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Opinión

Cataluña

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Pertenecí durante más de quince años al colegio oficial de Graduados Sociales de Barcelona, precisamente por ser uno de los que mejor funcionaban de España, prestando numerosos servicios a los colegiados, y defendiendo notablemente la profesión.

Cuando la deriva nacionalista fue aumentando, comenzaron a enviar sus publicaciones, circulares, etc., única y exclusivamente en catalán. Tras escribirles para pedirles, con toda educación, que a los colegiados del resto de España hiciesen el favor de seguir escribiéndonos en castellano, me contestaron que los compañeros querían que todo fuese en catalán, por lo que no me quedo más remedio que darme de baja. Tal vez por eso mismo nunca recibí la medalla de bronce al mérito colegial, que se imponía a los quince años de colegiación sin problema alguno.

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Cursé la licenciatura en Ciencias del Trabajo en la Universidad Internacional de Cataluña, UIC. Pese a su carácter internacional, lo cierto es que su boletín se publica en catalán e inglés, creo recordar, y que la correspondencia y correos electrónicos me los enviaban en catalán, hasta que tuve que escribirles para rogarles que toda la correspondencia conmigo la escribiesen en castellano, que es mi idioma, entre otras razones porque vivo en Zaragoza.

Algo similar me sucedió con el Instituto Internacional de Sociología Jurídica, con sede en la hermosa villa de Oñati. Fui miembro durante algún tiempo, y ponente en un estupendo congreso nacional sobre los Graduados Sociales. Pues bien, al final tuve que darme de baja, harto de recibir todas sus publicaciones en euskera e inglés, yo que soy de pueblo, y únicamente domino –y poco- el español, que ya estoy harto de que lo llamen castellano, como si llamarle español fuese un demérito para el resto de lenguas españolas: catalán, euskera, gallego, etc.

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nos miramos tanto al ombligo? ¿Para que alardeamos de tanta internacionalidad, si luego somos más aldeanos que los vecinos de Laguarres, mi pueblo natal, de escasamente cincuenta vecinos?

Yo me he empobrecido, intelectualmente hablando, pues ahora no recibo la numerosa información y documentación que me suministraban estas instituciones, pero ellos también han perdido, al menos económicamente, pues han dejado de recibir las cuotas que periódicamente abonaba por la pertenencia a dichas corporaciones.

Tal vez eso es lo que le acabe sucediendo a Cataluña. Hace años que en mi casa solo se beben cavas de Calatayud, Borja y Ainzón, que por cierto no tienen nada que envidiar a los catalanes. Y cuando compro productos alimenticios, ropa, o contrato servicios, procuro hacerlo de empresas españolas, no del extranjero.

En resumen, que la deriva nacionalista, con la que pretenden ocultar los fracasos de la gestión de los partidos catalanistas, -además del latrocinio realizado en las arcas públicas de La Generalidad-, puede acabar convirtiéndose en un arma de doble filo, un boomerang que se vuelva contra ellos mismos. Y no olvidemos que el resto de España consume más de un setenta por ciento de los productos fabricados o comercializados en Cataluña.

Los españoles, en general, queremos a Cataluña y a los catalanes. Pero, ¿este afecto es correspondido por ellos? Creo que no. Y a las pruebas me remito.

Abogado y escritor.


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Opinión

Supremacismo indigenista: marxismo posmoderno y resentimiento social

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En todos los casos, intentan restaurar sus viejos imperios perdidos, o la grandeza de sus tribus, pero siempre mediante el rechazo o el ataque al legado de la Hispanidad.

 

Los indígenas son nuestros hermanos, sea cual sea su país de origen. Pero algo muy distinto es el supremacismo indigenista, que es una estrategia más del marxismo posmoderno para dividir y controlar a la sociedad, intentando enfrentar a los indígenas —o quienes se perciben como tales sin serlo— contra todo el que no lo es.

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Hemos escrito antes que el marxismo en su versión clásica enfrentaba a los proletarios contra los oligarcas, contra los propietarios de los medios de producción, para finalmente asesinarlos e imponer una dictadura de los “pobres” a sangre y fuego.

