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Denuncian a Leo Messi por un presunto delito de estafa y blanqueo a través de su Fundación
El jugador del FC Barcelona Leo Messi ha sido denunciado en la Audiencia Nacional, junto a su padre Jorge Horacio Messi y su hermano Rodrigo Messi y la Fundación Leo Messi, por parte del exempleado de la fundación Federico Rettori, por presunto delitos de estafa y blanqueo de capitales a través de la fundación.
En una denuncia a la que ha tenido acceso Europa Press y que está a la espera de ser admitida o no a trámite por una sala de la Audiencia Nacional, Rettori asegura que Leo Messi y su entorno se habría beneficiado de la Fundación para recibir pagos personales que no fueron destinados a fines sociales y librarse así de pagar impuestos a Hacienda.
«Fondos que originalmente debían ser destinados a acciones sociales fueron desviados a otro tipo de actividades privadas o cuentas distintas a las declaradas por dicha fundación», denuncia Rettori, trabajador de la Fundación entre 2012 y 2015. De ahí que la denuncia sea por los «presuntos delitos contra la Hacienda Pública, delitos contables, estafa y blanqueo de capitales» conforme a varios hechos. Entre ellos, el denunciante asegura que la Fundación Leo Messi «nunca se inscribe en el Registro Catalán de Fundaciones» y que ello conlleva que todos estos años «operó sin ningún tipo de control ni rendición de cuentas en ningún organismo oficial».
Hasta que en 2013 sí se dieron de alta, antes de que saliera a la luz el caso por el que Leo Messi fue, a nivel particular junto a su padre, condenado finalmente a pagar más de 2 millones de euros por tres delitos fiscales. También asegura en la denuncia que el futbolista y su club, el FC Barcelona, habría utilizado la Fundación Leo Messi para beneficiarse de no tener que pagar impuestos. «Todos esos años la Fundación Leo Messi recibió dinero del FC Barcelona como donaciones. Para recibir donaciones la Fundación Messi debería haber estado inscrita (en el Registro)», argumenta el denunciante.
«Utilizó beneficios fiscales que legalmente no le correspondían, lo que le permitió al FC Barcelona y a la Fundación ahorrar varios millones de euros en pago de impuestos. El club obtenía deducciones fiscales del 35 % del impuesto de sociedades y Messi evitaba pagar el 45 % del impuesto de la renta física de las personas ya que las organizaciones civiles con un fin benéfico no pagan impuestos por las donaciones que reciben», define.
Rettori desgrana varios movimientos e ingresos en la Fundación que no tienen justificante ni acciones sociales asociadas, y aporta prueba de ello en la denuncia. «Los gastos totales en esos 5 años son exageradamente altísimos para una fundación con una sola empleada y sin atención al público, de lo que se deduce su actividad ficticia y que opera como una pantalla para ocultar los ingresos de los denunciados», asegura.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
