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Opinión

Decepción y desesperanza en España

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«Ahora mi optimismo está por los suelos. Hoy estamos todos hundidos en la mierda del mundo, y no se puede ser optimista. Sólo son optimistas los seres insensibles, estúpidos o millonarios. Hay basura en la calle, hay basura en las pantallas de televisión,… y hay motivos para ser pesimista»… Yo a veces digo, cuando me critican por ser pesimista, que realmente, no es que yo sea pesimista, es que el mundo en que vivimos es pésimo» José Saramago, Premio Nobel de Literatura.

En estos tiempos tan oscuros que nos han tocado vivir, pienso que es bueno que alguna vez que otra nos tomemos un respiro y miremos hacia arriba. Contemplemos el lento y majestuoso devenir de las nubes, como se forman y desaparecen, sus cambios de forma y de color… Obviamente, aunque miremos el cielo, las cosas seguirán estando igual de mal, los políticos que nos malgobiernan seguirán siendo igual de golfos, nos seguirán estafando, seguirán robándonos… pero, desconectarnos por un momento aunque sea breve, alzar la vista, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.

El cielo sigue siendo limpio, puro, libre… como dice el viejo poema tan lleno de rabia y frustración que escribió el poeta Ángel María Pascual en 1946:

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A ti fiel camarada que padeces
el cerco del olvido atormentado.
A ti que gimes sin oír al lado
aquella voz segura de otras veces
Te envío mi dolor. Si desfalleces
al acoso de todos y cansado
ves tu afán como un verso malogrado,
bebamos juntos de las mismas heces.
En tu propio solar quedaste fuera.
Del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero, allí donde estés, cree y espera
El cielo es limpio y en sus bordes liba
claros vinos del alba, Primavera.
Pon arriba tus ojos. Siempre arriba.

Eugenio D’Ors, que siempre admiró su elegancia, lo llamaba «el falangista de los zapatos de orillo».
Su condición de falangista con tendencias más preocupadas por lo social que otra cosa, lo convirtió en una rara avis en el ambiente “franquistón” de la Navarra de posguerra. Los altos cargos de la prensa local acabarían por relegarle al cultivo de sus Glosas a la ciudad, con una responsabilidad limitada. Antes, había dirigido, el Arriba España, en la calle Zapatería de Pamplona, donde estaba y luego volvió a estar la sede del Partido Nacionalista Vasco.

A los falangistas los absorbió Franco con el señuelo de meter el yugo y las flechas en su simbología.

Pero, nunca dejaron de ser vistos más como una amenaza para el régimen nacido de la guerra civil.
El poema de Ángel María Pascual es una llamada de auxilio, un sermón, falangista en el desierto, una homilía preñada de una extraña soledad y crudeza, e incluso escatológico («bebamos juntos de las mismas heces»). Algo así como el “exilio interior” de Vicente Aleixandre, el de los que estaban en el bando vencedor, pero que sentían rechazo por el imperante estado de cosas.

Ángel María Pascual murió el día 1 de mayo de 1947, con tan solo 35 años de edad, y Eugenio d’Ors le dedicó un recuerdo en el diario Arriba que tituló Noches de Pamplona, noches del tiempo de la guerra. Eugenio D’Ors afirmó de Ángel Pascual que «era nuestro», «¿De un grupo, un partido? ¿De una ciudad? No. De una raza. De la raza de los cultivadores del amor en disgusto».

Pero, volvamos a releer el texto… ¿Cómo alguien puede escribir tal cosa después de ganar una guerra?

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, enorme sensación de desengaño revoloteaba por encima de muchas cabezas pensantes de la sociedad española. Fue como si la nefasta y acomplejada desesperanza inoculada por la Generación del 98, tras la pérdida de Cuba y Filipinas volviera de golpe y porrazo, al ver el país nuevamente destruido en tan poco tiempo. Pero, lo que sí es evidente es que gran parte de los bandos contendientes coincidía en algo básico: La España que echó a andar, a principios del siglo XIX, achacosa, en declive… estaba abocada a morir. Nadie esperaba que España acabara rodeada de democracias liberales. Es más, gran parte de los españoles culpaban, no sin cierta razón, al liberalismo de los problemas de la España contemporánea, pues, no se olvide que siempre había logrado el poder en España a través de algún alzamiento militar.

