Sucesos
Dos marroquíes detenidos por intentar degollar a un trabajador que defendió a la esposa del dueño de su empresa
La Policía Nacional ha informado a través de un comunicado de que agentes del municipio mallorquín de Manacor han colaborado en la detención de dos hermanos, de origen marroquí, que se habían dado a la fuga tras intentar degollar a un trabajador de un lavadero de coches ubicado en dicha localidad. Se les imputa a ambos sospechosos un delito de homicidio en grado de tentativa y otro de amenazas graves.
Los hechos ocurrieron en un local de lavado de vehículos situado en Manacor. Un exempleado de la empresa, junto con su hermano, se presentó en la mism apara exigir su readmisión. En aquel momento el dueño del establecimiento no se encontraba en el lugar, sólo su esposa. El citado exempleado, que había sido despedido recientemente, llamó entonces al propietario del negocio a través de su teléfono móvil y le profirió amenazas de muerte.
Según informa ABC, instantes después tuvo lugar una discusión entre el extrabajador y la esposa del dueño del local a causa del citado despido. Los empleados de la empresa salieron entonces en defensa de la mujer. En ese momento se inició una disputa que comenzó con puñetazos y acabó en delito de sangre, «ya que uno de los trabajadores sufrió un corte en el cuello de 15 centímetros de largo y 1,5 de profundidad, que, a tenor de la zona vital a la que se dirigió, tenía como fin ocasionarle la muerte». Según señala el comunicado policial, «uno de los hermanos sujetó a la víctima por la espalda mientras el otro hacía uso del cúter, del que se deshizo inmediatamente para emprender la huida». La víctima fue atendida de inmediato en el mismo local y trasladada a continuación al Hospital de Manacor, en donde ingresó en estado grave.
Los dos sospechosos habían acudido al lavadero no sólo con un cúter, sino también con una pistola con características externas similares a las armas de fuego. Dicha pistola la portaban oculta entre sus pertenencias. Ambos hermanos ya habían cometido un reciente robo con violencia en Manacor empleando igualmente el método citado, «puesto que uno de los hermanos agarró a la víctima por la espalda para propiciar que el segundo pudiese golpearla y hacerse con su teléfono móvil».
Con el fin de detener a los dos autores de la agresión producida en el lavadero, la Policía Nacional y la Guardia Civil colaboraron en el establecimiento de un dispositivo de localización que fructificó cuatro días después, con el arresto de los dos hermanos. Ambos son conocidos delincuentes en la zona de Manacor. De hecho, entre los dos suman más de 30 detenciones, de las que 21 lo son por delitos en los que emplearon la violencia contra las personas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
