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Opinión

‘Caso Plaza’ o cómo no debe actuar la Fiscalía

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Siempre me ha gustado enseñar al que no sabe, y seguramente por eso soy profesor universitario, como tampoco me gusta que nos den gato por liebre, razones por las que me veo obligado, en conciencia, a explicar que el llamado caso “Plaza” ha sido un auténtico cachondeo, por lo menos en su fase final.

Vaya por delante mi máximo respecto al juez o jueces instructores, como no podía ser menos, como también a los magistrados de la Audiencia Provincial de Zaragoza, que estoy seguro impartirán justicia, en los casos que puedan, que son muy pocos, pues la fiscalía ha negociado a la baja las conformidades de la mayoría de los acusados, hurtando de paso a la opinión pública el conocimiento del fondo del asunto: el mayor latrocinio de dinero público en Aragón de las últimas décadas. De la mano “de la PSOE”, dicho sea de paso, esa empresa que solo produce paro y miseria.

¿Qué digo rebajas? En realidad han sido rebajas rebajadas, vamos lo que podríamos decir gangas, o más bien liquidaciones, por cierre de “negocio”, aunque en este caso el negocio haya sido una ruina para Aragón y los aragoneses.

Aunque ya he escrito sobre el asunto en artículos anteriores, creo hay una serie de principios básicos que deberían existir en nuestra legislación procesal penal, como son, de lege ferenda, y sin ánimo de ser exhaustivo, los siguientes:

1.– Cualquier latrocinio de dinero público debe ir a juicio público, con luz y taquígrafos.

La sociedad, que es quien ha pagado esos fondos con sus impuestos, tiene derecho a saber que ha sucedido.

2.– Consiguientemente, deberían impedirse legalmente las sentencias de conformidad, en estos supuestos, limitando así el excesivo poder de la fiscalía, muy controlada por el gobierno de turno correspondiente, como todos sabemos, o deberíamos saber.

3.– Así se terminaría, también, con el bochornoso espectáculo de los coautores que delatan a otros participes en el delito, o en los delitos, a cambio de conseguir beneficios penales para ellos, viendo reducidas notablemente sus condenas.

Considero que es algo impropio de un Estado de Derecho, pues realmente, entre las torturas medievales para arrancar condenas, y este sistema, ¿hay realmente muchas diferencias?

Pienso que no, pues el resultado es el mismo: la posible condena de personas inocentes. Únicamente se ha “refinado” el método, ya que ahora no se tortura, simplemente te dicen: “la fiscalía pide para ti 26 años, pero si confieses que x e y participaron en los delitos, te rebajamos la pena a solo 6 años”, por ejemplo.

En mi modesta opinión, es un procedimiento totalmente arbitrario, y digo arbitrario por no decir prevaricador-

En definitiva, y como siempre, digo lo que pienso, en conciencia, con independencia de que ello pueda gustar o no. Pero creo que no estoy demasiado equivocado.

*Abogado y escritor.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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