Paradógicamente, el liberalismo era enormemente despreciado y, sin embargo, era lo que rodeaba a España por todas partes.

Cuando Ángel Pascual escribió su poema, la Falange había perdido trágicamente a sus mejores mentores. Franco comenzaba en plena guerra un experimento totalitario que, amén de amordazar lo que quedaba de la Falange dirigente, o sea, Manuel Hedilla (sucesor de José Antonio Primo de Rivera en la jefatura de la Falange, tras su asesinato en Alicante), también pretendió inmovilizar al carlismo, que era la organización civil que más había aportado al Alzamiento. Es más, posiblemente Franco no habría ganado la guerra sin los requetés. Su jefe, Manuel Fal-Conde, quien se opuso a la política de partido único, fue condenado al destierro y el patrimonio de la Comunión Tradicionalista fue secuestrado. Es muy posible que no les hubiera temblado el pulso a los militares sublevados contra el gobierno del frente popular, para haber acabado condenando a muerte a Hedilla y Fal Conde, pero no eran tontos y sabían de los perniciosos efectos que aquello podría acarrear.

Comunistas y socialistas, en cambio, esperaban una milagrosa intervención de la Unión Soviética que trastocase el signo de la guerra y convirtiera a España en una colonia del poder de Moscú. Y eso no pasó. En el ejército del frente popular hubo sangrientas divisiones. Todavía en la actualidad, comunistas y anarquistas se pasan la pelota sobre los crímenes de supuestos “incontrolados”. La influencia de Stalin fue tal que en España tuvo lugar una purga antitrotskysta dirigida por él, de la que fue víctima el Partido Obrero de Unificación Marxista a través de Andreu Nin. Hubo comunistas recalcitrantes que engrosaron las filas del maquis. Fueron terroristas que se encontraron con la oposición de un pueblo harto de comunismo y guerra, y en cuanto la URSS dio la voz, se bajaron del burro… los que se jugaron la vida en el frente fueron olvidados. Desgraciadamente, no fue muy distinto el bando nacional.

De todas maneras, el desengaño, la decepción y la desesperanza ya comenzaron en la II República. De los “republicanos del 31”, no quedó ni uno que defendiera el régimen al cabo de cinco años. Qué mejor que la famosa frase de José Ortega y Gasset, para definir aquella situación: “No era esto, no era esto”.

Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez tuvieron opiniones parecidas. Alejandro Lerroux, uno de los más veteranos partidarios de la República, acabó abominando y apoyando al bando nacional, caso relativamente parecido al de Francesc Cambó. Era lo que Francisco Largo Caballero llamaba “la república burguesa”, ésa que había derribar con la bandera tricolor, para colocar solo la bandera roja de la Revolución que entonces preconizaba el PSOE amenazando con guerra civil desde 1933.

Por supuesto, como era de esperar, durante la postguerra, fueron muchos los españoles que la se olvidaron de la “política”. La cuestión era subsistir y levantar España. Peor o mejor, así se hizo.

En 1975, España era la novena potencia industrial del mundo y apenas tenía un 3% de desempleo,

Aunque el régimen inoculara vicios que luego la partitocracia cleptocrática ha multiplicado desmesuradamente, lo que fue, fue, y no cabe discusión. El régimen del General Franco poseyó una inteligencia sociopolítica que no se puede negar. La justicia social se hizo real en muchos campos y se creó una clase media. El sistema educativo, aunque no poseía un buen aprendizaje de idiomas, era de los mejores de Europa. Si hacemos balance de lo conseguido desde entonces, solo cabe concluir que, el precio que se pagó para homologarnos con las naciones de nuestro entorno cultural y civilizatorio fue demasiado caro.

Durante los “cuarenta años” la Falange se deshizo tras múltiples divisiones y el carlismo poco más o menos. El régimen fue cercando a la oposición interior constructiva, a la vez que premiaba con prebendas a los que descaradamente se perfilaban como enemigos. Y, para más INRI, el clero dejaba de ser un asiento espiritual para convertirse en un puente al servicio del futuro poder.