En su versión posmoderna, ese relato moderno fue deconstruído (Lyotard) y se pulverizó en relatos menores que enfrentaban ahora a unos sectores de la población contra otros. Para ello el marxismo posmoderno crea diversos supremacismos: el homosexual, el feminista, el negro, el ecologista y el indigenista.

El supremacismo indigenista es una estrategia del socialismo posmoderno que sostiene que todo lo que llegó a América de Europa es un abuso, porque los conquistadores no aportaron absolutamente nada bueno y sólo vinieron para despojar a los indígenas de sus tierras y sus riquezas naturales, además de violar a sus mujeres y diseminar enfermedades, como la viruela, causando millones de muertes.

El combustible que alimenta el supremacismo indigenista es el mismo que alimenta a todos los otros supremacismos socialistas: el resentimiento social. Es el culto al odio, al rechazo, a la mala sangre, que tanto promovía Karl Marx, el padre del odio social, y que usó como base para motivar el asesinato contra quienes consideró enemigos.

En la narrativa del supremacismo indigenista, los indígenas vivían en un paraíso fantástico antes de la llegada de los europeos. Disfrutaban de su convivencia armónica entre ellos y con la naturaleza, no había pobreza, enfermedades, ni problemas políticos, eran todos ricos, y gozaban de la mejor educación.

Pero nada más alejado de la realidad, como prueban los datos históricos que muestran que la conquista no la hicieron en realidad unos cuantos cientos de españoles, sino decenas de miles de tlaxcaltecas y de texcocanos que los acompañaron, ya que estaban hartos de los abusos del imperio azteca.

Por supuesto que había muchos problemas entre las poblaciones indígenas. Muchas etnias estaban dominadas por los aztecas, quienes les exigían tributos exagerados y los sacrificaban en sus altares a sus dioses, extrayéndoles el corazón aún latiendo, y con un cuchillo de pedernal. Incluso hay documentos de sacrificios de niños.

Antes de la Conquista la cultura y las tecnologías de los indígenas estaban atrasadas con respecto al promedio en el viejo continente, ya que no manejaban la metalurgia, ni los textiles, ni las armas de fuego, ni la pólvora, ni barcos, ni brújula, ni el papel, ni universidades, y se practicaba el canibalismo y el sacrificio humano.

Un plato típico mexicano que se consume sobre todo en fechas independentistas durante septiembre en México, el pozole, data de épocas precolombinas en las que se preparaba con la carne de seres humanos. Los españoles encontraron tal cosa como un signo de barbarie y sustituyeron la carne humana por la de cerdo.

Idealizar el pasado indígena como algo magnífico, armónico y muy avanzado no tiene sustento alguno en la antropología histórica, como tampoco asumir que todos los españoles eran delincuentes crueles, ignorantes y ambiciosos.

En México hay corrientes de pensamiento muy minoritarias y sectarias que desde hace décadas han promovido algo así como “la restauración” de la cultura azteca, del Gran Anáhuac, con prácticas que incluyen el culto a líderes aztecas como Cuauhtémoc.

Para los adeptos a esta escuela, muchos de los cuales son socialistas y detestan a la Iglesia Católica, y a todo lo de origen español, incluido paradójicamente este idioma en el que se comunican, porque no lo hacen en náhuatl, es necesario destruir todo el legado europeo para imponer una cultura basada sólo en el imperio azteca, su modelo de vida perfecta.

Estos supremacistas indigenistas rechazan entre sus filas a todos los mestizos blancos, a quienes consideran inferiores en todo, y “descendientes de un pueblo de prostitutas”. Rechazan las empresas con capital español, y en especial los bancos, como el Santander y el BBVA, a los que atribuyen buscar que México y América Latina vuelvan a vivir bajo “el yugo” europeo.

El propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha calificado a la empresa española Iberdrola como “corrupta”, y en el aniversario de la caída de Tenochtitlán, el 13 de agosto, montó una maqueta del Templo Mayor en pleno Zócalo, habló de “500 años de resistencia”, y sigue usando como logo del gobierno un “Quetzalcóatl”, uno de los dioses aztecas, con lo que queda en entredicho la laicidad del Estado.

Además, ha participado en rituales indígenas para “limpiarse” de mala energía o para la buena suerte, al tiempo que exige que España y el Rey pidan perdón por la Conquista.

Los supremacistas aztecas se rigen por el calendario azteca, al que no llaman así, sino “tonalámatl” o piedra solar, sistema que consta de 18 veintenas (equivalentes a meses), y 5 días y un cuarto, llamados “nemontemi” o días de reflexión.

Consideran su calendario como el más exacto del mundo, por empezar cada año en horario distinto, pasando de las 12 de la noche a las 6 de la mañana, a las 12 del día y a las 6 de la tarde, con lo que se evita un día extra y con ello el año bisiesto.

Para ellos la Iglesia Católica es “la gran prostituta”, idea que han retomado de algunos de sus miembros que asistieron a ciertos talleres dentro de algunos ritos de la masonería, que también consideran al catolicismo como “el mayor enemigo” del desarrollo de la humanidad.

Muchos de estos supremacistas organizan grupos de danzas prehispánicas cuyos miembros son altamente intolerantes a todo lo católico y en general a la hispanidad. Pueden regirse por jerarquías militares, siendo el máximo grado el “general” que los manda, y al que a menudo se le atribuyen “poderes” espirituales.

Este tipo de danzantes no aceptan el sincretismo religioso, a diferencia de los conocidos como “concheros”, que sí abrazaron la religión católica desde siempre, y celebran las mismas fiestas patronales que todo el 77% de la población católica que conforma a México.

Los danzantes “guerreros” de la restauración azteca son en realidad una escisión relativamente reciente de los “concheros”. Han ido sumando adeptos en las zonas marginales de las grandes urbes de México.

En el fondo, como hemos dicho, se alimentan del odio de los lumpen proletariados que, adoctrinados por sus allegados marxistas, culpan al hombre clase mediero blanco y culto de todos sus males, al que atribuyen en general su falta de oportunidades, su pobreza, sus desgracias.

De origen, de todo tienen la culpa los españoles, y desde ahí empezó todo a estar mal según su lectura de la historia. Por eso, si no hubieran venido a conquistar lo que hoy es México —dicen en sus delirios estos supremacistas indigenistas-, los descendientes de los indígenas vivirían aún en el paraíso terrenal, rodeados de oro, frutas, insectos y aves magníficas en tal abundancia que no sería necesario ni trabajar.

Por supuesto, la militancia de estos supremacistas en el indigenismo es un rostro más del marxismo posmoderno. Interrogados, no niegan ser de izquierda y acarician todos los mismos prejuicios que los miembros de otros supremacismos: el de los negros en Estados Unidos, el de los homosexuales, y sobre todo el de las feministas.

A todos juntos, no por casualidad, les repugna quien tiene una posición acomodada de la que ellos carecen, a todos les da asco el mestizo blanco y el descendiente de europeos, igual que los empresarios, los industriales, las universidades privadas, los partidos de derecha, y los sacerdotes católicos o pastores cristianos.

No sólo en México hay supremacismo indigenista, sino en muchos países de América que tuvieron antepasados indígenas, como Perú, Bolivia, Venezuela, Chile y Brasil.

En todos los casos, intentan restaurar sus viejos imperios perdidos, o la grandeza de sus tribus, pero siempre mediante el rechazo o el ataque al legado de la hispanidad.

Son los que han promovido que se retiren los monumentos de Cristóbal Colón en Estados Unidos, México y Venezuela y que se agrupan en movimientos de “resistencia” muy de la mano de partidos de ultra izquierda, gobiernos marxistas o el Foro de Sao Paulo.

