Opinión
El arzobispo castrense de España se descalifica a sí mismo con su ejecutoria. Por el Coronel de Infantería Efrén Díaz Casal
Excmo. y Revmo. Sr. D. Juan Antonio Aznárez Cobo, arzobispo castrense de España:
Desde mi sincero deseo de que el tratamiento protocolario que le corresponde, y que respeto en esta misiva, no sea un simple eufemismo por cuanto pudiera discordar de la ejecutoria de V. Excia. Revma. le envío estas líneas sobre un añejo asunto de suma trascendencia rogándole su lectura.
Reitero a V. Excia. Revma. que el asunto en cuestión deriva de que Esther Gómez Morante, en la fecha de los hechos concejala presidenta del distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid, del partido de extrema izquierda Ahora Madrid, actualmente Más Madrid, prohibió la procesión del Corpus Christi de mi parroquia castrense el domingo 29 de mayo de 2016.
Las atribuciones aducidas por la citada concejala en su resolución prohibitoria vulneran la Ley Orgánica 9/1983 de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, cuyo artículo octavo dispone que “La celebración de reuniones en lugares de tránsito público y de manifestaciones “deberán ser comunicadas” por escrito a la autoridad gubernativa correspondiente por los organizadores o promotores de aquéllas…”
Es obvio que la autoridad gubernativa correspondiente son los delegados o subdelegados del Gobierno según establecen los artículos 73.3 y 75.b) de la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público.
Las autoridades municipales no están consideradas como autoridades gubernativas en ningún texto legal, por cuanto “solicitar autorización al ayuntamiento” para la celebración de actos religiosos en la vía pública vulnera la Ley Orgánica 9/1983 y por añadidura, entre otros, el artículo 14 de nuestra Constitución, al discriminar a la población católica que “solicita autorización” a su respectivo ayuntamiento en lugar de “comunicar” sus actos religiosos en la vía pública a la Delegación o Subdelegación del Gobierno como cualquier otro ciudadano.
Le recuerdo que desde su nombramiento el pasado 15 de noviembre como arzobispo castrense de España, le he enviado 2 correos electrónicos a su cargo de Vicario General de la diócesis de Pamplona-Tudela, sin respuesta hasta la fecha.
Asimismo, al tomar posesión de su cargo de arzobispo castrense de España y ante su silencio a mis 2 correos anteriores, dada la trascendencia del caso, el martes 11/01/2022 le remití un mensaje sometiendo a su consideración unas reflexiones semejantes a las presentes esperando en vano encontrar en V. Excia. Revma. el interlocutor válido para mantener un diálogo racional y constructivo al efecto, volviendo a recibir la descortesía de su silencio.
Estas reiteradas faltas de cortesía revelan una evidente y contumaz animosidad hacia mí que supone una inconveniente respuesta a mi pretensión de que el arzobispado castrense de España respete la Ley Orgánica 9/1983 por motivos aún no explicados por V. Excia. Revma., evidencian una cerrazón mental difícil de superar que trasluce un rencor tan reprobable como impropio de un mitrado.
La ejecutoria de V. Excia. Revma. en el asunto en cuestión coincide con el proceder de la citada concejala prohibitoria Esther Gómez Morante, descendiente ideológica de una fuerza política que en la década de los 30 del pasado siglo asesinó a 6832 miembros del clero católico e institutos religiosos, 13 obispos, 4184 sacerdotes seculares, 2365 monjes y frailes y 283 monjas, y del mismo partido político que la concejala Rita Maestre Fernández que, el 10 de marzo de 2011 y con el torso al aire, encabezó un asalto a la capilla de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense en el que se oía “vamos a quemar la Conferencia Episcopal” y “arderéis como en el 36″.
La inconcebible animosidad de V. Excia. Revma. hacia mí no se compadece ni con su condición eclesiástica ni con mi solicitud de entrevista en mi precitado correo del 11/01/2022 en el que, coincidiendo con sus deseos de recibir la ayuda de su nueva feligresía para trabajar en equipo según manifestó en la toma de posesión de su cargo, le ofrecía mi colaboración para la tramitación legal de actos religiosos en la vía pública.
La reprobable ejecutoria de V. Excia. Revma. está tan lejos del civismo por vulnerar la Ley Orgánica 9/1983 y ofender mi dignidad protegida por nuestra Constitución ignorando mis requerimientos de respetar la ley, como del amor al prójimo, dogma fundamental en el comportamiento del cristiano, no conociendo a ninguno capaz de digerir el rosario de despropósitos precedentes en un prelado.
Los inmediatos colaboradores de V. Excia. Revma. no pueden cometer el irracional y punible disparate de anteponer la obediencia imitando la ejecutoria expuesta, para vulnerar la ley divina y humana, remitiéndoles en todo caso a las páginas 46, 47 y 48 del Manual para la gestión policial de la diversidad religiosa GESTIÓN POLICIAL DE LA DIVERSIDAD RELIGIOSA (esmadrid.com), elaborado con la participación del Arzobispado de Madrid, en las que figura que “la normativa reguladora para la tramitación de actos religiosos en la vía pública es la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del Derecho de Reunión”.
Esta forma de tratar a la feligresía y eludir las indicaciones de otras autoridades eclesiásticas no parece la más adecuada para incrementar las descendentes estadísticas de población católica.
Supongo que V. Excia. Revma. es consciente del lugar en el que se ha posicionado y que todavía puede modificar con un mínimo de civismo respetando a la Iglesia, al prójimo y al ordenamiento jurídico de nuestro Estado de derecho abandonando su proceder, incompatible con meditadas adhesiones y sensatas obediencias, recuperando el lugar que le corresponde entre su feligresía: de su conciencia depende, si lo hace que Dios se lo premie y si no se lo demande.
Desde mi esperanza en que V. Excia. Revma. rectifique equiparándose a los fieles cristianos respetuosos con la ley y el orden, beso Su pastoral anillo,
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
