Sociedad
Dan una paliza a los miembros de «la manada» de Murcia en la cárcel
Los tres detenidos por violar presuntamente este fin de semana a una mujer en Murcia fueron golpeados este lunes en la cárcel, donde ingresaron el domingo, según han confirmado a Europa Press Instituciones Penitenciarias.
Los hechos tuvieron lugar a la salida de celdas, después de comer en el rellano de las escaleras, un espacio donde no hay cámaras, cuando funcionarios de Prisiones oyeron un tumulto, encontrando a estas tres personas alteradas, uno sangrando por la nariz y un segundo, con un corte a la altura de la sien.
Los heridos fueron asistidos en la enfermería del centro penitenciario, cuyo médico, por protocolo, decidió su traslado al Hospital Virgen de la Arrixaca.
Las heridas fueron consideradas leve, en el caso del hombre que recibió un golpe en la nariz, y moderada en el del corte en la sien, que requirió cuatro grapas.
Posteriormente, los detenidos fueron trasladados a otro módulo, para evitar nuevas altercados, en un módulo conocido como ‘Módulo de Respeto’, en el que los internos firman un contrato por escrito para respetar normas de convivencia e higiene y la disciplina de grupo.
Según indican desde Instituciones Penitenciarias, la falta de cámaras en el espacio, así como el hecho de que lo ocurrido fue en un momento concurrido, no puede determinarse qué internos intervinieron en el altercado.
Cabe recordar que la titular del Juzgado de Guardia ordenaba el ingreso en prisión provisional de estos tres detenidos por violar presuntamente a una mujer este sábado en un inmueble de la calle Santa Rita de Murcia.
Además, hubo una cuarta detenida en relación con estos hechos, que quedó en libertad con obligación de comparecer en el juzgado, investigada por un delito de omisión de socorro.
La Policía Nacional sigue investigando para esclarecer los hechos y cómo se produjo la violación.
Después de que un viandante encontrara a la víctima, a las 13.07 horas, y avisara al ‘112’ de que la mujer presentaba golpes y sangre en el rostro.
La víctima, de origen extranjero, relató que fue asaltada en el interior de un edificio por los tres detenidos que, tras golpearla, la obligaron a meterse en una vivienda donde la habrían violado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
