Opinión
Todo lo que que querías saber sobre la nueva «Ley de Memoria Democrática» pero no te atrevías a preguntar. Por el Dr. Juan Manuel Jiménez Muñoz
1-A ver, doctor. ¿Cuál es el objeto de esta Ley, a estas alturas de la vida?
Fácil. Lo dice el preámbulo: “promover la reparación moral de quienes padecieron violencia por razones políticas o ideológicas durante el período comprendido entre el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la Guerra Civil, la Dictadura franquista, y hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978. Se declara el 8 de mayo, fecha de la victoria europea sobre el fascismo y el nazismo, como día de homenaje a las víctimas”.
2-Doctor. Parece entenderse, en ese preámbulo, que las víctimas son, especialmente, los asesinados, maltratados, encarcelados o exiliados por la opresión fascista, nazi y franquista en España. ¿Esto es así, doctor, o sólo lo parece?
No sólo lo parece: es así. Ése el espíritu de la nueva Ley de “Memoria Democrática”. Y no sólo ellos son las víctimas, sino (como dice la Ley) también sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. O sea: gente que no ha nacido todavía. De hecho, se calcula que el siglo que viene, en el año 2130, podría haber todavía miles de víctimas del franquismo, centenares de víctimas de Napoleón y decenas de víctimas de Viriato.
3-Pero doctor, ¿Y los muertos durante la Guerra Civil a manos de los anarquistas, o de los socialistas, o de los comunistas, o de los trotskistas?
Pelillos a la mar, so facha. Pase el siguiente.
4-Pero vamos a ver, doctor. Si el fascismo nació en los años veinte del pasado siglo, ¿por qué la Ley no ha incluido a las víctimas anteriores al 18 de julio de 1936?
Fácil. En España, en el periodo comprendido entre 1926 y el 18 de julio de 1936, apenas hubo unas cuantas “víctimas del fascismo” (fundamentalmente por el pistolerismo de Falange en 1936). Sin embargo, de ampliar hacia atrás el periodo, hubiese sido necesario incluir en la Ley a las innumerables víctimas de la Segunda República y de los partidos y sindicatos obreros que la sustentaban. En ese sentido, hubiese quedado muy feo tener que incluir como víctimas a los anarquistas de Casas Viejas (1933), al diputado monárquico José Calvo Sotelo (asesinado por policías socialistas en 1936), a los asesinados por los separatistas de Esquerra Republicana en el Golpe de Estado contra la República de 1934 (que la República tuvo que sofocar a tiros), a los asesinados en la Revolución de Asturias de 1934 (donde los marxistas dinamitaron la catedral de Oviedo y dieron el paseíllo a infinidad de católicos), y a los cientos y cientos de sacerdotes, curas, monjas, obispos, sacristanes y monaguillos perseguidos o asesinados en los incendios de iglesias del 13 al 14 de mayo de 1931 (justo un mes después de proclamarse la Segunda República, sin provocación previa de nadie y sin venir a cuento de nada).
5-La nueva Ley, en su preámbulo, afirma que las víctimas del franquismo lo son hasta el 29 de diciembre de 1978, día en que entró en vigor la Constitución actual. ¿Hay alguna excepción a esta regla?
Sí. Y muy gorda. Para contentar a los socios de Bildu y lograr sus votos en la tramitación de la Ley, el Partido Socialista ha añadido una disposición que extiende la inaudita consideración de “víctima del franquismo” al periodo comprendido entre diciembre de 1978 y diciembre de 1983. De esa forma, los Gobiernos de Adolfo Suárez, de Leopoldo Calvo-Sotelo y de Felipe González quedan también bajo la sospecha de “franquistas y represores”. Y por eso, a esta Ley se la está empezando a conocer como “Ley Bildu”.
6-Pero doctor. Si Franco murió en 1975 y la Constitución se aprobó en 1978 ¿qué sentido tiene extender el franquismo hasta diciembre de 1983?