 

Raúl Tortolero


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Cantabria

Ya sólo queda morir: una historia sobre el 11m que ningún político quiere que leas

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Una novela basada en los hechos reales del 11M: Ya sólo queda morir

 

Se trata de uno de los relatos más originales y sorprendentes sobre cómo funciona de verdad la política en sus más bajos fondos. Una foto bastante real de la situación política española en los últimos años, una novela basada en los hechos reales del 11M. De hecho, podría decirse que los personajes e historias reflejados aquí podrían ser reconocidos en cualquier país del mundo, puesto que el mundo de las cloacas es universal y en todas partes funciona de un modo muy parecido.

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Su autor, Eugenio Carrión, prefiere mantenerse en el anonimato por aquello de que el asunto es más serio y real de lo que parece. Porque no es una novela al uso, en realidad, sino unos hechos reales que sucedieron de verdad y que están novelados. Unos crímenes que en opinión del autor no han sido nunca esclarecidos, puesto que los verdaderos autores ni siquiera fueron acusados jamás en público. Como se dice en el argot de la calle, esos señores se han ido de rositas, e incluso en el relato aparecen de puntillas los verdaderos autores. No tanto los peones que utilizaron para realizar semejante fechoría y dar un vuelco político brutal no sólo a España, sino a toda Europa y al mundo. Y es que se trata de un evento mucho más importante de lo que ya parece, como se da a entender en Ya sólo queda morir.

Nuestro colaborador Miguel de Cervera ha tenido oportunidad de leer este libro y quiere darnos su opinión, siendo una persona bastante ilustrada en el 11M, pues ha quedado bastante satisfecho con su lectura.

 

Un libro que, según nos cuentas, viene a rematar las versiones falsas de Gabilondo y Losantos en el 11M

 

Ninguna de esas falsas versiones que nos han contado durante años tiene nada que ver con lo que fue el atentado real. Y la que más se puede parecer de estas versiones comerciales, aunque con grandes distancias, es el mejunje de medias verdades y mentiras que nos han vendido durante años Losantos y Pedro J, pero se trata de una mentira más peligrosa que la versión oficial porque está basada en hechos ciertos. Pero la realidad es más profunda e involucra a más personas y esferas de poder de lo que pueda parecerle a nadie. Un auténtico crimen mafioso realizado y encubierto por jerarcas de Estado, los cuales se valen de polizontes y cabezas de turco para encubrir lo que han hecho ellos.

En el relato descubriremos las historias reales de unos personajes que se mueven en ese universo tan desconocido por el gran público que son las cloacas del Estado. Y veremos sobre todo policías y confidentes, pero también algunos políticos que sí son conocidos y que se sitúan a medio camino entre estos auténticos peones y los verdaderos autores intelectuales de todo lo que sucedió.

 

¿Este relato viene a ser más de lo mismo o aporta cosas nuevas en la investigación del 11M?

 

Más de lo mismo no es, aunque veremos lugares y personajes comunes a todas las historias que nos han contado, porque todas las versiones oficiales que nos han dado se basan en medias verdades, pero esta vez se aborda el tema desde un plano mucho más realista y personal. Ya no más con el batiburrillo de esos personajes inconexos, con historias delirantes que nos contaba la prensa, sino personas de carne y hueso con unas vivencias personales y unos objetivos mucho más creíbles. Y todo ello es además comprobable, pues el autor se basa muchísimo en la realidad de lo que se sabe que pasó con cada uno de esos episodios y sus protagonistas reales.

Realmente me sorprendió, porque se acerca muchísimo a lo que yo creo que sucedió de verdad, basándose en los hechos reales y datos que tenemos, que no son pocos. Y el que lea este libro va a no creerse ninguna versión oficial en adelante, eso seguro, sin importar si se trata de un atentado terrorista, una presunta pandemia o la erupción de un volcán o de varios volcanes a la vez, cosa curiosa.

