Sucesos
Detenido en Venezuela un exmilitar por un triple crimen cometido en Madrid en 2016
La Policía venezolana ha detenido en ese país a Dahud H.O., un exmilitar estadounidense de origen venezolano de 50 años buscado por Interpol como presunto autor del triple asesinato de dos mujeres cubanas y un taxista ecuatoriano en un despacho de abogados del barrio de Usera en Madrid en 2016.
El diario venezolano «El nacional» informó de la detención el pasado 20 de octubre, varias semanas después de que Dahud H.O., un exoficial de la marina estadounidense, fuera arrestado el 3 de octubre por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana en un apartamento de Ciudad Guayana.
Su detención se produjo por otra investigación de la policía venezolana que le relacionaba con otro delito, si bien una vez arrestado los agentes constataron que tenía en vigor una orden de búsqueda y captura por Interpol.
Fuentes policiales consultadas por Efe aseguran que de momento la Policía española que llevó la investigación del caso no ha sido informada oficialmente de esta detención, si bien reconocen que esta persona estaba identificada desde hace mucho tiempo y tenía una orden internacional de busca y captura.
El crimen conmocionó el 22 de junio de 2016 al distrito de Usera, un barrio madrileño en el que vive una importante colonia de ciudadanos latinoamericanos y chinos, cuando en torno a las cinco de la tarde un hombre irrumpió en un despacho de abogados situado en el primer piso del número 40 de la calle de Marcelo Usera preguntando por el dueño del bufete, Víctor Joel S.C., un exfiscal peruano.
Víctor Joel no se encontraba en ese momento en el bufete. Fuentes de la investigación aseguraron entonces a Efe que una de las trabajadoras asesinadas -la secretaría y una abogada- llegó a avisar al exfiscal de que un «hombre raro» preguntaba por él.
Después de esa llamada, el ahora detenido en Venezuela mató a las tres personas que sí estaban en el despacho.
El primero, un hombre ecuatoriano, nacido en 1973 que había ido simplemente a recoger unos papeles y que yacía muerto con un golpe en la cabeza por una barra de hierro o palanqueta que se encontraba en el despacho.
Las otras dos asesinadas fueron María O.R., cubana de 46 años, a quien sus familiares y vecinos llamaban Maritza, que repartía publicidad desde hace cuatro años en el despacho y que acababa de terminar la carrera, y Elisa C.G, también cubana. Una tenía un golpe en la cabeza y la otra fue acuchillada en el cuello. Ambas estaban parcialmente quemadas.
Y es que en el despacho los agentes encontraron restos de gasolina con la que el autor del crimen pretendía dificultar las investigaciones una vez se hallaran los cuerpos, algo que sucedió muy pronto pues varios vecinos alertaron del humo a los servicios de emergencias.
Aunque se barajaron muchas hipótesis sobre el móvil del crimen, como el ajuste de cuentas por algún asunto judicial que había llevado el bufete, pronto los agentes de Homicidios apuntaron que eran más motivos personales y pasionales que profesionales los que estaban detrás del triple asesinato.
Fuentes policiales que investigaron el crimen señalaron entonces a Efe que el detenido residía en Alemania con su mujer y que descubrió que había tenido una aventura con el dueño del bufete durante una estancia de ella en Madrid, por lo que vino a buscarle para vengarse.
Con esta información policial el juzgado de instrucción número 41 de Madrid determinó instruir una comisión rogatoria a Alemania para ayudar a esclarecer el caso, una colaboración que concluyó que Dahud H.O. era presuntamente el asesino del triple crimen de Usera y que se encontraba huido.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
