Internacional
Delicioso bofetón de Hungría a la Unión Europea: Von der Leyen avisa a Hungría de que su ley anti LGTBI es “una vergüenza” y el Gobierno húngaro le responde: “La vergüenza es usted”
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tildó este miércoles de “una vergüenza” el nuevo proyecto de ley húngaro que, entre otros aspectos, prohíbe hablar sobre homosexualidad en los programas escolares.
“Esta ley claramente discrimina contra personas en base a su orientación sexual. Va contra todos los valores fundamentales de la Unión Europea”, dijo Von der Layen en una rueda de prensa con el primer ministro belga, Alexander de Croo, para dar luz verde al plan belga de recuperación pospandemia.
La jefa del Ejecutivo comunitario afirmó que ha encargado a los comisarios responsables de estos asuntos que envíen una carta a las autoridades húngaras para expresar las “preocupaciones legales” que les genera esta normativa.
Para Von der Leyen, la ley es una “vergüenza”, por lo que ha prometido este miércoles que usará “todo el poder de la Comisión” para proteger los derechos fundamentales.
El Gobierno de Hungría responde
El Gobierno de Hungría ha respondido a las críticas de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, a la ley con la que se quiere limitar el acceso de los niños a información o contenido LGTBI y ha sentenciado que lo que es una “vergüenza” son sus declaraciones.
Para Von der Leyen, la ley es una “vergüenza”, por lo que ha prometido este miércoles que usará “todo el poder de la Comisión” para proteger los derechos fundamentales. “Discrimina claramente a la gente en base a su orientación sexual y va en contra de todos los valores fundamentales de la Unión Europea. No vamos a ceder en estos principios”, ha declarado.
La respuesta del Ejecutivo de Viktor Orban ha llegado en forma de un comunicado: “La declaración de la presidenta de la Comisión Europea es una vergüenza porque se basa en acusaciones falsas”. Así, ha cuestionado que Von der Leyen haga pública “una opinión política sesgada” sin haber llevado a cabo antes una “investigación imparcial”.
Budapest considera que la ley de “protección” de la infancia queda englobada dentro de la Carta de Derechos Fundamentales” del bloque, entendiendo que “protege los derechos de los niños, garantiza los derechos de los padres y no afecta a los derechos de orientación sexual de los mayores de 18 años”. “No contiene elementos discriminatorios”, ha apostillado el Ejecutivo de Orban.
El primer ministro ha defendido la ley aprobada la semana pasada por el Parlamento mediante comparaciones históricas, señalando en una entrevista a la agencia de noticias DPA que “en la Hungría comunista los homosexuales eran perseguidos”.
“Ahora, el Estado no solo garantiza los derechos de los homosexuales sino que los protege de forma activa”, ha afirmado, antes de destacar que “la libertad del individuo es el mayor bien”.
En este sentido, ha señalado que cada persona debe “incuestionablemente” elegir libremente su camino en la vida, pero ha matizado que “la educación de los niños debe realizarse en casa”.
La reforma húngara impone castigos más duros contra la pedofilia, aunque los aspectos que más polémica han generado tienen que ver con la supuesta protección de la infancia, en la medida en que prohíbe charlas sobre homosexualidad en centros educativos y veta la emisión de contenido audiovisual que incluya temática LGTBI en televisión.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