 

Relato realista contra la versión oficial del Estado y de Losantos sobre el 11M

La larga mano de los que mandan suele estar detrás de lo que vemos en los medios de comunicación y el 11M fue un claro ejemplo de esto, más claro que nunca porque además discutieron entre sí, por lo que nos pudimos enterar de muchas cosas que tenían que haber quedado bien guardadas en sus armarios. Una circunstancia de la que se aprovecha el autor para revelarnos muchas situaciones que ya no son ningún secreto para nadie. La versión falsa del Estado y la de Losantos, que no deja de ser también una versión bastante estatal e interesada, quedan completamente desmontadas después de leer este gran trabajo.

También es sorprendente cómo se desenvuelven los distintos personajes, con especial interés en el funcionamiento de los niveles más bajos de las cloacas. Esos sospechosos habituales a los que el Estado tiene en nómina para encargarles los trabajos sucios, o incluso hacer de falsos culpables cuando llegue la ocasión. Un modus operandi que funciona desde hace milenios en todos los países y siempre hay polizontes de por medio que se ocupan de materializar estos guiones.

Y ya en un tercer nivel estarían los medios de comunicación y los políticos, encargados de vendernos toda esta mentira a los consumidores últimos, que somos los pobres mortales. Un proceso que se produce otra vez desde que el mundo es mundo, pues los de arriba piensan que es necesario someter a las masas mediante este tipo de estrategias de cloacas y comunicación. Unos ponen la bomba y otros la hacen sonar en los medios y en la alta política. Así es como funciona la cosa.

 

¿Cuál es la tesis que se maneja en Ya sólo queda morir sobre los verdaderos autores del 11M?

 

La verdad es que es curioso cómo se deja este último escalón en la sombra, pero no cabe ninguna duda de por dónde van los tiros cuando uno se deja llevar por esta lectura basada en hechos reales. Y es que estamos hablando de personajes que a todos los que vivimos aquello nos suenan, como esos falsos mineros asturianos o los yihadistas también falsos, pero ante todo están los nombres más conocidos de la política española. Personas con nombres y apellidos que todos hemos visto relacionados de una u otra manera con la trama policial del 11M, aunque todos intentan ahora pasar por aquí como si no hubieran tenido nada que ver. Y los hay de todos los partidos. Y esto da que pensar sobre quiénes pueden poner de acuerdo a todos estos personajes. Evidentemente no estamos hablando de ningún Bin Laden ni nada por el estilo, si no de otro tipo de terroristas muy poderosos que se mantienen en lo oculto. Que manejan de verdad los hilos de la alta política internacional y ponen y quitan gobiernos.

 

¿Es un libro más bien de política o policiaco?

Es una mezcla de ambas cosas, aunque centrado siempre en lo que son las tramas del terrorismo de Estado. Porque todo acto terrorista tiene una carga política determinada, por supuesto. Y eso implica que haya partidos o estados detrás, siempre, dispuestos a buscar quién sacuda el árbol para luego recoger las nueces. Y esas personas que se encargan de sacudir el árbol son los llamados fontaneros de los cuerpos policiales, servicios secretos incluidos, que son los que de verdad tienen los galones y la capacidad para coordinar al resto de la cloaca.  nada se podría hacer sin ellos y este libro lo explica muy bien. Cómo está todo programado y bien orquestado. Y de esto va esta novela sobre la verdad del 11M.

En Ya sólo queda morir vemos desarrollarse todo el trabajo parapolicial y político desde los peldaños más inferiores de la cloaca, en los bajos fondos delincuenciales, hasta los despachos de Moncloa, Zarzuela y sitios así. Y vemos cómo se van creando unos personajes de la nada, personas que no tienen nada que perder y a las que se utiliza como si fueran auténtica carne de cañón: los llamados confidentes o cabezas de turco, falsos culpables, etc. Y ahí vamos desfilar a todo tipo de peones de baja cualificación que pueden ser inmigrantes ilegales, como esos famosos falsos islamistas, o aprendices de etarra que son dirigidos directamente por funcionarios de Policía.

Un universo muy turbio que controlan desde arriba los poderes del Estado, desde dentro y fuera de nuestras fronteras, por medio de todo un entramado parapolicial que se ocupa de manejar los hilos del narcotráfico, el terrorismo o ciertas tramas de corrupción. Temas que están más relacionados de lo que parece y que se tratan de forma amena y realista en esta novela sobre la verdad del 11M.

