Sociedad
La ola de calor en España deja ya al menos dos muertos
La ola de calor que azota a España estos días ha dejado ya dos muertos, un joven de 17 años en Córdoba y un anciano de 93 años en Valladolid. El primero ha fallecido esta madrugada en un hospital a causa del golpe de calor que sufrió cuando estaba segando el campo. Sufrió mareos y se metió en la piscina de la finca en la que trabajaba para refrescarse, de manera que al salir comenzó a convulsionar.
El anciano, por su parte, murió tras desvanecerse en una calle de Valladolid por un supuesto golpe de calor. Ocurrió poco antes de las 17.50 horas y cuando llegaron los servicios sanitarios ya no se pudo hacer nada por su vida.
Por otro lado, un trabajador del campo de 45 años continúa ingresado en estado grave, en la unidad de cuidados intensivos (UCI) del hospital de Murcia, afectado por síntomas de un posible golpe de calor, según fuentes sanitarias.
El hombre se empezó a encontrar mal en la finca El Soto, de Calasparra, sobre las 14 horas, cuando tuvo que ser trasladado al centro de salud local, desde el que, ante la gravedad de su estado, fue remitido al hospital.
También un auxiliar forestal que intervenía en el dispositivo para intentar controlar el incendio de la Ribera d’Ebre, que ya ha afectado a más de 6.500 hectáreas, tuvo que ser trasladado al hospital tras sufrir un golpe de calor.
El hombre, contratado para reforzar la campaña de verano, fue atendido en el Hospital de Móra d’Ebre (Tarragona) y dado de alta tras mejorar su estado, aunque este viernes tendrá que someterse a una nueva revisión.
Hasta 35 provincias están este viernes en aviso por las altas temperaturas, 19 de ellas en riesgo importante y otras 7 en riesgo extremo –el más alto–, después de que ayer la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) elevara el aviso a nivel rojo.
Las zonas en el nivel de alerta máxima están en el noreste de la península y pertenecen a las comunidades de Aragón, Cataluña, Navarra y La Rioja.
Ayer jueves, el registro de temperaturas ya mostró por encima de los 40 grados zonas poco frecuentes en estos registros.
Se alcanzaron los 43,3ºC en la Almunia de Doña Godina (Zaragoza), que de hecho es la máxima absoluta de su serie (el anterior récord era de 42,4º, en 2015); los 42,6 en Híjar (Teruel); los 42,1 en Llimiana (Lérida) y los 41,8 en Lérida ciudad, superando así su máxima para un mes de junio (que estaba en los 40,6 de 1986).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
