España
Concejala ultraizquierdista canaria cree que el coronavirus es un aviso de la naturaleza contra el exceso de viejos en la Tierra
La concejal de Somos Lanzarote (coaligado con Podemos) en el Ayuntamiento de Arrecife, Elisabeth Merino, ha afirmado que el coronavirus «es un aviso de la naturaleza de que puede ser que estemos llenando la Tierra de muchas personas mayores y no de jóvenes”.
En una radio local de Lanzarote, esta concejal de un partido «de izquierdas y ecologista» lanzó hace unos días su particular «teoría». Según Merino, sería la propia naturaleza quien ha lanzado el coronavirus para dar un toque a la humanidad porque hemos colapsado el planeta con demasiados ancianos.
«Yo pienso que ahora mismo el virus sólo está atacando a personas mayores, no a los jóvenes ni a los niños. No hay ningún caso que se haya detectado a ningún menor, sólo a las personas mayores. Pienso que este virus que ha mutado ya dos veces para que no lo pillen, creo que nos está dando la naturaleza un aviso de que puede ser que estemos llenando la Tierra de muchas personas mayores y no de jóvenes».
Sorprende que a la concejala izquierdista se le escapara un detalle que le ayudaría a responderse a sí misma. Si en países como España hay menos jóvenes que ancianos se debe sobre todo a la promoción del aborto por parte de ideologías como la que ella defiende.
España destina casi diez veces más por año a abortos que al cuidado prenatal: 34 millones de euros a financiar el aborto por año y 3,6 millones a la mujer embarazada.
Cada día hay un promedio de 300 abortos en España. Cada año, alrededor de 100 000 menores son abortados en España, que en la última década asciende a más de un millón. Existe un desamparo legal para esos menores que genera un impacto social.
Si su preocupación fuese sincera, la edil feminista tendría que empezar por denunciar las prácticas abortistas, que ha provocado una población cada vez más envejecida y una inmigración salvaje promovida desde los gobiernos. La consecuencia evidente es que se va, deliberadamente o no, a la progresiva sustitución de la población española (cultural y genética), por una amalgama cultural y étnica de origen fundamentalmente africano. Un pueblo envejecido es un pueblo sin futuro, y un pueblo sin cultura propia se disuelve en la nada.
Tras la polémica que han generado sus manifestaciones, la concejala canaria ha querido rectificar sus palabras:
“Pienso que me expresé mal. No supe trasladar correctamente una opinión, puesto que no soy ni mucho menos una experta en esta cuestión. Me equivoqué en este tema”, ha afirmado la edil, después de que este fin de semana se haya hecho viral el corte con esas declaraciones, que se han compartido por distintas redes sociales.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