Fácil. Tiene el sentido de considerar héroes represaliados a los etarras perseguidos por el malévolo Estado Español mientras cavilaban cómo poner bombas para cargarse la incipiente democracia. En algunos casos, también serán víctimas del “franquismo” (y dignos de “Memoria Democrática”) aquellos etarras asesinos, o candidatos a asesinos, a los que, accidentalmente, les estalló un “petardo” en la cara mientras se dirigían a realizar una inestimable acción democrática en algún cuartel de la Guardia Civil o en algún Hipercor de España. Y también serán héroes de la resistencia “antifranquista” los terroristas del FRAP, que a punto estuvieron de cargarse la incipiente democracia (entre ellos un pariente muy cercano de Pablo Iglesias), y los terroristas-separatistas catalanes de Terra Lliure que, entre otros muchos milagros, le pegaron un tiro a Federico Jiménez-Losantos. (Nota mental: estoy seguro de que, justo en este momento, algún demócrata pata negra acaba de pensar: “lástima que sólo le dieran en la pierna”).
7-Doctor. Cuando la “Ley Bildu” entre en vigor… ¿podré echar pestes de Franco, de José Antonio, de los militares franquistas, de don Pedro Muñoz Seca, del rey Juan Carlos, de Suárez, de Calvo-Sotelo, de Felipe González y de los policías que crearon el Batallón Vasco-Español o el GAL?
Podrás, podrás. De hecho, ya puedes.
8-¿Y si se me ocurre hablar bien, u homenajear a semejantes personajes?
Estarás perdido. La nueva Ley castiga con multas importantes a quienes piensen otra cosa diferente a lo que dice la Ley, que es lo que dice Bildu, que es lo que decía la ETA.
9-Doctor. ¿Podré echar pestes algún día de Largo-Caballero, de Santiago Carrillo, de Enrique Líster, de Juan Negrín, de Rafael Alberti, de Dolores Ibárruri, de Buenaventura Durruti, de Andrés Nin o de Indalecio Prieto?
Jamás de los jamases. Son santos laicos que ya se sientan en el coro de los ángeles a la diestra del Señor. O a la siniestra.
10-Pero, en cambio… ¿podré hablar bien de los etarras encarcelados?
Podrás, podrás. Y no sólo eso: podrás asistir en directo a todos los homenajes que se les siguen realizando cuando salen de la cárcel sin terminar de cumplir sus condenas. Ten en cuenta que son gudaris, soldados vascos que han luchado noblemente “por la consolidación de la democracia” (sic) y en contra de la dictadura. Y encima, hemos de estar agradecidos de que la nueva “Ley Bildu” sólo haya prolongado su heroicidad hasta 1983, y no hasta 2025. Por el culo te la hinco.
11-Doctor. ¿Mejorará la convivencia entre españoles con esta nueva Ley de “Memoria Democrática”?
Hombre, pordióbendito, dónde va a parar. Hay tres mil quinientos millones de tataranietos buscando ansiosamente a sus tres mil quinientos millones de tatarabuelos republicanos, todavía en las cunetas de España, víctimas del canalla Francisco Franco. Eso es una prioridad nacional más grande que los incendios, que la crisis económica y que el coronavirus. Y además: son tres mil quinientos millones de tataranietos, una enormidad en comparación con los insignificantes 329 asesinatos de ETA que aún quedan sin resolver, cuyos hijos y viudas suplican una respuesta. Bah, bah… Adelante con la Ley.
12-Doctor, doctor. Cuando el próximo mes de septiembre entre en vigor la nueva “Ley Bildu”… ¿podrá usted escribir las chorradas que escribe?
En absoluto. Yo, desde septiembre, ni mú. No tengo vena de mártir. Dejando aparte las abultadas multas que prevé la Ley, por sarcasmos más sutiles que los míos le pegaron cuatro tiros a don Pedro Muñoz Seca. Fue en el cuello. En Paracuellos. Era un fascista de tomo y lomo, como todo el mundo sabe. Y quienes lo tirotearon, unos defensores de la democracia dignos beneficiarios de la “Ley Bildu”. Yo prefiero morir en la cama, con 40. Digo de fiebre. Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.
Firmado:
Estupefacto.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
