestionar sus resultados es abogar por el repliegue identitario, algo que a algunos les parece detestable y por lo que te insultan.
El multiculturalismo como hecho es interesante con sociedades compuestas por culturas distintas que coexisten, intercambian. El multiculturalismo como dogma es otra cosa con la afirmación de que todas las prácticas culturales valen lo mismo, que exigir una adaptación es una forma de opresión y que señalar las disfunciones equivale a racismo encubierto. Ese deslizamiento entre el hecho y la doctrina es el juego de manos intelectual del que nadie habla.
Es ese dogma el que produjo el escándalo de Rotherham, en el Reino Unido, dónde durante quince años, más de 1.400 jóvenes fueron víctimas de redes organizadas de abuso sexual, bandas de captación formadas principalmente por hombres paquistaníes. Los trabajadores sociales lo sabían. La policía lo sabía. Los cargos electos locales lo sabían. Nadie actuó, por miedo a ser acusado de racismo. El informe oficial de 2014 lo dijo con todas las letras. No fue un fallo de información. Fue un fracaso moral sistémico, producido por una ideología.
El mismo mecanismo explica lo que pasó en Colonia, en diciembre de 2015, con cientos de agresiones sexuales en la Nochevieja, deliberadamente minimizadas durante días por las autoridades alemanas. No por incompetencia, pero por cálculo político. Admitir los hechos amenazaba con estigmatizar a una comunidad. Asi, se silenciaba a las víctimas, y las feministas no decían nada porque los delincuentes no eran los buenos.
La izquierda no puede hacer este balance. Reconocer que el multuculturalismo sin limite produce zonas sin ley, comunidades impermeables a los valores liberales, mujeres abandonadas por el feminismo oficial porque sus verdugos pertenecen a una minoría protegida, sería repudiar treinta años de política identitaria. Un repudio del que ningún partido de izquierda es todavía capaz.
Y sin embargo los hechos se acumulan. En Francia, diversos estudios documentan el retroceso de la convivencia mixta, de la libertad vestimentaria femenina y de la práctica religiosa extrema en ciertos barrios, por la presión comunitaria. En Suecia, la violencia de bandas ha alcanzado cifras récord, concentrada en barrios donde la integración había sido declarada exitosa durante décadas.
La integración exitosa no es el borrado de las culturas. Es la adhesión compartida a una base común de derechos y deberes, que se aplica a todos sin excepción cultural. Exigir el respeto de ciertas valores y leyes no es un crimen racista, sino algo normal…
El verdadero racismo (el que la izquierda no ve) está en el silencio. Tratar a comunidades enteras como menores morales a quienes no se puede aplicar los mismos estándares que al resto no es benevolencia, es condescendencia disfrazada de virtud.
La igualdad real empieza por la exigencia igual. No por la exención permanente.
