Sociedad
El antiguo Condado de Barcelona, hoy la región conocida por Cataluña, es un lugar para morirse: La Generalidad presume de eutanasia y comunica que ha realizado 60 en un año
La secretaria general de la Consejería de Salud de la Generalitat, Meritxell Masó, ha explicado que 137 catalanes han solicitado la eutanasia desde el despliegue de la ley hace un año, de las que 78 se han aprobado y 60 ya se han realizado.
Lo ha dicho este viernes en la rueda de prensa de balance del primer año desde el despliegue de la ley junto al consejero de Salud de la Generalitat, Josep Maria Argimon, que ha asegurado que el número «probablemente crecerá» en los próximos años.
Se ha conocido que las patologías más frecuentes para solicitar la eutanasia son, con diferencia, las enfermedades neurológicas, tanto neurodegenerativas como parálisis o demencias. Le siguen las enfermedades oncológicas con mal pronóstico o los casos de multimorbilidad.
El consejero ha agregado que el despliegue de la eutanasia es «un paso hacía adelante en una sociedad catalana que tiene una larga tradición de respetar el derecho a morir dignamente».
La mayoría de la comunidad médica se opone
Buena parte de la comunidad médica continúa recordando que la demanda de eutanasia «es mínima o nula cuando el paciente es atendido por un equipo de profesionales expertos». Uno de los más críticos es el presidente del Colegio de Médicos de Madrid, Manuel Martínez-Sellés, que define la eutanasia como «el acto que se comete cuando un paciente está sufriendo y alguien decide acabar con su vida para terminar con ese sufrimiento».
«En el caso de España se está intentando vender la eutanasia como una política de izquierdas o progresista, cuando es todo lo contrario porque la eutanasia es particularmente peligrosa para personas o pacientes que estén en una situación débil, tanto del punto de vista clínico pero también desde aspectos socioeconómicos», afirmó el pasado mes de diciembre en una conferencia en la UCAV.
Así, aseveró que la alternativa a la eutanasia pasa por los cuidados paliativos integrales de manera que, a través de estos, se permita «aliviar el dolor del paciente (…), el sufrimiento psicosocial y espiritual».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
