España
De violentos… y de pacíficos
[sc name=»li1″ ]La asquerosa prensa pública oficial, la inmensa parte de la, no menos repelente, prensa privada, dirigentes políticos, e incluso sorprendentemente algún responsable policial, llevan calificando desde hace décadas a los sujetos que cometen actos subversivos durante las protestas organizadas por la ultra izquierda (entiéndase por tales los antisistema, rojos, separatas, etc.) de fascistas, nazis o extrema derecha, o de que dicha violencia es ejercida por infiltrados de estas últimas corrientes ideológicas citadas.
Ya está bien de que se manipule y se calumnie tan alegremente a estas ideologías, que cuando organizan sus pocos actos, lo realizan con total orden civismo y respeto a la legalidad.
Cuando patriotas han entrado en la cárcel, por ejemplo el historiador y librero Pedro Varela, o Raúl Maciá, no se ha producido el más mínimo incidente, al contrario, han recibido el apoyo de sus seguidores y familiares respetando las funestas leyes vigentes de forma escrupulosa.
Y yo pregunto: si los alborotadores en los actos rojo-sepa-ratas, son elementos infiltrados de la extrema derecha:
1.- ¿Por qué los detenidos en esos incidentes violentos son defendidos por colectivos de abogados vinculados a la extrema izquierda o a los separatistas?
2.- ¿Por qué los partidos rojos separatistas no se presentan como acusación particular contra esos detenidos violentos “fachas”?
3.- ¿Por qué esos partidos rojos separatistas no condenan públicamente los actos violentos cometidos por esa supuesta turba de fascistas?
4.- ¿Por qué los asistentes rojos separatistas que acuden a esas manifestaciones no colaboran con la fuerza pública para desenmascarar a los infiltrados «neonazis»?
Ya está bien de mentir, calumniar y desviar la atención de los actos cometidos por los violentos de siempre, la extrema izquierda en general, y querer endosárselos a los grupos patriotas.
Está claro el objetivo; hay que blanquear los actos delictivos de los rojos separatistas y criminalizar como sea las organizaciones y partidos patriotas.
De hecho, lo más doloroso es que de esa trama organizada para atacarlos forme parte de la Fiscalía, que como hemos podido ver en dos actos de homenaje a la División Azul, totalmente legales y pacíficos, la «delicada» Fiscalía, en contubernio con la clase política y mediática se ha escandalizado porque una elegante joven con su camisa azul, planchada, ha echado la culpa de parte de los males de este mundo a un grupo concreto, han cantado una canción que honra a una Unidad Militar coma como lo fue la División Azul, y porque los asistentes han levantado el brazo en alto.
Qué valiente la Fiscalía contra los pacíficos patriotas abriéndoles diligencias de investigación, y los violentos rojos separatistas campando a sus anchas arrasando los bienes públicos y particulares sin que se alteren sus señorías: ¡Cobardes!. Espero, sus aguerridas señorías, que cuando grupos indigenistas o rojos separatistas ataquen a los españoles por el Descubrimiento, conquista y civilización de Hispanoamérica, abran diligencias por generar odio contra los españoles.
Creen todos estos malvados embusteros que todo el pueblo honrado es tonto. El pueblo cada vez se está dando cuenta del sectarismo de la podrida clase política, de la prensa, y de buena parte de la judicatura.
En lo relativo a la libertad de expresión, pues totalmente de acuerdo: libertad total sin límites, pero eso sí; libertad para todos. Que seguro que si se legisla esa libertad, será solo para proteger las ofensas proferidas por los rojos separatistas.
Confío en la divinidad, y que Esta, ante la injusticia terrenal que los patriotas estamos padeciendo, pondrá a cada uno en su lugar. Pero eso sí a Dios rogando y con el mazo…
Carlota Sales. Corresponsal de ALERTA NACIONAL en Cataluña.
Un saludo a todos los lectores.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
