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Opinión

Condenado. Por Eduardo García Serrano

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Camina lento, como el verso de Rudyard Kipling“…si marchas junto a Reyes con tu paso y con tu luz…” Ni retrasa lo inevitable ni lo precipita. Marca la cadencia de sus pasos como siempre marcó la de sus necesidades, nacidas todas ellas de su renuncia a aceptar acomodos bastardos, sin prisa y sin lamentos. La sentencia espera, y él no espera ni justicia ni gracia ni clemencia. Tampoco las quiere. Al fin, serían deudas, gratitudes que siempre te vienen a buscar poniéndote en la encrucijada de la renuncia. Y en la renuncia no hay épica, sólo excusas. En la renuncia no hay ética, sólo el mapa del atajo. Lo sabe porque lo mamó en sus biberones y porque lo vio en la conducta, vertical como una pica de los Tercios Viejos, de su padre. También lo sabe porque ha visto los efectos devastadores de la abdicación de la lealtad en muchos hombres destruídos por la opulencia de la oportuna renuncia. Lo ha visto en sus sonrisas alicatadas de hastío y en sus miradas en las que solo se mecen la vergüenza y la nostalgia. Están podridos, también de dinero.

El juez espera, y él va a la sentencia como un templario, como un legionario de los del Tercio de Extranjeros, no de los que, cien años después, desfilan en las Misiones de Paz de la OTAN. El juez y la sentencia, preconcebida, apriorística, le están esperando mientras él espera más allá del punto de no retorno porque, Señoría, cuando condenamos a un inocente, ya no hay retorno. Ya, ya sé que Dura Lex, sed Lex. Y así debe ser, pero cuando la Ley que interpretas y aplicas está emponzoñada de odio, la ética de la Justicia se desvanece como el Honor en la disciplina y la Libertad en la tiranía. Y es entonces cuando renuncias a ser Juez para mudar en arriero de la injusticia. En eso te conviertes, en un mulero con toga que carga sobre la grupa y los lomos de su conciencia con los fardos de la venalidad y la prevaricación, como Poncio Pilatos.

Los jacobinos codificaron las leyes de la tiranía, hicieron jueces y fiscales a sus sicarios y a sus sicofantes y, al amparo del lema “Entrégame tu conciencia y te haré libre”, convirtieron en reo de muerte, de exilio y de expropiación a todo aquel que no renunciase a su calidad y a su cualidad de Hombre. La Ley de Memoria Democrática y su última adenda, redactada y firmada por la zarpa de ETA, hace exactamente lo mismo porque ellos, los etarras y los socialcomunistas, son los mismos que llenaron de libertad el éxodo, la diáspora y el exilio, de igualdad el pillaje y el saqueo, y de fraternidad la guillotina. Son los mismos los que hoy te condenan por gritar ¡Viva Franco!, ¡Viva Cristo Rey! y ¡Arriba España! Ni renuncies ni abdiques, porque si lo haces ya no hay retorno. Ve a la sentencia y a la condena como una pica de los Tercios Viejos y regálale a Poncio Pilatos esa sonrisa esquinada, capaz de aliviar el estreñimiento más pertinaz, con la que sólo los inocentes y los valientes condenados son capaces encarar la injusticia.   

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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