Sucesos
Cinco inmigrantes búlgaros menores de edad violan en manada a una discapacitada de 18 años en Alemania
Escándalo en Alemania por un nuevo caso de una ‘manada’ donde todos los miembros tienen entre 12 y 14 años y son menores no acompañados. Cinco chicos menores de edad, dos de 12 y tres de 14, han sido detenidos en Alemania por violar en grupo a una chica de 18 en un parque.
La chica, con una discapacidad intelectual leve, había quedado con su novio en un parque de la ciudad de Mülheim an der Ruhr, y, cuando el chico se marchó, uno de los sospechosos se acercó con un amigo y la invitaron a seguirles para enseñarle «una cosa divertida», según recoge el diario Bild. La joven, que conocía al agresor, los siguió hacia una zona de bosque, donde había tres chicos más, y allí la violaron y agredieron mientras lo grababan todo en vídeo, según denunció la misma víctima.
Unos vecinos que pasaban por allí encontraron a la chica alertados por su perro, que no paraba de ladrar. También había dos de los menores, que salieron corriendo. Poco después, sin embargo, la policía encontró a los cinco sospechosos, todos de nacionalidad búlgara. Dos de los chicos son inimputables porque tienen menos de 14 años y los entregaron a sus padres. Los servicios sociales, sin embargo, los seguirán de cerca para intentar tomar medidas correctivas. Los otros tres, de 14 años, los dejaron en libertad con cargos después de declarar ante la policía y serán juzgados.
Ahora, la policía teme que los jóvenes, por el hecho de haber quedado en libertad, puedan pactar su declaración para poner en duda el testimonio de la víctima, y también han expresado el miedo a que, por su juventud, acaben librándose de la prisión o con una pena muy escasa.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
