Opinión
El artículo 22 de la Constitución
Reza este artículo, tras reconocer el derecho de asociación en su punto 1:
- Las asociaciones (léase sociedades anónimas, limitadas, comanditarias por acciones, sindicatos, partidos políticos, etc.) que persigan fines o utilicen medios tipificados como delito son ilegales.
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Las asociaciones (léase sociedades anónimas, limitadas, comanditarias por acciones, sindicatos, partidos políticos, etc.) sólo podrán ser disueltas o suspendidas en sus actividades en virtud de resolución judicial motivada.
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Se prohíben las asociaciones secretas (léase masonería, etc.) y las de carácter paramilitar (léase comités de defensa de repúblicas imaginarias, etc.)
Como expresa el artículo 6, “los partidos, su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley”.
De no ser así, denúnciense debidamente por quien o quienes tienen capacidad para ello y díganlo los tribunales, y disuélvanse o suspéndanse por ellos sus actividades, en virtud de resolución judicial motivada, a tenor de lo que establece el artículo 22 de la Constitución.
No seamos pacatos, ni admitamos la funesta lenidad, que termina -como las termitas- con el estado de derecho. Todo ello con la independencia marchenera que proceda, así como del lugar de inhumación que se disponga por quién proceda y a su arbitrio. Faltaría más.
El artículo 162 dispone, además, que están legitimados para interponer recurso de inconstitucionalidad, no solo el Presidente del gobierno y el Defensor del pueblo, sino un mínimo de 50 diputados, entre otros varios, que es el actual caso de Vox con 52.
Vista la resolución del parlamento europeo de 18-09-19 (con 535 votos a favor en un parlamento de 751 miembros electos, 66 en contra –posiblemente comunistas en estado de crisálida, de ninfa o de pupa, a saber- y 52 abstenciones -que bien podrían ser las del PP de Ana Pastor o del de Suarez Illana- del total de 653 comparecientes, que supone un 82%), en la que se condenan expresamente los horribles e innúmeros crímenes cometidos por los comunistas en toda Europa sin excepción. Hay que agradecer esta memoria histórica a las naciones que se vieron beneficiadas por el comunismo-leninismo desde 1917 a 1989 del siglo pasado, y que aún se escuecen de tanta bondad y progresía bolivariana. Ignoro cuantas comidas hacían al día.
Documento oficial este, con rango normativo indirecto, que apenas ha tenido eco en la prensa española, ni en el PP de nuevo cuño, salvo en los medios de la ultraizquierda blanqueadora –v.g. el panfleto comunista Público, a cuyo director le pone de los nervios semejante infundio- no por ello deja de suponer un aviso a navegantes, para promover tanto la revisión –pura memoria histórica europea, fácilmente comprensible a los que se traen la brasa de la memoria histórica en España, que quieren cambiar el curso de la victoria del 39 sobre Stalin –desde su acondroplaxia bracicorta- y no por ello menos importante para cerrar el círculo democrático en esta España.
Círculo este al que se refería el doctor Sánchez recientemente, con motivo de despertar a Franco -para su mal- y que debe suponer –en pura justicia distributiva y reparadora, que sin duda promoverá Vox, para obtener otra morterada de votos y escaños- el cese, aireo y reposición a la casilla de salida, de tantos homenajes, calles, costanillas y plazuelas, e incluso monumentos en la Castellana –como el del escayolista leninista, Largo- a asesinos, chekistas, etarras y otras hierbas aromáticas que proliferan en nuestra tierra impunemente, así como la disolución, salida o expulsión de estos partidos de aquellas instituciones democráticas en las que puedan estar traspapelados o colados, partidos, digo, o asociaciones cuyo objeto y fin -bien mirado, por supuesto- se parezca a algo que atente a la unidad y perfil de España, tal como se expresan en los artículos 1, 2 y 3 de nuestra constitución en vigor, a la que tan hábilmente se agarra ahora el Pablo Manuel de los demonios.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
