Sucesos
Una niña de 13 años, en estado grave tras una presunta agresión sexual en Barcelona
Los Mossos d’Esquadra han detenido este viernes en Barcelona a un menor de 15 años acusado de agredir sexualmente a un niña de 13 a la que supuestamente propinó un fuerte golpe en la cabeza y que se encuentra ingresada en el Hospital Vall d’Hebron en estado grave, según han confirmado a Efe fuentes de la policía catalana.
Según publica El Periódico de Catalunya, los hechos tuvieron lugar el viernes, hacia las 19 horas, en el lavabo del aparcamiento de un centro comercial de Can Dragó, en el distrito barcelonés de Nou Barris, cuando los trabajadores de este centro comercial detectaron la presencia de los dos menores en los baños del aparcamiento subterráneo situado bajo los grandes almacenes.
El personal del centro avisó a los Mossos y al Sistema de Emergencias Médicas (SEM), que atendió primero a la chica, de 13 años, que estaba inconsciente, al igual que el presunto agresor, al parecer por un elevado consumo de alcohol.
La chica, según el SEM, presentaba un fuerte golpe en la cabeza y hematomas en el cuello, y por ello fue evacuada al hospital del Vall d’Hebron, donde quedó ingresada en estado grave.
Fuentes de este hospital han informado a Efe de que la menor continúa en estado grave, aunque evoluciona favorablemente.
Los mossos detuvieron al chico, de 15 años, como sospechoso, y tras recuperar la conciencia prestó declaración ante la policía y reconoció únicamente haber mantenido relaciones sexuales con la chica.
Los Mossos, que han confirmado que mantienen una investigación en marcha por presunta violación, no han podido confirmar a Efe si el detenido ha pasado ya a disposición de la Fiscalía de Menores.
Can Dragó, en el distrito de Nou Barris pero fronterizo con Sant Andreu, es una zona con profusión de pandilleros y un núcleo de narcotráfico en los bloques conocidos como ‘el Bronx’.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