Ahora que algunos dan la matraca con lo de la “memoria histórica”, viene a cuento recordar que en el bando nacional nunca sentó bien la muerte de García Lorca. Se reconoció como un error desde primera hora, no ya por los burócratas arrimados o por los “camisas nuevas”, sino por la gente de primera línea, que poco o nada tenía en contra de aquel genio de nuestras letras. En cambio, no parece que los que dicen ser herederos del frente popular estén por la labor de decir nada acerca de execrables asesinatos como los de José María Amigo, o de José María Hinojosa (Amigo de Lorca y colega de la Generación del 27), del dramaturgo Pedro Muñoz-Seca, del ensayista Ramiro de Maeztu… O incluso de Melquíades Álvarez, que era un intelectual republicano liberal progresista… También callan acerca de, cuando las turbas revolucionarias de la Asturias del 34 destrozaron la biblioteca de la universidad de Oviedo, obra y gracia de la krausista Institución Libre de Enseñanza…

Aquellos miembros de ambos bandos, eran otros hombres, otra gente, hasta otra “raza”, independientemente de sus ideas políticas. No todos eran pesimistas o desengañados.
José Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote decía que «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»

Aunque parezca una perogrullada, permítaseme que afirme que si yo hubiera nacido en cualquier otra familia, en cualquier otro lugar, en otro país cualquiera, en otra época; en la actualidad yo sería un individuo completamente diferente.

La circunstancia es el mundo vital en el que se halla inmerso cada individuo, y nunca mejor dicho, pues de un profundo e interminable “baño” se trata; el mundo físico, y la totalidad del entorno con que nos encontramos cuando nos llaman a la vida (cultura, historia, sociedad,…) La circunstancia de cada cual incluye el entorno material, físico, pero también las personas, la sociedad, la cultura; en los que y con los que el individuo habita. Pero no hay que olvidar que la circunstancia personal también incluye el cuerpo y la mente. Inevitablemente, para bien y para mal, nos es dado un cuerpo y un conjunto de potencialidades, habilidades, capacidades psicológicas, y todas ellas pueden favorecer o ser un obstáculo para nuestros proyectos, nuestro crecimiento personal; de la misma manera que el resto de los factores del mundo que nos ha tocado en suerte.

Estamos obligados a decidir, optar en el momento presente -y por supuesto, hacernos responsables de los resultados de nuestras acciones u omisiones- también en el porvenir, pero, planificar el futuro implica tener presente el pasado, no hay otra manera de existir y actuar en el momento actual.

El futuro que nos espera no es uno cualquiera, es nuestro futuro, el que nos corresponde a partir de nuestro ahora, del mismo modo que el pasado no es el de otras épocas, es la época de nuestros contemporáneos, la nuestra. En nuestro actual momento, tanto individual como social, impone inevitablemente su presencia nuestro pasado. “Nuestro tiempo es nuestro destino”, y no debemos olvidarlo.

Y, antes de despedirme, permítaseme otra reflexión:

Yo no soy responsable de las circunstancias que me tocaron en suerte cuando mis padres me llamaron a la vida, cuando vine a este mundo (tampoco ninguno de ustedes), pero si soy responsable de aquello que deje cuando me llegue el momento de marcharme. Todos podemos cambiar nuestro entorno, comenzando por nosotros mismos, humanizar el ambiente en que vivimos, es nuestro territorio de responsabilidad, y para ello no hacen falta fórmulas mágicas, solo gente de buena voluntad…Y, por supuesto, para cambiar el ambiente en que estamos inmersos, hay que empezar por uno mismo.

Y, como decía Ángel Pascual en su poema, desconectémonos de vez en cuando, aunque solo sea un momento breve, para alzar la vista, pues, mirar al cielo hará que sintamos henchido el corazón, nos revitalizará para poder hacer frente a todo lo que nos está cayendo.


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«Volveremos a pasar» Por Fátima Pellico

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A la que esto escribe le horroriza profundamente que nadie, en nombre de una etérea Libertad, venga a amordazar, a golpear, a torturar, a humillar, a intentar, en fin, masacrar de manera democrática a otras personas no afines a su estercolero de pensamiento (llamarlo «ideológico» sería darle una clase que no merece ni pagando por el título).

Madrid es de todos.

Madrid es Patrimonio de la Humanidad, porque quien va a Madrid nunca se siente forastero, primero porque es donde reside gente de toda España y segundo porque los madrileños acogemos a todo aquel que viene a nuestra amada tierra. Y lo digo yo, madrileña gata, que vivo exiliada voluntariamente de mi tierra desde hace varios años y no puedo evitar sentirme orgullosa cuando alguien me dice que se nota mucho que soy madrileña por mi acento.

