Sociedad
ChatGPT e inteligencia artificial (iA), una revolución para la humanidad
Millones de personas están jugando en estos últimos meses con sistemas de inteligencia artificial que generan a partes iguales tanto entusiasmo como terror por su potencial infinito.
La inteligencia artificial, la mayor revolución de la humanidad.
El futuro ya está aquí… una vez más. Es la revolución tecnológica que está a punto de cambiar nuestras vidas para siempre y, probablemente, a una velocidad que no tendrá precedentes. Por ejemplo, si buscamos herramientas para facilitar este cambio, un resumidor de textos puede ser la solución perfecta para gestionar documentos de forma eficiente en esta nueva era digital. La industria de la Inteligencia Artificial (iA) lleva años cocinando desarrollos que han permitido dar saltos de gigante en campos como la salud (vacunas), las finanzas (trading), el análisis de datos o el lenguaje (traducción, reconocimiento de voz). La cuestión es que quizá no hemos sido conscientes de esta silenciosa revolución hasta ahora.
Hace dos semanas, la empresa OpenAi, liderada por Sam Altman, Greg Brockman y el omnipresente Elon Musk, abrió al público ChatGPT, un bot de inteligencia artificial que simula a la perfección el lenguaje natural. Ha sido entrenado durante los dos últimos años con espartanos procesos de aprendizaje computacional, torturado con toneladas de bytes y sometido a la dictadura de los algoritmos diseñados por sus creadores.
Es la carta de presentación de una invención que algunos comparan con el descubrimiento del fuego, de la electricidad o internet por sus efectos transformadores para la humanidad. ¿Hay que rebatirles? Me temo que hasta el mayor de los agnósticos debería empezar a creer. Hasta ahora, las iA para el común de los mortales eran fascinantes obras de la ciencia ficción y el cine. Algunas de ellas muy famosas tienen la capacidad de destruir a la humanidad como Joshua (Juegos de guerra) o Skynet (Terminator), mientras que otras como Jarvis (Ironman) pueden llegar a salvarla.
De nuevo, estamos asistiendo a otro salto de la gran pantalla a la realidad. Lo que estamos viendo es solo la punta del iceberg de un nuevo mundo con enormes oportunidades y terribles amenazas a partes iguales. Representa a la perfección el concepto de la ‘destrucción creativa’ de Schumpeter pero llevado al extremo. Es una innovación con la capacidad de hacer un borrón y cuenta nueva en la economía y la sociedad, un antes y un después. Si nos miramos al espejo dentro de diez años es probable que no nos reconozcamos. ¿Se acuerdan cómo vivíamos antes de internet o del teléfono móvil con internet? ¿Y cómo se vivía antes la electricidad, la TV o la radio?
¿Qué hace ChatGPT para ser tan especial?
El ínclito ChatGPT lo mismo es capaz de resumir ‘El Quijote‘ en un número de palabras determinado, que escribe un cuento o poema original con los personajes que el usuario considere. También puede diseñarle una dieta personalizada o crear el código que necesitaba para terminar de programar su web. Además es bastante social en términos de software porque puede sugerirle la función de Excel que no sabía que existía o que se podía hacer… y así hasta el infinito. Es una aplicación que hace cosas, todas las cosas. El usuario acostumbrado a dar órdenes a los asistentes virtuales, como Alexa (Amazon), Siri (Apple), Cortana (Microsoft) o Google Assistant, notará una diferencia como la que separa a la máquina de escribir Olivetti con un Mac.
Entre los riesgos que se asocian a los sistemas de inteligencia artificial, el propio ChatGPT admite que puede provocar la pérdida de empleos al reemplazar y automatizar determinadas tareas, como por ejemplo la de escribir noticias o artículos como este que usted está leyendo. OpenAi -también ha creado Dall-E, el lenguaje de inteligencia artificial que genera imágenes a partir de palabras con diferentes estilos. Las preocupaciones éticas brotan a la par de la presumible adopción masiva que todo ello.
También surgen temores sobre las iA acerca de sus usos malintencionados para ciberataques, espionaje o control de personas. Quien diseñe sus algoritmos y tenga acceso a las directrices de la iA puede dominarlas. Hay sistemas como AlphaZero (Google), Botz (Raytheon), Watson (IBM) con capacidades para liderar escenarios de combate, defensa y toma de decisiones propios de un conflicto. China tiene fama de liderar las iA de sistemas de vigilancia y reconocimiento facial a través de cámaras, pero también las armas cibernéticas capaces de tumbar una red eléctrica.
Como dijo Roosevelt y parafraseó el Spiderman de Stan Lee, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Elon Musk, uno de los impulsores de OpenAi, lleva años debatiendo en círculos tecnológicos acerca de la necesidad de liderar un desarrollo de la inteligencia artificial con sentido ético y por el bien de la humanidad para evitar la regulación o los temidos malos usos. Tesla, la empresa de coches más valiosa del mundo, usa las iA para los sistemas de conducción autónoma y gestión energética. Pero incluso él mismo se ha mostrado sorprendido por el alcance de lo conseguido por el equipo de ChatGPT. «Es terriblemente bueno. No estamos lejos de una inteligencia artificial peligrosamente fuerte».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
