Sucesos
Un ferry de pasajeros en Canarias choca con otra embarcación y tres pasajeros caen al mar
Salvamento Marítimo ha rescatado a tres personas del mar con heridas leves tras un accidente entre un ferry rápido de Naviera Armas y una embarcación de recreo a unos nueve kilómetros de Bañaderos, en el norte de Gran Canaria, han informado fuentes de la sociedad pública.
El accidente se ha producido sobre las 16.30 horas, mientras el ferry Alborán cubría su ruta regular entre los puertos de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, y los tres afectados han sido evacuados en helicóptero al Hospital Dr. Negrín.
El ferry, un catamarán de alta velocidad, llevaba en esos momentos a bordo 129 pasajeros y 21 tripulantes, ninguno de los cuales ha sufrido daños en la colisión.
En este momento no está claro cómo se produjo el accidente. De hecho, Salvamento Marítimo ha indicado que, en un principio, la tripulación del Alborán creía haber chocado con un contenedor.
Un portavoz de Armas ha explicado que el capitán del ferry asegura que él vio en el agua restos flotando cuando ya no tenía capacidad de maniobrar (este tipo de catamaranes desarrollan en ruta hasta 38 nudos, 70 km/h), que los pasó por encima y que fue después cuando sintió un golpe en el casco y vio a los náufragos flotando.
Tras recibirse la alerta, se han dirigido al lugar dos helicópteros, uno de Salvamento Marítimo y otro del Gobierno canario, y tres embarcaciones, la Salvamar Nunki y el buque Miguel de Cervantes, de Salvamento, y una patrullera de la Guardia Civil.
El primer helicóptero en llegar, el Helimer 202, observó a tres personas, dos flotando en el agua y una agarrada a los restos de la embarcación contra la que chocó el ferry Alborán.
Los tres rescatados han confirmado a los servicios de emergencia que solo ellos tres viajaban en la embarcación, precisa el 112.
Los heridos son tres varones. Uno de ellos presenta heridas leves, otro un cuadro de hipotermia, también leve, y el tercero ha salido del accidente sin daño alguno.
Tras la colisión, el ferry Alborán ha regresado al puerto de Las Palmas de Gran Canaria con todos sus ocupantes.
Solo uno de ellos ha requerido atención médica; en concreto, una mujer con una crisis de ansiedad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