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A lo que iba: en Madrid nadie es extranjero. Cada barrio de esta ciudad tiene sus peculiaridades y quizás ciertos mitos algunas de ellas que han pasado de generación en generación.

Tal es el caso de Vallecas. Yo he vivido muchos años muy cerca del puente de Vallecas, dado que la plaza de Mariano de Cavia estaba a un tiro de piedra de Ciudad de Barcelona y desde allí son unos quince minutos a buen paso hasta el Puente. Quiero recordar a todos que en el Puente de Vallecas los amigos de nuestros gobernantes el 11 de diciembre de 1995 tuvieron a bien ASESINAR a 6 personas y HERIR  a 44 más. Sí, amiguitos, sí: LOS AMIGOS DE NUESTROS GOBERNANTES.

Me da un asco profundo, una náusea que me sale de lo más profundo, que tres partidos de lo que se llama la izquierda en España ,y que para mí son simplemente sicarios de la Libertad y del progreso, tenga la poca o nula vergüenza de hacer un llamamiento para que nadie vaya a escuchar qué tiene que decir de bueno VOX para Madrid y los madrileños.¿Quién es esa patulea para llamar a nadie a machacar en nombre de la Libertad a nadie?
Que yo sepa Podemos es comunista, es decir, lleva más de cien millones de muertos en sus hediondas y nauseabundas chepas, al igual que Más Madrid, que es lo mismo que Podemos pero disfrazado de plataforma ciudadana. Y ya del PSOE para qué hablar: corrupción, terrorismo de Estado ( recordemos a los Gal, que tan chapuceramente estaban hechos)… Es decir, los mismos perros con distintos collares.

Pues bien, queridos compatriotas de izquierdas de Madrid (y de toda España por extensión): la Libertad es patrimonio de todos, y vosotros, adalides de la pobreza y la miseria, no vais a tapar la boca a nadie ni con piedras, ni con botellas ni con insultos. Ya podéis guardar en el armario al intelectual rodante que tenéis en vuestras filas ( por favor, que devuelva la silla y se pague una) y a todos esos pobres esperpentos que se pasan la vida en Twitter haciendo que hacen y creyéndose alguien y que tan buenos ratos me proporcionan ( y a todos aquellos que les hacemos el favor de hacerles un poco de caso para que se ganen el jornal… aunque  a ministra no se llega sólo tuiteando desde la caja de ninguna superficie comercial).

Vallecas es de todos, al igual que todos y cada uno de los barrios de Madrid. Que sea el teórico punto caliente obrero de la ciudad no os da permiso para intentar echar a nadie, y como veréis podéis intentar asustar, pero nada más. Juntitos parecéis muy valientes pero por separado hedéis a excremento orgánico en vuestra ropita interior.

VOX llegó para quedarse y nadie va a acallar la voz de la libertad y los derechos civiles de todos los españoles. Hagáis lo que hagáis y que ya sabemos todos lo que soléis hacer cuando las cosas no os van como os gustaría.

Y, por favor os lo pido: el intelectual se ha ganado una silla nueva. Pagádsela con los curiosos  fondos de Podemos y que devuelva la que le han pagado los españoles.

Una y mil veces volveremos a pasar.


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Los grandes peligros del relativismo moral socialista que se impone en nuestros tiempos

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Siempre les resultó problemático justificar que sus profetas, intelectuales y políticos fueran de todos clase burguesa.

El relativismo nunca se extendió tanto ni se entendió peor que en estos tiempos. Todo conocimiento científico, por ejemplo, es relativo a la información conocida –y paradigmas– del momento. Y variará con el avance de la ciencia. De eso no se deduce lógicamente que no exista la verdad. O que sea inalcanzable. Pero eso postula el actual relativismo como –paradójico– absoluto. Y es para imponer la negación de toda posibilidad de certeza moral.

Algo muy peligroso –y justamente por eso lo propagan, quienes lo propagan– porque el hombre común es capaz de crímenes  atroces, sin sentir culpa, cuando los realiza bajo una autoridad en la que aprendió a confiar irracionalmente.

