A Fondo
China adopta unas maliciosas normas de «ciberseguridad»
Por Gordon G. Chang. El 1 de enero, entra en vigor la Ley de Criptografía de China. Esta legislación sigue a la implementación el 1 de diciembre del Esquema de Protección Multinivel 2.0, emitido al amparo de la Ley de Ciberseguridad de 2016.
En conjunto, estas medidas demuestran la absoluta determinación de Pekín de confiscar a las empresas extranjeras todas sus comunicaciones, sus datos y otra información almacenada en formato electrónico en China.
El presidente Trump debería usar sus poderes de emergencia para prohibir a las empresas estadounidenses cumplir las nuevas normas o almacenar datos en China.
Después de que todas estas normas de «ciberseguridad» estén vigentes, ninguna empresa extranjera podrá encriptar los datos para evitar que pueda leerlos el Gobierno central chino y el Partido Comunista de China. Con otras palabras, las empresas tendrán que entregar sus claves de cifrado.
A las empresas también se les prohibirá emplear redes privadas virtuales para mantener los datos en secreto, y algunos creen que ya no podrán usar servidores privados.
El sistema de Pekín, una vez implementado, será tan invasivo que las autoridades chinas ya no necesitarán pedirles a las empresas extranjeras que entreguen los datos. Los funcionarios chinos podrán simplemente tomar esos datos por su cuenta.
«Una vez que los datos cruzan la frontera china en una red —escribe Steve Dickinson en el China Law Blog—, el 100% de los datos estarán íntegramente a disposición del Gobierno chino y el PCC.»
La completa visibilidad de Pekín en las redes de las empresas extranjeras tendrá consecuencias sumamente perjudiciales, señala Dickinson. Primero, la ley china permitirá a los funcionarios chinos compartir la información confiscada con las empresas estatales. Esto significa que las empresas estatales podrán usar esa información contra sus competidores extranjeros.
Segundo, las nuevas normas de China, casi seguramente, harán que las empresas extranjeras pierdan la protección del secreto comercial en todo el mundo. Un secreto comercial pierde su estatus como tal cuando se divulga ampliamente. Una vez que una empresa permite que ese secreto entre en su red china, la empresa debe saber que Pekín lo sabrá. «Puesto que ninguna empresa puede razonablemente asumir que sus secretos comerciales seguirán siendo secretos una vez sean transmitidos a China por una red de control chino, corren el gran riesgo de que también se evapore la protección de sus secretos comerciales fuera de China», escribe Dickinson.
Tercero, el programa de ciberseguridad de China expone a las empresas a sanciones por vulnerar las leyes estadounidenses de exportación de tecnología. Las empresas han asumido que la tecnología cubierta por las prohibiciones de exportación estadounidenses no se «exporta» si se mantiene en una red china protegida por el cifrado de extremo a extremo, es decir, que no esté a disposición de las autoridades chinas. Como a las empresas ya no se les permitirá encriptar los datos de extremo a extremo, es casi seguro que se considerará que vulneran las normas estadounidenses respecto a la tecnología almacenada en una red de China.
No todos los analistas están alarmados por las medidas chinas del 1 de diciembre. James Andrew Lewis, por ejemplo, sostiene que las nuevas normas de Pekín son un «esfuerzo legítimo» de proteger las redes en China. Además, argumenta que los chinos no necesitan el Esquema de Protección Multinivel 2.0 para obtener información, porque pueden robar toda la que quieran con sus grupos avanzados de hackers APT (amenaza persistente avanzada, por sus siglas en inglés). «Su intención no es utilizarla con fines maliciosos», arguye Lewis, refiriéndose a los funcionarios chinos.
Se desconoce cómo Lewis, un experto en tecnología del Center for Strategic and International Studies, de Washington, puede saber cuál es la intención de los funcionarios chinos. Además, decir que esa intención es benigna parece ingenuo —ridículo, incluso—, cuando ese país está robando cientos de miles de millones de dólares de propiedad intelectual estadounidense cada año, y cuando el dirigente chino Xi Jinping prosigue sus decididos ataques contra las empresas extranjeras. En estas circunstancias, hemos de asumir que los funcionarios chinos están actuando con intenciones malignas.
Lewis también restan importancia a la cuestión básica de que los ciberespías de China, una vez que tengas las claves de cifrado y acceso a la red china de una firma extranjera, estarán en mejor posición para penetrar las redes de esa firma fuera de China. Por lo tanto, será sólo cuestión de tiempo que Pekín robe datos y saque a las empresas del mercado o las arruine hasta el punto de que entidades chinas puedan abalanzarse y comprarlas baratas. Muchos alegan que China robó datos a Nortel Networks, de Canadá, y que así la llevó a la bancarrota hace casi una década. La empresa quedó, según el Financial Post, «hackeada hasta dejarla hecha pedazos».
Por último, Lewis, del CSIS, no reconoce que las normas de Pekín del 1 de diciembre legitiman en general la regulación de China y su función de custodio de la información, es decir, el robo de China.
El senador Josh Hawley es, con razón, más suspicaz respecto a las intenciones de Pekín. En noviembre, el republicano de Misuri presentó un proyecto de ley, la Ley de Protección de Datos y Seguridad Nacional de 2019, que prohíbe a las empresas estadounidenses almacenar los datos de usuario o las claves de cifrado en China. Por supuesto, las empresas tecnológicas que hacen negocios en ese país están en contra de este proyecto de ley.
Sin embargo, hay quienes, con un trazo de pluma, pueden implementar el proyecto de ley de Hawley. El presidente Donald John Trump puede usar sus amplios poderes al amparo de la Ley de los Poderes Económicos de la Emergencia Internacional de 1977 para prohibir a las empresas que acaten las perniciosas nuevas normas o almacenen sus datos en China.
La lógica de esa orden presidencial tan radical es que al pueblo estadounidense le interesa que China no se haga con el control de las empresas estadounidenses que operan allí, una probable consecuencia de la aplicación de las medidas del 1 de diciembre y el 1 de enero.
Esa orden de emergencia obligaría efectivamente a las empresas estadounidenses a salir de China, así que este paso sería drástico. Sin embargo, es China, con su captura de datos increíblemente ambiciosa, la que está forzando esa cuestión.
El pueblo estadounidense tiene un interés vital en la protección de los datos estadounidenses. Trump debería emitir dicha orden de inmediato.
(Gatestone Institute)
A Fondo
Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.
