Opinión
El coronel de La Legión Enrique de Vivero, en «Buenos días, España»: «El ‘lobby gay’ busca subvenciones y ayudas sin tener que trabajar»
El coronel de La Legión Enrique de Vivero ha pasado un viernes más por los micrófonos de «Buenos días, España», el programa de Radio Cadena Española que conduce y dirige Santiago Fontenla, donde defendió la postura de Vox con respecto al Ingreso Mínimo Vital (IMV). «Vox estaba de acuerdo con la ayuda, pero condicionada a un horizonte temporal y a una contraprestación laboral. El IMV no puede ser una prestación vitalicia ni puede convertirse en una pensión anticipada», defendió el coronel de Vivero
.
Advirtió que el Ingreso Mínimo Vital provocaría más economía sumergida. «Volverá a aflorar el dinero negro, ya que habrá personas que además de cobrar la ayuda realizarán trabajos sin declarar esos ingresos al fisco», dijo.
En «Buenos días, España» también se abordó el comunicado de una treintena de organizaciones y colectivos LGTBI reclama una Renta Básica al Gobierno para que cubra las necesidades del colectivo tras la pandemia del coronavirus. La idea que defienden estos colectivos es «una Renta Básica con perspectiva de género», tal y como reclama el movimiento feminista.
Esta prestación que demanda el colectivo LGTBI en España, tendría como finalidad un acceso a la renta básica con la condición de ser homosexual.
Enrique de Vivero no se anduvo por las ramas: «Lo que busca el ‘lobby gay’ es conseguir subvenciones y ayudas sin tener que trabajar. Todas estas ayudas y subvenciones lo único que consiguen es un aumento de impuestos para las personas que trabajan, que cada vez son menos.
El problema no es el homosexual o la lesbiana, que son conductas igual de respetables que las de los heterosexuales; el problema es el grupo de presión, ese lobby LGTBI que utiliza a estas personas para conseguir subvenciones para estas asociaciones, subvenciones que pagamos todos y gastan ellos según sus intereses», subrayó.
«Cuando salgo a la calle no me dedico a anunciar si soy heterosexual o si me acuesto con mi mujer todos los días», apostilló el coronel de La Legión.
También se refirió al cambio de los objetivos políticos de la izquierda desde la caída del muro de Berlín. «A la izquierda, en particular a la española, se le acabó hace tiempo lo de la lucha de clases y la defensa del obrero. Ahora busca otros territorios donde captar votos y lo que hace es enfrentar a homosexuales y lesbianas con heterosexuales, lo que hace es enfrentar a blancos con personas de color, a hombres contra mujeres, a creyentes contra no creyentes. La izquierda busca el enfrentamiento en la sociedad, ya que no tiene otra bandera que enarbolar», lamentó.
Para ilustrar la elasticidad moral de la izquierda se refirió a las «burlas y mofas» de algunos de sus representantes contra las personas de raza negra que pertenecen a Vox.
También subrayó que el partido de Abascal fue el primero que impulsó la causa contra los independentistas catalanes y defendió la centralización de las competencias en materia penitenciaria «para no depender del color político del partido que gobierna en esa comunidad», lo que a su juicio provoca «desigualdad entre los españoles, lo que va en contra de la Constitución».
«El magistrado Manuel Marchena, al que tengo en alta estima y que es hijo de un capitán legionario que tuve el gusto de conocer y tratar en el Sahara, cuando yo era teniente en el Tercer Tercio de La Legión, no sé atrevió a aplicar el artículo 36.2 del Código Penal, que habría obligado a los condenados a cumplir la mitad de la condena antes de acceder al tercer grado. Desconozco cuáles fueron las razones por las que no se aplicó el citado artículo», manifestó por último el coronel de Vivero.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