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Pero no somos incapaces de descubrir imperativos morales, absolutos y verdaderos, en nuestra propia naturaleza. Tan capaz es el hombre común de obedecer la autoridad criminal como de rebelarse contra su opresión. Ambas cosas han ocurrido una y otra vez en la historia. Pero el relativismo –especialmente como se lo entiendo hoy en día– niega la posibilidad de tales imperativos. Y adopta al positivismo moral y jurídico. Moralidad y Ley serán hoy, única y exclusivamente, voluntad del soberano. En democracia moral será lo que la multitud desee.

Ley lo que los legisladores decreten. Sea lo que sea. Y eso defienden, de una u otra forma, todos los socialistas –incluida la tan influyente como ultra elitista agenda socialista difusa de nuestros tiempos, generalmente denominada globalismo– porque ¿cómo sino podrían establecer cualquier forma de socialismo, si su pretensión última fue y será crear un hombre nuevo, es decir, cambiar la naturaleza de la especie humana por la fuerza, en una o dos generaciones?

Joseph Ratzinger –papa emérito Benedicto XVI– explicaba como cardenal prefecto de la “Congregación para la Doctrina de la Fe” en 2004 que:

“El relativismo puede aparecer como algo positivo, en cuanto invita a la tolerancia, facilita la convivencia entre las culturas reconocer el valor de los demás, relativizándose a uno mismo. Pero si se transforma en un absoluto, se convierte en contradictorio, destruye el actuar humano y acaba mutilando la razón. Se considera razonable solo lo que es calculable o demostrable en el sector de las ciencias, que se convierten así en la única expresión de racionalidad: lo demás es subjetivo. Si se dejan a la esfera de la subjetividad las cuestiones humanas esenciales, las grandes decisiones sobre la vida, la familia, la muerte, sobre la libertad compartida, entonces ya no hay criterios. Todo hombre puede y debe actuar solo según su conciencia. Pero “conciencia”, en la modernidad, se ha transformado en la divinización de la subjetividad”

Y Ratzinger –nos guste o no– es uno de los más notable teólogos y filósofos realistas de nuestros  tiempos. Pero no es necesario ser creyente para entender los peligros de ese relativismo moral. La cumbre de la filosofía racionalista –nos guste o no– la alcanzó una filósofa realista rigurosamente atea con su filosofía objetivista del siglo XX. Y Ayn Rand explicaba que:

“La supervivencia del hombre requiere la guía de valores conceptuales obtenidos a partir de un conocimiento conceptual. Pero el conocimiento conceptual no se obtiene automáticamente (…)”

“(…) Un ser que no sabe automáticamente qué es verdadero y qué es falso, tampoco puede saber automáticamente qué es correcto y qué es incorrecto, es decir qué es bueno para él, y qué es malo. Sin embargo necesita de éste conocimiento para poder vivir. No está exceptuado de las leyes de la realidad, es un organismo específico, con una naturaleza específica, que requiere acciones específicas para mantenerse con vida.

No puede lograr su supervivencia por medios arbitrarios, ni con actos efectuados al azar ni por ciegas urgencias, ni por casualidad, ni por capricho. Es su naturaleza la que determina qué requiere para sobrevivir, y esto no queda sometido a su arbitrio. Lo que sí está sometido a su elección es si lo descubrirá o no, si habrá de elegir las metas y valores correctos o no. Es libre de efectuar una elección errada pero no de tener éxito a través de una mala elección (…)”

“(…)Es libre de evadir la realidad, de desenfocar su mente y trastabillar a ciegas a lo largo de cualquier pendiente que le plazca, pero no es libre de evitar el abismo que se niega a ver. El conocimiento, para todo organismo consciente, es un medio de supervivencia: para una conciencia viviente todo es implica un debe. El hombre es libre de elegir no ser consciente, pero no es libre de escapar a la pena que merece la falta de conciencia: la destrucción. El hombre es la única especie viviente que tiene el poder de actuar como su propio destructor (…) y ésa es la manera en que ha actuado a lo largo de la mayor parte de su historia.”

Y no deja de ser curioso que el socialismo en sentido amplio –y el neo-marxismo como su principal corriente radical contemporánea– sean absolutamente relativistas hoy en día, porque el viejo marxismo no era relativista en ese sentido. Su teoría clasista del conocimiento lo parecía –y ha terminado por serlo– pero no lo era originalmente.

