Sucesos
El Covid-19, ¿en manos del ejército chino?
Mil21.- Parece una realidad que el coronavirus fuese creado en un laboratorio de Wuhan, en concreto, en el laboratorio de bioseguridad nivel 4. Sin embargo, hay que recordar que este complejo no fue desarrollado solo por científicos chinos, ya que también colaboraron franceses y estadounidenses.
Esto ha sido respaldado por una ingente cantidad de documentación revelados por el científico Joseph Tritto, presidente del WABT (World Academy of Biomedical Sciences and Technologies), una institución situada en París, fundada en 1997 con el patrocinio de la UNESCO.
El profesor, de 68 años, es el autor del citado libro, en cuyas 272 páginas relata los orígenes del virus: Comienza con el intento de China de terminar con el SARS, insertando genomas del HIV en los organismos y agregando elementos de coronavirus descubiertos en murciélagos “de herradura” a través de un método llamado “reverse genetics system 2”.
Tal y como desvela Asianews, la responsable de estos experimentos sería la profesora Shi Zheng Li, directora del laboratorio de Wuhan, un que centro ha contado con la ayuda del gobierno francés y del Instituto Pasteur, aunque también han colaborado algunos científicos estadounidenses, como Ralph S. Baric, de la Universidad de Carolina del Norte, e incluso han recibido fondos de EEUU orientados al desarrollo (USAID).
Según Tritto, en su origen las investigaciones se orientaban a combatir las enfermedades, pero poco a poco se transformaron en estudios de bioingeniería para fabricar armas biológicas letales, pasando a ser el laboratorio de Wuhan con más fondos de toda China, bajo el control directo de la Academia de Ciencias y del mismísimo gobierno chino.
Según Tritto, “es probable que la Profesora Shi Zheng-Li no tuviera ningún interés en trabajar para objetivos militares o de otro tipo, a menos de que se viera obligada a ello. Nadie duda de su buena fe”.
El libro detalla además la situación de la Organización Mundial de la Salud, señalada como “un títere” del gobierno de Beijing. Por último, y entre otras muchas reseñas de interés, se insta a establecer normativas mundiales que regulen la investigación sobre las ‘quimeras’ o la creación de este tipo de laboratorios, el funcionamiento de estos centros de seguridad Nivel-4, y los lazos que existen con militares y civiles, algo que obligaría a las primeras potencias mundiales a suscribirse a la Convención sobre armas biológicas y tóxicas que permita que no pasen este tipo de situaciones, que en esta ocasión ha asolado el mundo con cientos de miles de muertos y millones de infectados.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