 

¿Crees que este libro pueda ayudar a sacar un poco más la verdad del 11M adelante?

 

Sacar la verdad de ningún tema está muy complicado. Los partidos políticos y los medios de comunicación se ocupan muy bien de que todo eso quede bien enterrado, sobre todo mediante una maniobra de desinformación y confrontación que es muy efectiva. Todo esto se explica muy bien en el relato de Ya sólo queda morir, cómo pactan entre todos los potentados de los medios y los partiditos, pero a la vez se deja caer de forma muy clara que todos están ya coordinados de antemano por alguien. Gente que está por encima del Estado y que tiene infiltradas todas las esferas de poder, desde los cuerpos policiales a la prensa y la política entera. No hay un solo rincón a donde no lleguen y tienen mucho dinero público y privado para sobornar a todo el mundo.

Lo realmente triste es que desde el principio saben que nos van a poder engañar. Todo esto se hace con una mentalidad fría y calculadora, analizando a lo que ellos consideran un rebaño de borregos. Por eso pueden colar relatos tan inverosímiles como el que ahora nos quieren hacer creer con esto del covid, milongas que no resisten un análisis frío. Lo más escandaloso para mí es que nos quieren hacer creer que tienen sus trifulcas hay arriba de que están de verdad de enfrentados entre sí cuando está demostrado que no es cierto. Que todos están de acuerdo y que son amigos entre ellos y forman parte de una casta o, mejor dicho, de un sistema de castas, en el cual nosotros somos los últimos monos siempre.

 

¿Qué va a encontrar el lector en las páginas de Ya sólo queda morir?

 

En esta novela sobre la verdad del 11M veremos paisajes y nombres que le van a resultar más que familiares. Los principales escenarios son Asturias, Vascongadas y Madrid, aunque también aparecen retazos de otras localizaciones, pero todos sabemos que ésos fueron los principales escenarios de esta trama falsa del 11M. Porque la realidad de lo que pasó es mucho más simple, por supuesto, aunque contar ahora la verdad de lo que pasó sería destripar el libro. Ahora bien, sí algo queda claro desde el principio del libro es que nuestro Estado como tal estaba jugando con la idea de provocar atentados y controlarlos. De infiltrar redes terroristas cuando en realidad las fundan ellos mismos. Y la verdad es que impresiona lo verosímil y natural que resulta, para un aparato estatal, controlar la realidad con fines de propaganda y con el gran objetivo de saquearnos. Es triste, pero real.

Las anécdotas de los distintos confidentes y agentes policiales son muy entretenidas y están basadas en hechos reales. Llama también mucho la atención como el lector pasa de los ambientes más sórdidos, como locales de alterne o callejones sombríos, a los suelos de moqueta de Moncloa o de Zarzuela. Y aunque el estilo de los personajes puede cambiar, en función de si son comisarios o rateros y proxenetas, también es bastante curioso que estén todos en lo mismo. Personajes que tienen un objetivo común en agua que va a suceder en unos trenes en una fecha determinada, pero que se acercan a este evento de forma muy diferente.

 

Lugo había un acuerdo total entre todas las fuerzas políticas y de seguridad en lo que luego fue el 11M

 

Al principio sí lo hubo, estaban todos de acuerdo por ahí arriba, pero a última hora alguien más poderoso que todos estos personajillos decide intervenir y darle otro rumbo inesperado a la situación. Es algo que desde el principio va a chocar a los que lean Ya sólo queda morir, porque no van a entender por qué están planificando un atentado para fechas que no coinciden con lo que luego fue el 11M, pero es que hay una trampa oculta que le hacen Aznar para descabalgarle del poder. Y esto es el meollo de esta novela sobre la verdad del 11M.