El marxismo era una variante clasista del racismo, y así como los racistas sostenían que las diferentes razas tenían diferentes capacidades mentales y con ello diferentes percepciones de la propia realidad, unas mejores que otras, los marxistas sostenían claramente –y todavía sostienen, pero de manera relativista y difusa actualmente– que es la pertenencia a una clase social la que determina la capacidad de compresión de la realidad del individuo. Siempre les resultó problemático justificar que sus profetas, intelectuales y políticos fueran de todos clase burguesa.

Pero sus supuestas leyes deterministas de la historia pretendían ser objetivas y verdaderas, en sentido realista. Que finalmente adoptaran un relativismo absoluto para inventarse clases oprimidas transversales, dialécticas materiales cruzadas e infinitos relativos “proletariados” revolucionarios –como conejos del sombrero del mago– muestra cómo el relativismo inevitablemente oculta absolutos encubiertos especialmente perversos.

 

Guillermo Rodríguez.

Guillermo es profesor de Economía Política en el área de extensión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila, en Caracas, investigador en el Centro Juan de Mariana y es autor de varios libros.

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La campaña electoral va a ser de todo menos limpia. Por el General Chicharro

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Mal comienzo tuvo ayer la precampaña electoral para las próximas elecciones del próximo día 4 de mayo en Madrid. Y digo mal comienzo por la violencia inusitada que la izquierda radical desencadenó ayer en Vallecas, que no por previsible dejó de ser sorprendente. Azuzada e instigada por sus líderes ricachones desde sus buenas “dachas” una banda de deshecho social se lanzó cumpliendo las consignas recibidas al ataque directo contra los representantes de un partido legal como lo es VOX. A mí lo primero que me viene a la cabeza es cómo es posible que esta panda de energúmenos se deje todavía engatusar y engañar por quienes, aprovechándose de la política, hasta ahora lo único que han hecho por el pueblo al que dicen defender ha sido “forrarse” económicamente con un descaro y cinismo sin parangón. Se ve que el odio inoculado por el Sr. Zapatero y ahora por el Sr. Sanchez con sus proclamas y leyes ideológicas está dando desgraciadamente sus frutos. El enfrentamiento y división entre españoles inexistentes hace 20 años están hoy presentes como vimos ayer en Vallecas o con anterioridad en Barcelona o en las provincias vascongadas.

Ayer, salvo algunos heridos , no ocurrió una desgracia mayor porque Dios no lo quiso pues a la vista de los objetos lanzados todo podía haber ocurrido. La inoperancia de la Policía Nacional al establecer un dispositivo inadecuado así como su tibieza en la respuesta a los ataques que se produjeron no me deja otra idea de que respondieron a órdenes recibidas. No me cabe otra opinión pues no dudo de su eficacia si así se lo hubieran ordenado. Y esto es muy grave pues nos indica que quienes mueven los hilos de la división y el enfrentamiento, o sea el Gobierno socialcomunista, no da puntadas sin hilo al permitir que hechos como el de ayer se hayan producido. Me temo que esto no es más que el comienzo de lo que está por venir. Está escrito en los libros de historia y en las tácticas subversivas en curso y ante cuya aplicación estamos asistiendo. Es todo de libro. Y si de historia hablamos no está de más que la parte socialista de este Gobierno recuerde que el comunismo siempre intensifica sus acciones violentas cuando tiene la sensación de la debilidad del Estado. La apariencia del poder comunista es siempre inferior a su verdadera realidad. Ojo a esto. Deberían tomar buena nota los ideólogos de la Moncloa.

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Nos encontramos, nos vamos a encontrar, con una campaña electoral que va a ser de todo menos limpia. La previsible victoria en las urnas de la derecha sociológica ha desatado una especie de terror mental en la izquierda sectaria que todo apunta que están dispuestos a todo. No son pocos los ejemplos históricos, algunos no lejanos, que nos lo demuestran.

Y si seguimos bebiendo de la historia es menester igualmente que la denominada derecha liberal, en concreto, hoy, el Partido Popular, aprenda de hechos pasados y que no caiga en errores como otrora hizo al condenar por ejemplo el Alzamiento de 1936 en un afán ridículo y cobarde por no sufrir la congoja de que se dudase de su liberalismo. Parece que aún no han aprendido que por ser fieles a esa falsa idea fueron en su momento asesinados o tuvieron que huir sus antecesores ideológicos en el liberalismo como Marañón, Ortega y Gasset o Ramón Pérez de Ayala.

