Sociedad
Críticas al alcalde de Madrid por colocar la bandera de España por encima de la del colectivo gay
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ha defendido la colocación de una bandera de España en la fachada de Cibeles un día antes de desplegar la LGTBI con motivo del Orgullo, y rechaza también que la enseña arcoíris haya sido relegada al quedar situada en el lateral izquierdo de la fachada.
El Ayuntamiento desplegó ayer una bandera de España en la fachada de Cibeles como respuesta al lazo amarillo que cuelga en el consistorio de Barcelona. Días antes, Vox había criticado que el nuevo Consistorio hiciera ondear la enseña arcoíris, y les pidió colocar una bandera de España, informa Ep.
Tras asistir al debate ‘el perfil del político del siglo XXI’ en la Universidad Francisco de Vitoria, el regidor ha indicado que le extraña que «a alguien le pueda molestar esa colocación de bandera de España de esas características», más aún «cuando en el Ayuntamiento de Barcelona, donde gobierna el PSOE de Cataluña y ha prestado sus votos a Ada Colau, hay lazos amarillos que insultan al Estado de Derecho y a la democracia española diciendo que aquí hay presos políticos cuando hay políticos presos».
«En la ciudad de Madrid tenemos clarísimo nuestro compromiso con España como capital de la nación y nuestro compromiso con el orden constitucional», ha precisado Almeida, quien considera que están acertando con las banderas colocadas.
Y es que considera que la bandera LGTBI es representativa «de un evento que da referencia internacional a Madrid», pero Almeida ni patrimonializará el Orgullo, ni repartirá carnés «de buenos y malos».
«Situamos al Orgullo en sus justos términos, la ausencia de politizacióny el intento de secuestro por parte de la izquierda», ha apuntado.
Por su parte, Villacís ha indicado que «no debería ser noticia que se cuelgue una bandera de España y otra arcoíris, porque resumen muy bien lo que es España». Además, Villacís ha asegurado que la colocación de esta bandera de España se había pensado hace tiempo, pues «esta bandera representa a todos los ciudadanos». También ha puntualizado que «en ningún caso» la bandera LGTBI ha sido relegada.
Por su parte, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, trasladó este viernes al Ayuntamiento de Madrid que hoy, Día del Orgullo LGTB, la bandera arcoíris debe ocupar «un sitio preferente», después de que el Consistorio madrileño colgara una rojigualda gigante en la fachada principal de Cibeles, desplazando la bandera LGTB a un lateral, informa Servimedia.
«Tenemos una bandera magnífica que es roja y amarilla que nos representa a todos nosotros; hoy es 28 de junio y todos los que queremos esa bandera, si somos realmente baluarte de los derechos humanos, sabemos que la bandera arcoíris y la bandera transexual tendrían que estar hoy en un sitio preferente», declaró el ministro a la prensa en el Instituto Cervantes, donde se celebra un acto con motivo del Orgullo.
Asimismo, recordó que hoy se cumplen 50 años de las revueltas de Nueva York en el Stonewall Inn, donde un grupo de personas LGTB se levantó contra la represión. «Nos hicieron a muchos recapacitar y ser conscientes de que únicamente uno puede ser feliz manifestándose como realmente es y encarando la vida de ese modo», añadió.
Marlaska pidió evitar cualquier «retroceso» en materia de derechos LGTB.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