Cómo sería la cosa que a Aznar le hicieron llorar, cosa nada fácil cuando se trataba de un auténtico estoico, luego nos podemos suponer el calibre de la judiada que le hicieron a este señor, por entonces Presidente del Gobierno. Lamentablemente para casi todos ellos, como todos ya sabemos por lo que pasó, las cosas no salieron como estaban previstas desde un principio: alguien por encima de todos estos personajes decidió apretar el botón un poco antes de lo que esperaba el Gobierno y todo el Estado con sus fuerzas de seguridad. Y lo que vino a continuación del atentado fue una lucha a muerte por el poder. Pero eso no era lo que estaba previsto. El por qué suceden las cosas de esta manera y acaban en guerra abierta entre todos es el meollo de este relato apasionante y de ahí el título. Porque cuando uno contempla el detritus de Estado que nos quedó desde entonces y que tenemos sólo se puede pensar lo siguiente: Ya sólo queda morir.

El que tenga interés en esta novela sobre la verdad del 11M puede acceder a ella por medio de este correo: [email protected]. Es un trabajo de investigación que no tiene costo, puesto que el autor ha querido acercar la verdad de lo que pasó como un servicio anónimo y desinteresado hacia las víctimas y por la Patria.


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«Margarita se irrita y Sánchez la discordia agita» por el Coronel Efrén Díaz Casal

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Los hechos ocurridos el pasado martes 12 de octubre, día de la Hispanidad, no pueden ignorarse sin analizarlos detenidamente a fin de conocer a cuantos todavía nos desgobiernan.

En la fecha indicada, al llegar Pedro Sánchez, todavía presidente del Gobierno, a la tribuna presidencial del desfile de las Fuerzas Armadas, se han producido abucheos y gritos de “¡Fuera, fuera!”, junto a gritos de “¡Dimisión!” y pitadas, que se han extendido cuando la megafonía ha anunciado que recibía a Su Majestad el Rey.

Al acabar el acto, al despedirse los reyes de los mandos militares, han vuelto a oírse gritos de “¡Viva el rey!” e insultos a Pedro Sánchez que han arreciado con la marcha de los coches oficiales.

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Es axiomático que donde quiera que vaya Sánchez le espera el mismo recibimiento, por lo que este año ha intentado sortearlo haciendo coincidir su llegada con la de los Reyes para hacerles compartir el abucheo a la vista  de los españoles.

Ante estos hechos, Margarita Robles, todavía ministra de Defensa, ha manifestado que “el abucheo es una falta de respeto a España, al Ejército y al Rey”, agregando que “cuando uno no está de acuerdo con una opinión política, puede protestar, pero en un desfile de 2.500 personas por el día de España, que haya unas personas sin ningún tipo de educación es una falta de respeto absoluto, los abucheos son una actitud “muy cobarde”.

Esta es una prueba más de la totalitaria incontinencia verbal de Margarita Robles que todavía no se ha enterado de que, además de someterse periódicamente al control parlamentario, el pueblo soberano, en uso de su libertad de expresión, tiene todo el derecho del mundo para decirle cara a cara al presidente del gobierno en el momento y lugar que considere oportunos, lo que opina de su gestión al frente del Ejecutivo.

Asimismo la prójima en cuestión ha asegurado que los abucheos son “una falta de respeto a las Fuerzas Armadas donde todos ponen mucha ilusión para que luego llegue gente que no tiene nada que hacer a faltar el respeto”, concluyendo con “siento que en un país tan grande como España haya una minoría así”.

La infrascrita, con sus insultos, falta a la consideración que merece la ciudadanía que disiente de sus opiniones que le da lecciones de civismo, cumplimiento de sus obligaciones y preocupación por España, confundiendo con aviesas intenciones a los protagonistas de los abucheos a Sánchez que considera autores de una falta de respeto a S.M el Rey y a las Fuerzas Armadas, cuantificándoles en una minoría pues parece haberlos contado uno a uno.

