Opinión
Miguel Bernad gana la primera de las grandes batallas judiciales contra las cloacas del Estado
Las cloacas del Estado que tienen nombre y apellido, se conjuraron en el año 2012, para exterminar a la organización Manos Limpias, símbolo y referente de la lucha contra la corrupción.
Las cloacas del Estado, se movilizan a raíz de la querella contra el matrimonio Urdangarín. La Casa Real, no podía consentir que un miembro de la misma, se sentara en el banquillo de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca.
Había que acabar con una organización, Manos Limpias, y para ello se utiliza a lo que se conoce como cloacas del Estado. Se utiliza un miembro corrupto de la UDEF, para presentar ante la Fiscalía de Delitos Económicos una denuncia por blanqueo de capitales, contra el Secretario General de Manos Limpias.
Esta falsa denuncia la asume el Ministerio Fiscal para transformarla en un delito de apropiación indebida por parte de Miguel Bernad.
Después de una impresentable instrucción, donde se negaron derechos fundamentales y derechos procesales, la Audiencia Provincial de Madrid, antes de la celebración del juicio oral que estaba señalado para el día 17/12/2019, dicta un Auto de sobreseimiento donde la acusación del Ministerio Publico y una acusación popular espuria, han quedado reflejadas como participes (con imprudencia grave) de la acusación “cocinada” por las cloacas del Estado.
Casi cuatro años de cárcel y una sanción de 117.000€ que solicitaban para Miguel Bernad han quedado frustradas por un Auto de la Audiencia Provincial de Madrid que regenera la credibilidad de un poder judicial que todavía cuenta con magistrados honestos, independientes, y profesionales.
Miguel Bernad se enfrentará a partir de finales del mes de enero de 2020 a otro proceso judicial cocinado por las cloacas del Estado, donde se le acusa de extorsiones y se le pide 24 años de cárcel.
Esa batalla, ya anuncio que pese a las presiones del Régimen del 78, será la última y definitiva victoria contra las cloacas del Estado y el nuevo amanecer de una Organización como Manos Limpias, único referente en España de la lucha contra la corrupción.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