Y en estas estamos cuando en España, al igual que ha sucedido siempre en nuestra larga historia, aparece un grupo de jóvenes liderados por Santiago Abascal, que no se arredran ante el peligro y hacen frente de cara a la inquina totalitaria que representa el marxismo. Para mí esto no supone ninguna novedad. Les conozco desde hace años y soy consciente del valor demostrado muchas veces en su día en elecciones en las vascongadas o en Cataluña o en la reivindicación de Gibraltar. La dirección del contubernio marxista en España, que sí bebe de la historia, sabe y conoce que solo unos cuantos hombres de acción, decididos a todo y bien organizados acaban imponiéndose a la mayoría siempre. Y digo que lo saben pues no se han olvidado de que la revolución rusa triunfó por el esfuerzo de un grupo insignificante en su día de bolcheviques. He aquí la razón de sus desaforados ataques a VOX. No les quepa duda.

Es la hora de los valientes y estos están representados hoy en España por quienes lideran VOX, herederos directos de aquel Partido Popular de Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez o María San Gil entre otros muchos y quiero pensar que también hoy por Ayuso en Madrid.

Y finalizando estas líneas un recuerdo a modo de aviso a esa caterva de mala gente, que es lo que son los adinerados dirigentes socialistas y comunistas, para que no menosprecien a los que despectivamente llaman “Cayetanos” o del “barrio de Salamanca” porque a la hora de la verdad en el momento oportuno siempre aparecen y su valentía y apego a la Patria ya la han demostrado en muchas ocasiones anteriores. Sin ir más lejos nutriendo las filas del bando nacional en 1936 y regando el suelo patrio con sangre.

A lo largo de estas líneas he apelado a la historia e incluso dado algún aviso recordatorio, por lo que desde la Fundación Nacional Francisco Franco que en ningún caso es plataforma de ningún partido político, aunque sí de ideas , recuerde a los valientes, que lo son, y mucho, que si bien el Generalísimo Franco está ya en la historia pues murió hace casi medio siglo no así los enemigos a los que él venció que precisamente son los mismos que ayer gritaban “ A por ellos, a Paracuellos” y que es hora de evitar complejos  y recordar su nombre y su puesto en la historia. ¿Se atreverán? Les aconsejo que lean sin temor sus últimas palabras: su testamento. Siguen siendo de actualidad. La historia es maestra del arte de la política.

 

General de División (R) Juan Chicharro Ortega.

Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1969.
Ha participado en las siguientes operaciones: Campaña del Sáhara en 1975, En Nicaragua/Honduras en 1989 y en Bosnia Herzegovina en 1999.
Es General de División de Infanteria de Marina y Diplomado de Estado Mayor del Ejercito de tierra.
Actualmente en la situación de reserva ha sido el Comandante General de la Infantería de Marina entre el 2006 y el 2011 y fue Ayudante de Campo de SM el Rey durante 4 años.
En la actualidad es Presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco.

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Una guía para evitar los cuentos que son dañinos para los niños. Por Roberto Marchesini

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Pocos cuentan cuentos a los niños, olvidándose de su utilidad, pero los enemigos del ‘Logos’ continúan produciendo cuentos para los más pequeños. ¿Cómo entender qué libro tenemos en nuestras manos? Aquí hay algunas preguntas. Las respuestas te ayudarán a orientarte.

Algunos padres me han preguntado cómo reconocer, qué pistas seguir para detectar los libros que portan ideologías sospechosas.

Personalmente, antes de ocuparme de los libros, me preocuparía por la televisión. A decir verdad, sugeriría tirar a la basura la televisión… pero no me gustaría pasar por un talibán. Ocupémonos pues de los libros para niños y adolescentes.

Las ideologías revolucionarias tienen como objetivo la destrucción de la filosofía aristotélico-tomista, es decir, esa filosofía que se basa en el finalismo y en la ley natural, que conocemos en forma de ley moral y religiosa.

Según esta filosofía, los seres no son realmente como son, sino como deberían ser. Cada ser -ente- tiene su propio proyecto (una «naturaleza») que guía su desarrollo, su realización. Esto, obviamente, se aplica al ser humano: todo hombre tiene un proyecto; una vocación, para decirlo en términos religiosos. Por tanto, existe un must be [deber ser], superior a lo que es actualmente. La razón es la facultad humana más elevada; tiene la tarea de discernir el bien (lo que es según la naturaleza) del mal (lo que está en contra de la naturaleza) y guiar a la persona hacia su propia realización.

