Opinión
«Ceuta y Melilla» por Pío Moa
El Francis Drake Institute, disfrazado de Instituto Elcano, es un instrumento intelectual para orientar la política exterior española de acuerdo con los intereses de Londres. Ahora está haciendo campaña para que los políticos españoles manifiesten lo encantados y agradecidos que están tras haber metido al país en la OTAN.
En relación con Ucrania importan cuatro puntos: a) La OTAN no tiene autoridad moral para condenar una invasión cuando ella ha perpetrado ya unas cuantas, destrozando a países enteros. b) La OTAN pretende crear un espíritu de cruzada mundial de las democracias contra las que llama autocracias, es decir, contra China y Rusia. China es un país totalitario y una verdadera superpotencia; Rusia no es una cosa ni otra, y esa política la está empujando a la esfera de influencia china. c) La OTAN dice defender la democracia, pero su ideología LGTBI también impulsada por los comunistas españoles, la ETA y demás, no es democrática, sino una profunda amenaza totalitaria; y las “defensas” de la OTAN han provocado ya enormes matanzas y millones de refugiados. d) Para España, el problema es crucial, porque la OTAN es amiga y aliada de una tiranía que amenaza nuestro territorio, y los dos países dominantes en la “Alianza”, Usa e Inglaterra, ocupan territorio español con bases militares.
La ex ministra Trujillo ha expresado en relación con Ceuta y Melilla lo que tanto el gobierno como el PP como la OTAN piensan en realidad. No pueden, hoy por hoy, expresarlo con palabras, pero sí con hechos. Son todos amigos de la tiranía que quiere apoderarse de estas ciudades españolas.
La evidente colonización cultural y satelización política y militar de España descansan sobre una visión negativa y derrotista de la propia España y su historia, que ha calado en gran parte de la población a partir de una intelectualidad y casta política de ínfima calidad. Creo que cuantos lean Los mitos de la guerra civil y Hegemonía española y comienzo de la Era Europea, adoptarán una actitud más veraz y positiva sobre su propio país.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
