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Sociedad

Congoja generalizada en la derechita cobarde con Feijóo al frente. El ‘clan gallego’ del PP asume la realidad que les viene: «Abascal pedirá un ministerio»

Redacción

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El Partido Popular sabe que necesita a Vox para gobernar. En el mejor de los casos, el ‘clan gallego’ de Alberto Núñez Feijoo es consciente de que no podrá gobernar en solitario. Y el problema es que no tienen cintura política para llegar a pactos con terceras agrupaciones como sí tiene Pedro Sánchez. El problema es que en Génova son conscientes, según fuentes del PP confirmadas también por fuentes de Vox, que Santiago Abascal no buscará un acuerdo programático para apoyar a Alberto Núñez Feijoo Feijoo, sino que directamente exigirá ministerios. Y ya están preparando el terreno para ello.

El Partido Popular espera seguir la misma estrategia del presidente de Andalucía, pero los resultados no serán ni parecidos. El PP quiere arrancar todos los votos posibles del seno de Vox y sabe que después de haber hecho desaparecer a Ciudadanos el objetivo es recuperar parte de su viejo electorado en el partido de Abascal. Sin embargo, los cruces de acusaciones y los ataques políticos se han recrudecido y dificultarán en un futuro las negociaciones de dos formaciones que están condenadas a entenderse si quieren sacar a Pedro Sánchez de La Moncloa tan pronto como se acaben las elecciones generales. Desde Génova lo saben, pero también son conscientes de que Abascal no regalará su apoyo.

Abascal pedirá ministerios. Esto como poco. Si los resultados son mejores de los esperados, solicitará incluso una vicepresidencia. De hecho, desde Génova saben que el presidente de Vox imitará a Pablo Iglesias e incluso elevará el tono. El ‘clan gallego’, sin embargo, está convencido de que la mejor estrategia es imitar al presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, dejando de lado a Vox, pero Feijoo está todavía muy lejos de la mayoría absoluta ubicada en 176 diputados. Condenados a entenderse, sí, pero el PP no parará de dar golpes a sus futuros socios de gobierno para menguar sus posibilidades.

En Génova han asumido, aún así, que está convencidos de que tendrán que ceder. El problema es que Vox tenga mucha más fuerza de la que se esperan. Dar un ministerio entra en sus planes, pero no entregar varios o dar alguno de Estado como el de Interior, una de las obsesiones de Vox. La formación de extrema derecha no regalará su apoyo, pero no solo llevará a cabo esta práctica en el Gobierno tras las elecciones generales, sino que también lo aplicará a las comunidades autónomas e incluso a los municipios. Vox está en plena guerra con el PP pese a que son conscientes de que los populares no tienen cintura para buscar apoyos en otros partidos.

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Santiago Abascal ha conseguido lo que quería. De hecho, manejan encuestas internas en las que se refleja que la moción de censura les ha beneficiado. Aún así, lo cierto es que no tienen ya esa proyección política que tanto atemorizaba al Partido Popular. Las encuestas dan 140 diputados a Feijoo en uno de los mejores casos y a Vox lo necesario para que lleguen a la mayoría absoluta. Sea como sea, en el PP saben que por mucho que utilicen el argumento de que «o Sánchez o nosotros», en Vox no se dejarán llevar por la amenaza. El PP va asumiendo paso a paso que tendrán que ceder algún ministerio que otro o que incluso en el peor de los casos tendrán que ceder una vicepresidencia, como hizo el PSOE con Podemos.

El ‘clan gallego’ aún así tiene claro que la estrategia electoral tiene que ser la misma que han seguido en Andalucía y atacar de plano a Santiago Abascal, a Vox y a todo lo que tenga que ver con Iván Espinosa de los Monteros. Hay voces en Génova que aseguran que esto traerá dificultades y problemas serios a la hora de negociar con Vox, pero los gallegos están más que dispuestos a llegar hasta el final porque confían en que su estrategia les lleve a mejorar su posición frente a Vox además de que creen firmemente que los de Santiago Abascal no llegarán hasta el final con sus amenazas de dejar que Sánchez revalide su cargo.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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