La literatura y el cuento han sido la herramienta fundamental para la construcción de la civilización europea, fundada en el ‘Logos’

Las ideologías más recientes, por supuesto, lo niegan. No hay naturaleza humana, no hay proyecto, no hay necesidad de serlo. Somos quienes queremos ser. Como no hay fin, la moralidad, el bien y el mal también son obviados. La razón, destronada, es reemplazada por las pasiones, por los movimientos del cuerpo. Todo esto, evidentemente, se refleja en la literatura infantil y juvenil.

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La literatura y el cuento han sido la herramienta fundamental para la construcción de la civilización europea, fundada en el Logos. Basta pensar en los poemas homéricos, los relatos bíblicos, la literatura caballeresca, la Divina Comedia… Ahora Europa parece haber olvidado la importancia de este instrumento: pocos cuentan cuentos a los niños antes de dormirse, el narrador parece una figura perdida en la niebla mientras la televisión ha sustituido a la chimenea y el bafle al abuelo. Pero los enemigos del Logos, no: continúan produciendo cuentos y narraciones, especialmente para los más pequeños. De los cuentos del Marqués de Sade a Little Egg y Daddy’s Secret, la literatura revolucionaria ha cambiado el destino y el idioma.

He aquí, entonces, algunas sugerencias para distinguir la literatura infantil «tradicional» de la literatura ideologizada.

1) ¿Quién es el enemigo? En la literatura tradicional, el enemigo es una persona. El mal no es abstracto, sino que actúa bajo la apariencia de un ser personal. Alguien ha elegido el mal, ha decidido estar de su lado y actuar en consecuencia. En la literatura ideológica, sin embargo, el enemigo es impersonal: es tradición, prejuicio, expectativas. No hay «buenos» ni «malos».

En la literatura tradicional, frente al enemigo, el protagonista cambia, crece, se convierte en lo que debería ser. La lucha es una circunstancia que permite la propia realización

2) ¿Cómo luchas contra el enemigo? En la literatura tradicional, el enemigo lucha a través de una lucha real, luchando también físicamente; es decir, arriesgando su propia seguridad e incluso su vida. En la literatura revolucionaria, el enemigo se vence convenciendo a los demás, mostrándoles que están equivocados, gracias a los buenos argumentos.

3) ¿Hay crecimiento y cambio? En la literatura tradicional, frente al enemigo, el protagonista cambia, crece, se convierte en lo que debería ser. La lucha es una circunstancia que permite la propia realización. En la literatura ideológica el protagonista no cambia: está bien como está, con sus rarezas y peculiaridades (que otros consideran defectos). Todos los demás cambian. Es el vuelco de la materia de la paja y la viga (Lc 6, 41).

4) ¿Cómo termina la historia? En la literatura tradicional, el protagonista triunfa y se regocija. Pagó un precio por su victoria, pero enfrentarse al enemigo lo ayudó a lograr su propia realización. El enemigo es derrotado: si no está muerto, es exiliado y se muerde a sí mismo por la derrota. En la literatura ideológica, por lo general, todos están felices y en armonía. Nadie ha perdido, nadie ha sido derrotado.

El modelo de la literatura ideológica es, para simplificar, El patito feo de Andersen (1805-1875). Es la historia de un patito que se siente diferente: feo, en comparación con otros patitos. Luego huye y, tras varias aventuras, es recibido por una bandada de cisnes. Descubre así que su malestar se debe a que se obliga a asumir un papel que no le pertenece. Habiendo cambiado el contexto social, ahora es libre de ser lo que quería: un hermoso cisne. Un ejemplo más reciente de un cuento ideológico es, nuevamente, por ejemplo, el Cuento del tiburón (Dreamworks 2004).

Obviamente, estos son solo algunos puntos ilustrativos; no es seguro que en todo relato ideológico haya todos y sólo estos. Pero me parecen un buen punto de partida para evaluar si el libro que los tíos le regalaron a nuestro cachorro es adecuado o, más bien, un tortuoso vehículo propagandístico.

 

 Roberto Marchesini es filósofo. Publicado en la Nuova Bussola Quotidiana


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