Deportes
Cristiano Ronaldo, obligado a «encerrarse» en Portugal si EE.UU. pide la extradición
El caso de la presunta violación de Cristiano Ronaldo a Kathryn Mayorga se complica en Estados Unidos y comienza a plantearse la hipótesis de que el tribunal de Nevada encargado del caso llegue a pedir la extradición del jugador de la Juventus de Turín.
Si tal eventualidad aconteciera, Italia debería entregar al delantero a su país de origen, Portugal, en virtud del acuerdo de libre circulación de ciudadanos en el seno de la Unión Europea. Así las cosas, Lisboa no lo extraditaría en absoluto, puesto que una cláusula legal en el país vecino establece que ningún ciudadano luso puede ser enviado a otra nación aunque se demostrase que hubiera cometido un delito allí. ¿Tendría que desplazarse a Las Vegas para declarar, si se le requisiera? No sería necesario porque podría solucionarse a través de una comparecencia por videoconferencia.
Por si no tuviera suficiente con esto, Leslie Stovall, una de las abogadas de la mujer que acusa a CR7, acaba de manifestar que una segunda joven se ha dirigido a ella para testimoniar que, según ella, también fue violada por el cinco veces ganador del Balón de Oro y exemblema del Real Madrid. Además, el FBI podría involucrarse en la investigación, o al menos así lo ha pedido Mayorga.
A raíz de esto, Cristiano Ronaldo ha decidido contratar a David Chesnoff, el abogado de las estrellas, quien ya defendió en su momento a Michael Jackson, Paris Hilton y Leonardo Di Caprio. Hoy se halla con el sumario de Harvey Weinstein entre manos. Se trata de un abogado criminalista de gran prestigio, que cobra una cifra astronómica pero suele garantizar una eficacia probada, tal cual pueden atestiguar otros famosos, como Shaquille O’Neal, Mike Tyson, André Agassi o David Copperfield. Su estrategia no pasará únicamente por proteger a Cristiano de los delitos que le imputan, sino que contraatacará para solicitar una fuerte indemnización a la demandante por daños y perjuicios.
Acuerdo firmado
Ella dice que se negó hasta en tres ocasiones a mantener una relación sexual con el delantero, pero que él acabó forzándola. Inicialmente, quiso denunciarlo, pero los dos llegaron a un acuerdo, sellado en un documento en el que la mujer estadounidense aceptaba 325.000 euros a cambio de olvidarse del asunto.
¿Dónde estaba ese papel? A buen recaudo en el domicilio de la demandante, que ahora lo saca a la luz y lo difunde a todo el planeta desde un semanario alemán de gran tirada, «Der Spiegel». La explicación no es otra que sus abogados ven motivos suficientes para formalizar un proceso judicial, una cuestión que se interpreta en Portugal como un posible intento de obtener una mayor compensación económica. En la tierra natal de CR7, el asunto ha caído como un jarro de agua fría e incluso se alzan las voces que apuntan a que nada de esto habría ocurrido si el goleador no hubiese puesto rumbo a Italia.
Deportes
Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
