España
De Gobierno bonito a zombie
Isabel San Sebastián (R) Hay que ver en qué se nos ha quedado el «Gobierno bonito» de Sánchez… A su gabinete le ocurre exactamente lo mismo que a él: encoge, mengua, pierde lustre y muestra su auténtica naturaleza en cuanto traspasas la corteza exterior para escrutarle las tripas. Lo que esconde ese Ejecutivo parido a semejanza de su creador es en realidad tan feo como aparente llegó a ser su imagen. Falso, maloliente y fraudulento. Un gobierno Dorian Grey cuya verdadera esencia, oculta tras gruesas capas de maquillaje mediático, permanecía a buen recaudo en los sótanos del sanchismo hasta que ha empezado a vérsele el rostro.
Contemplada en perspectiva, la caída de Màxim Huerta se antoja ahora tan cruel como injustificada. Al fin y al cabo, el depuesto responsable de Cultura no era más que uno de los muchos españoles sometidos por la Agencia Tributaria de Montoro a un proceso inquisitorial filtrado con evidente intencionalidad política, del que salió con bien pagando lo que le exigía el fisco. En comparación con Dolores Delgado, Huerta podría considerarse un servidor ejemplar. Incluso Carmen Montón, la fugaz ministra de Sanidad, estaría en su derecho de pedir el reingreso en el Consejo si permanece un minuto más en él la todavía titular de Justicia. ¿Qué llevó al doctor Sánchez a dar la patada a Montón? La mentira sobre su presunto máster, obtenido a modo de regalo. O sea, una actuación similar a la mantenida por él en lo referente a su tesis. Pero insisto; lo de la fiscal en excedencia Delgado es infinitamente más grave. Aquí ya no hablamos de chanchullos, medias verdades o adornos curriculares, sino de connivencia con las cloacas más hediondas del Estado. Y la notaria mayor del Reino no puede ser una persona pillada en flagrante compadreo con un individuo como Villarejo. Lo que representa ese excomisario es totalmente incompatible con el concepto mismo de Justicia y no digamos con la cartera encargada de ese negociado.
El contenido de las conversaciones grabadas por el policía actualmente encarcelado produce tanta vergüenza ajena que sorprende la resistencia numantina de «Lola». Cualquiera en su lugar no solo habría dimitido ya, sino que desaparecería de la circulación una temporada. Cualquiera que tuviera dignidad, claro está. Ella afirma que este Gobierno «no va a ceder al chantaje». Si ha cedido pública y notoriamente al del separatismo catalán ¿por qué no iba a sucumbir al de ese paseante de los bajos fondos conocido por deshonrar sistemáticamente su placa? El tipo dispone de material para la extorsión, es evidente. Aunque se ve que la amiga del juez prevaricador Garzón tiene la cara de cemento armado. Tanto como para mirar sin sonrojarse al ministro a quien llama jocosamente «maricón», después de haber dado cinco versiones distintas sobre el contexto y destinatario de semejante apelativo. Tanto como para relatar entre risas un episodio de pederastia protagonizado al parecer en Colombia por un grupo de togados españoles a quienes la entonces fiscal en activo sorprendió in fraganti y no denunció. Tanto como para permitir que la Audiencia Nacional sea sospechosa de haber brindado un trato de favor a un delincuente reclamado por la Justicia de Guatemala, previo pago por parte de éste de cinco millones entregados al excomisario acusado de corrupción con el fin de que los repartiera entre los encargados del caso y/o sus sustitutos ocasionales.
Acertó ayer Rafael Hernando calificando a Delgado de «ministra zombie». Es una muerta viviente que aguanta aferrada al cargo por una sola razón: el gobierno del que forma parte caería irremediablemente lastrado por su dimisión. Todo este Gobierno es un zombie.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
