Opinión
Crece la desconfianza en este Gobierno. Por Jesús Salamanca Alonso
Muchos empresarios destinaron importantes cantidades de personal para optar a las ayudas y ahora comprueban que el Gobierno socialcomunista no sabe qué hacer con esos fondos.
Hay que ser muy cafre, como ha manifestado serlo Yolanda Díaz, para decir que la culpa de la inflación la tienen los beneficios empresariales.
Sólo entiendo esta bofetada dialéctica al mundo empresarial desde el analfabetismo de la ideología comunista, donde la culpa siempre es de otros, nunca de ellos y de su demostrada ineficacia. Vamos a ver: esta señora, vicepresidenta de un Gobierno para más ‘inri’, ¿no sabe explicar lo que es un ERTE y ya tiene los datos necesarios para asegurar quién o quiénes son los culpables de la inflación?
Lógicamente, si la ministra «Tucán», llegada del fracaso de las «mareas» gallegas, tiene todos los datos para saber quién ha generado la inflación, también tendrá esos de quién ha destrozado el mal llamado «escudo social» y quién no sabía cómo arrancar para afrontar la pandemia y, desde luego, debe de saber por qué en las listas de fallecidos durante la pandemia faltaban por contabilizar 30.000 personas.
Es muy duro escuchar a un empresario que la mayoría de los fondos no tendrán el destino para el que fueron aprobados. Esa es una prueba de la poca o nula confianza que la ciudadanía tienen en este desgobierno agotado y fallido. Muchos empresarios destinaron importantes cantidades de personal para optar a las ayudas y ahora comprueban que el Gobierno socialcomunista no sabe qué hacer esos fondos. Parece que lo único que conoce con certeza es hacérselos llegar a su clientelismo, tal y como hace con los sustentadores de chiringuitos o como canalizaba el gasto en Andalucía para hacerlos llegar a los lupanares donde los altos cargos gastaban el dinero robado a los parados y jamás devuelto.
Las mismas críticas que hacen muchos empresarios a la distribución de los fondos europeos, también se hace desde las comunidades autónomas, las cuáles no se cansan de aventar el caos y desorden que representa el Gobierno socialista en el reparto desigual y vergonzoso. «Los fondos vienen predeterminados desde Moncloa y no son iguales las necesidades en Andalucía que en las provincias Vascongadas», dice un insigne empresario cuya identidad preferimos no revelar por prudencia.
El caso es que el Gobierno está muy nerviosos porque el Banco de España le enmienda la plana cada vez que habla, incluso ha llegado a afirmar que ese tipo de ayudas no sirven para nada y menos aún para atraer inversiones. Pablo de Cos ha vuelto a poner al Gobierno contra las cuerdas y frente al espejo de sus permanentes contradicciones.
Este desdichado capítulo de los fondos europeos me recuerda constantemente al nefasto “Plan E” de Rodríguez Zapatero, donde se pusieron a arreglar calles que no lo precisaban y a los cuatro días tuvieron que levantarlas por la cantidad de deficiencias acumuladas, incluidas tuberías que carecían de caída o acometidas que aparecieron taponadas. ¡Cómo se nota que se dispara con pólvora del rey! La mala gestión de este Gobierno ya indigna a la calle: no hay más que ver cómo reciben a Sánchez y a Marlasca allí donde acuden. Al segundo han llegado a echarlo de un pueblo de Zamora.
Este desgobierno sociocomunista es como el caballo de Atila: todo lo arrasa por donde pasa. Miren a la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, que ya no acierta ni cuando rectifica. Sánchez, por otra parte, viene demostrando una inutilidad continuada al no saber dar soluciones a la desmadrada subida energética. Las medidas de ahorro energético son su cruz y pueden ser su tumba.
En fin, a todas las barbaridades cometidas por este Gobierno ruinoso y plagado de «muñecas juguetonas», que no dan la talla, hay que añadir que España va a rebasar en más de 2.000M de euros el límite del gasto público que autoriza la Unión Europea. Para miccionar y no echar ni gota.
Pedro Sánchez ha envenenado la economía española, como la envenenó Rodríguez Zapatero. Veremos por dónde sale el Gobierno que suceda a esta banda de incompetentes e inútiles. Bien es verdad que esa película ya la hemos visto en la herencia corrompida, pervertida, adulterada, emponzoñada e intoxicada que dejó Zapatero a Rajoy. ¡Y eso que era una economía de «champion league», según el «Bambi» leonés!
No sé si llegaremos a 2023 con este Gobierno de incendiarios y aprovechados cabestros, pero, si llegamos, entre la supuesta revalorización de las pensiones, la subida salarial del sector público y los desorbitados intereses de la deuda llevarán el gasto a 17.000M de euros en 2023. Y eso está muy encima del tope que marca la UE.
De momento el IBEX-35 ha cargado la escopeta de la inmovilidad y el BCE achucha a los hipotecados. Agosto solo es un paréntesis. A partir de septiembre puede suceder cualquier cosa. El socialismo se hunde y el comunismo lleva tiempo embarrancado en su propio albañal.
España es el país que peor gasta el dinero que recibe de Europa. Tiene la peor ejecución. Está en el vagón de cola y, desde el punto de vista económico, es el país que más desprecio recibe de todos los demás, incluidos Rumanía, Eslovaquia y Croacia. Miedo me da el otoño.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