Esta intrépida guerrillera, amparada en un batallón de guardaespaldas, se permite el lujo de representar el papel de abogada de causas perdidas al que nadie le ha llamado, tachando de cobardes a los que dicen verdades como templos compartidas por muchos españoles, pareciendo posible suponer que si le apetece comprobar el grado de veracidad de su agravio, no tiene más que convocarles al efecto.

Haría mejor doña Margarita preocupándose más por su presunta evasión de capitales, su posible vinculación con la aparente entrada ilegal del líder del Frente Polisario en España, Brahim Ghali el pasado mes de abril, sus mediáticos espionajes y amenazas a jueces, funcionarios, militares retirados… por disentir de su ideario y planteamientos, aboliendo de hecho con ello el derecho fundamental a la libertad de expresión.

El pasado miércoles 14 de octubre, en sede parlamentaria, Sánchez ha recalcado que «siempre que gobierna la izquierda hay abucheos e insultos” y ha criticado que el PP y Vox entiendan así la «convivencia y el respeto al orden constitucional».

Ante estos desatinos, resulta obligada la reapertura de la investigación policial, archivada sin resultado alguno, y las actuaciones judiciales pertinentes sobre las amenazas de muerte a través de cartas que contenían amenazas de muerte conteniendo 2 municiones de 7,62 mm. dirigidas al líder de Podemos y candidato de Unidas Podemos en vísperas de las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2021, Pablo Iglesias, y al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y conteniendo navaja, a la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, e idénticas actuaciones sobre los atentados en Madrid el 11 de marzo de 2004 con el resultado de 193 muertos y alrededor de dos mil heridos.

Es tan deplorablemente anecdótico como trágico que, además de que el peligro público en cuestión haga caso omiso de la reprobación popular, la izquierda sostenga que abuchearle es de antipatriotas al tiempo que alienta el odio a la Patria, tolera la quema de fotos del Rey y de la bandera nacional, o autoriza homenajes públicos a condenados por abominables delitos como ejemplos de libertad de expresión vigorizadores de nuestra democracia, estallando de ira cuando le dicen las verdades del barquero.

Los asistentes al desfile del día de la Hispanidad el pasado martes 12 de octubre que abuchearon a Sánchez no reprobaron a ninguna institución, le dijeron lo que deducen de sus dichos y hechos.

Es evidente que estos socialistas de hoy día ignoran la sentencia del viejo profesor Enrique Tierno Galván, también socialista “El poder es como un explosivo: o se maneja con cuidado, o estalla”.

Efrén Díaz Casal


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Carta del Coronel Efrén Díaz Casal al Sr. D. Frèderic Vallier, Secretario General del Consejo de Municipios y Regiones de Europa, sobre el inefable socialista Abel Caballero

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Sr. D. Fréderic Vallier, Secretario General del Consejo de Municipios y Regiones de Europa (MCR) Sección europea de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos:

Le dirijo estas líneas a título de queja por el incivil comportamiento del todavía presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Abel Caballero Álvarez, por lo expresado en la carta que envío en archivo adjunto de fecha 1 de septiembre de 2021, todavía sin respuesta.

Los demás miembros de esa entidad de su digna presidencia seguro que cumplen las leyes de sus respectivos países, por cuanto la permanencia de Abel Caballero Álvarez supone un desprestigio para la misma y para sus componentes.

Por lo expuesto, solicito la expulsión del Consejo de Municipios y Regiones de Europa (MCR) Sección europea de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos de Abel Caballero Álvarez, por transgredir obstinadamente la ley a pesar de mis reiterados requerimientos y faltar al respeto debido al ciudadano.

Saludos cordiales,

Efrén Díaz Casal

 

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A Abel Caballero Álvarez, alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP): cumpla y haga cumplir la ley. Por el Coronel Efrén Díaz Casal

A Abel Caballero Álvarez, alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP): cumpla y haga cumplir la ley. Por el Coronel Efrén Díaz Casal

Sr. Caballero: Sus inciviles silencios a mis dos misivas anteriores solicitándole que las entidades que preside, Ayuntamiento de Vigo y Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), tramiten legalmente los actos religiosos en la vía pública, me obligan a dirigirle ...
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